Zuckerberg se acojona

Mark Zuckerberg.
Mark Zuckerberg.

Una pasta gansa es lo que acaba de soltar uno de los creadores de Facebook, Mark Zuckerberg, en comprar Whatsapp. El montante total puede ascender hasta alcanzar los casi 19.000 millones de dólares. Cuando un patio de porteras como es Facebook desembolsa semejante cantidad de ceros por, recordémoslo, una simple aplicación, quiere decir dos cosas: O nos encontramos ante un temerario o ante un tipo que está acojonado. Me inclino por esta segunda opción.

Zuckerberg es un personaje que no es un gurú, ni un visionario, por mucho que algunos pretendan hacernos creer lo contrario. Le falta mucha categoría para llegar al nivel de Steve Jobs o de Bill Gates, por poner sólo algunos ejemplos. Más bien parece un niño caprichoso que, sí, ha tenido mucho éxito con una idea que no fue exclusivamente suya, y que en los últimos años parece estar en declive.

Porque Facebook sólo es un juguete. Y de los juguetes, al final, te acabas cansando. No es más que un entretenimiento barato que ha perdido su principal valor: la novedad. Una novedad que se inició en una era que ya ha muerto, la del PC, y que permitía conocer qué era de  aquel exnovio que tuviste en tu adolescencia, qué fue de esa amiga íntima de la infancia o en qué ha acabado la vida del niño repollo con el que tenías que compartir pupitre.

El mundo tecnológico siempre ha sido cambiante, pero en los últimos años, esos cambios se producen de una forma cada vez más rápida y acelerada y la realidad es que ahora todo pasa por el mundo móvil y lo que queremos es información breve, concisa y al instante. Y en eso Facebook no es ágil, porque la gente ha pasado de compartir sus cosas allí a hacerlo en los grupos de Whatsapp y porque prefiere lanzar emojis en lugar de darle al “me gusta”.

Por eso, y como han puesto de manifiesto numerosos estudios, empieza a no interesar. Sobre todo a las nuevas generaciones de jóvenes. Porque al final, acabas cansado de los gustos de ese amigo tuyo que nunca lo fue y que se encuentran en las antípodas de los tuyos y porque estás hasta las narices de las cosas que comparte la maruja de tu vecina. Y al final, poco a poco, vas abandonando al niñato de Zuckerberg.

Es aquí donde al pseudo gurú le entra el pánico (y se acojona). Y como no quiere que esa tremenda base de datos que maneja a su antojo se le reduzca, hace como algunos de los usuarios de twitter: comprar seguidores. Y comprarlos al precio que sea: Primero fue Instagram y ahora lo hace con Whatsapp, una empresa con más de 400 millones de usuarios en todo el mundo que pasamos a engrosar las bases de datos del niñato de White Plains.

Conviene recordar algunas claves del éxito de Whatsapp: Sus creadores se han cansado de repetir que no venden publicidad (y por eso cobran ese simbólico euro por poder utilizar la app) y que no quieren convertirse en una red social. ¿Qué sucederá a partir de ahora? Pues, en mi caso, que no estoy ni voy a estar en Facebook, voy a empezar a probar otros servicios de mensajería como Telegram que de momento ya me acabo de instalar. Cuando la mayoría de mis colegas y familiares (salvo aquellos que tienen un iphone de primera generación y no quieren cambiarlo a pesar de que no se puedan instalar determinadas apps) se encuentren allí o en cualquier otro como Line, mi relación con Whatsapp habrá finalizado. Porque si sigo haciéndolo, lo más probable es que Zuckerberg me acabe por vender todo tipo de publicidad o lo que es peor, decida en un momento dado, que yo, como usuario de Whatsapp, tenga que aceptar un acuerdo de utilización similar al que hay en Facebook: “nos concedes una licencia no exclusiva, transferible, con derechos de sublicencia, libre de derechos de autor, aplicable globalmente, para utilizar cualquier contenido de PI que publiques en Whatsapp o en conexión con Whatsapp (en adelante, “licencia de PI”)”.  Porque Zuckerberg, poco a poco, se está convirtiendo en Sauron y sólo le falta añadir aquello de “una red para gobernarlos a todos”. Pues lo siento: no me da la gana.

Ahora bien. Me va a gustar ver la reacción de todos aquellos que se quejaban de que tenían que pagar ¡un euro al año! cuando el amigo Zuckerberg les empiece a lanzar mensajes personalizados y publicitarios a través del Whatsapp. Claro que si ese euro lo deja de cobrar, estoy seguro de que al personal le va a dar igual compartir tu intimidad con el maldito Zuckerberg.

El vídeo musical de hoy corre a cargo de Kasabian, una banda indie británica aparecida en la pasada década que bebe de la influencia de grupos del denominado sonido Manchester como The Stone Roses.

Mamá: papá es un hooligan

Los padres crean niños hooligan
Los padres crean niños hooligan

En las últimas semanas estamos viendo como los estadios de fútbol están llenos de cafres. En realidad, sólo nos enteramos de actos de estas características cuando afecta a equipos de primera división, o si en campos de divisiones inferiores ha habido algún herido por culpa de algún descerebrado. Basta con indagar un poco en las redes sociales para descubrir que la violencia en el fútbol está a la orden del día: que si el entrenador de un equipo infantil no pone la alineación adecuada, que si el árbitro de preferentees un inútil, que si un niño está gordo,… En fin, toda una serie de epítetos que demuestran la gran dosis de educación que tiene este país.

Lo extraño de todo es que la gente se sorprenda porque un “tarao” lance un bote de cerveza lleno en el Santiago Bernabéu, otro tire un mechero a un jugador de fútbol en el Vicente Calderón o a un animal se le ocurra lanzar un bote de gas lacrimógeno en Villarreal. Porque el problema no radica sólo en estos lanzamientos o en las agresiones continuas que se producen a los árbitros o entre aficiones. A estos elementos va a ser ya difícil enderezarlos porque, seguramente, actos de similares características los han visto desde pequeños en sus casas (como he dicho, no hace falta más que darse una vuelta por las redes sociales para ver esta realidad).

Y es que, cada fin de semana miles de menores (a los que a menudo sobreprotegemos en exceso) escuchan por parte de sus padres (sí, suelen ser ellos no ellas) todo tipo de improperios y ven como aquellos que deberían ser los máximos responsables de la educación de estos menores se comportan como auténticos cavernícolas cuando su hijo se calza unas botas de fútbol. Pasaos por cualquier campo un sábado por la mañana y los descubriréis rápidamente. Responden a las siguientes características:

1.- Su hijo es Maradona: No, el problema no radica en que el pequeño se parezca a tantos otros que juegan al fútbol. El problema es que ningún entrenador ha sabido ver el potencial que destila el infante. Sólo él sabe de las posibilidades que tiene el niño de llegar a ser una estrella. Mira chico, no. Tu hijo no es Messi. Ni siquiera va a llegar a jugar en tercera división por mucho que le vayas moviendo por diferentes escuelas de fútbol porque como él hay miles y mejores que él, muchos más.

2.- El equipo lo componen su hijo, su hijo y su hijo: Los demás no cuentan. El niño es la megaestrella y por ello se le ve rojo colérico cada vez que el enano da un pase en vez de haberse regateado al equipo contrario él solito. Sólo se le oye gritar a él y, este dato es importante, sólo cuando el niño está en el campo: si en algún momento el chaval está chupando banquillo (porque “el entrenador no tiene ni puta idea”), el partido deja de ser interesante. Pues mira, lo que tienes que hacer es apuntarle a tenis o a natación, unos deportes donde prima el individualismo y en los que estoy seguro que el niño, como buen crack que es, despuntará sobremanera.

3.- El árbitro tiene una minusvalía psíquica o es un déspota: Claro, por eso está arbitrando a tu equipo los sábados. Tú eres el único inteligente y la única persona sobre la faz de la tierra que sabría arbitrar un partido de infantes, a pesar de que nunca te ha dado por ahí. Es más fácil gritar constantemente al de negro: que se entere bien en qué consiste un fuera de juego, que sepa qué es una falta y que aprenda que a veces, cuando el balón le da en la mano, en el caso de tu nene, siempre es involuntaria. Por supuesto, cualquier insulto tiene que oírlo muy bien y muy clarito tu niño, para así educarle en el respeto y en saber que las decisiones de los demás siempre tienen que favorecerle. Yo que tu compraría un megáfono, porque el chaval, si da la casualidad que está jugando en la banda opuesta, no te oye bien.

4.- No se sabe de dónde han sacado a esa “mierda-entrenador”. No es entendible, de verdad. ¿Qué es eso de sacar al niño del terreno de juego? Con lo estrella que es tu niño y la ingente cantidad de goles que lleva en el campeonato, ¿cómo le puede sustituir? Te lo explico: a lo mejor es que tu niño está cansado y necesita beber un trago de agua. Todos sabemos que tiene un disparo espectacular y una visión de juego que ni Xabi Alonso, pero chico, déjale que a lo mejor necesita beber un trago de agua. Claro, es más fácil echarle la culpa al entrenador, porque al igual que ocurre en el caso del árbitro, todavía nadie comprende qué haces en la banda de un campo de niños de mero espectador intransigente, en vez de estar entrenando al Real Madrid que es donde deberías estar. El problema es que no has alcanzado a entender que el entrenador, en estos casos, más que un entrenador es un educador.

Al final lo que sucede en estos casos es que las frustraciones de los mayores recaen sobre los pequeños, y lo que individuos de esta calaña no pudieron conseguir intentan por todos los medios que su hijos sí lo hagan, lo que al final redunda en que el chaval lo que aprende es mala educación y comportamiento violento, aparte de convertirse poco a poco en un ser egocéntrico.

Si lo que realmente queremos es que no ocurran cosas como las acaecidas estos últimos días en Villarreal o en Madrid en un campo de fútbol, tal vez deberíamos empezar por revisar el comportamiento de algunos “adultos” sacados de la caverna en estas edades tempranas en la que los niños lo absorben todo. Tal vez así mejoraríamos la educación en los estadios.

La música de hoy la pone Mano Negra y su canción Santa Maradona. El vídeo es descriptivo de todo lo que he hablado en este post.

El timo se llama Iberia

Fuente de la imagen: Iberia
Fuente de la imagen: Iberia

Últimamente a Iberia le ha dado por las tecnologías. No se sabe si es para desviar la atención sobre la situación de la empresa, para que no se hable del ERE que tiene en marcha o para tener contenta a la cúpula de British Airways, que es la empresa que va a desmantelar a la otrora compañía de bandera, pero la realidad es que en los últimos tiempos en vez de seguir hablando de estos aspectos y del maltrato que están sufriendo miles de trabajadores (desde pilotos, pasando por azafatas hasta empleados de tierra), los medios prestamos más atención a la obsesión que le ha entrado a la compañía por ser pionera en esto de la utilización de las TICs en los aviones. Así que desde este blog vamos a resumir todas ellas.

IB JFKBA JFK1.- Renovada página web: La semana pasada la compañía anunció una nueva página web. En principio parece más sencilla de utilizar que la anterior y el diseño se ha mejorado sensiblemente. Ahora bien, sigue adoleciendo de un fallo fundamental que ya tenía la antigua y que demuestra a las claras cómo Iberia dejó de ser Iberia hace tiempo y se ha convertido en el hermano pordiosero de BA: si compras un billete a través de esa web serás un auténtico gañán. Vete a la de British que en la de Iberia te saldrá más caro. A modo de ejemplo y como se puede ver en las imágenes superiores, ayer hice la búsqueda para comprar un billete de ida y vuelta a Nueva York. ¿Las fechas? La ida para el 4 de septiembre y la vuelta para el 11 del mismo mes. Y, ¡sorpresa! ¿qué es lo que sucede? Pues que con Iberia cuesta 801,72 euros y si lo hacemos con British Airways, 649,21 €. Es decir, dos marcas, pertenecientes al mismo grupo empresarial, IAG, tienen una diferencia de precio de nada menos 152,51 euros según se compre en una u otra web. Es más, los vuelos de British Airways incluyen escala obligatoria en Londres, con lo que debería ser más caro el coste del pasaje puesto que hay que coger cuatro vuelos. A British el queroseno le sale a precio de ganga si no, no se entiende semejante diferencia de precio. En realidad, me atrevo a pensar que los directivos lo achacarán, como casi siempre se hace en este país, a los elevados costes laborales y como queda muy bien, los pilotos serán los culpables de semejante situación. Y es que, como son una casta privilegiada lo que deberían hacer es apretarse el cinturón y ganar 1.000 euros al mes. Pues no, hombre. Que parece que levantar un pájaro de semejante tamaño y tener la responsabilidad de la vida de cientos de pasajeros es como poner ladrillos y no: eso se tiene que pagar. Y se tiene que hacer con una muy buena remuneración.

2.- WiFi en los aviones: Y todos tan contentos. ¡Qué bien! ¡Qué alegría, qué alboroto! Ya podemos estar dándole al Whatsapp en el avión o viendo el partido de la Champions mientras estamos en pleno vuelo. Pues sí, lo podrás hacer pero a precio de ibérico pata negra, como todo lo que suena a Iberia. La antigua compañía de bandera cobrará 5 euracos por cada cinco megas. No, no te equivoques, no hablamos de megas de velocidad, sino de tráfico. Puesto en cristiano esto quiere decir que por esos cinco euros no te podrás descargar el PDF que te ha enviado tu jefe y que tiene unas 50 páginas. Ojo, avisa a tus colegas de que en periodo de vuelo no te manden vídeos a través del Whatsapp: la mierda de bocata de jamón con una sola loncha que te sirven en el avión (y que también pagas a precio de onza de oro) es muchísimo más barata. Y es que en Iberia dan siempre en el clavo. Si hubieran sido los primeros en sacar este servicio, se puede entender. Pero no, Mari. Lufthansa ya lo ofrece en algunos de sus vuelos a un precio de 9,50 euros la hora, sin límites de descarga ni nada por el estilo. Es todo un ejemplo de cómo se debe dirigir una compañía mal, a no ser claro, que lo que se pretenda sea hundirla.

3.- Facebook y Twitter: esto último se le ha debido pasar por la cabeza a una mente en calamitoso estado. A este/a iluminado/a  se le ha ocurrido que, ya que existe mucha gente enganchada al Facebook y Twitter, va a empezar a sentar a los pasajeros juntitos y basándose en afinidades gracias a estas redes sociales. Claro, como tienen 1,3 millones de seguidores se creen que el personal lo hace porque les apasiona Iberia. Pues no. La gente, al menos en Twitter que es donde yo estoy, os sigue para poneros a caldo, para quejarse de vuestros constantes retrasos y para que les informéis sobre por qué habéis suprimido algunas rutas. Los del Facebook, como buen patio de porteras que es, a lo mejor os siguen por algún sorteo que hagáis. ¿Quién os ha dicho que nos queremos sentar con alguien afín a nuestro lado? A mi me encanta Franz Ferdinand pero no quiero que a mi lado me pongáis al friki de turno que se pase hablándome las dos horas de vuelo sobre lo maravilloso que es el grupo escocés. Yo me meto un avión y mi personalidad muta: me convierto en un ser asocial y no quiero que el señor o la señora de al lado me de la brasa por mucho que el tema del que quiera hablar sea muy interesante. No, yo cojo siempre ventana para que no me den el coñazo con constantes salidas al baño y para poder dormir una siesta apoyado en la pared del avión. Y quiero que me dejen a mi rollo con mi música, mis libros y mis mandangas.

Sí, soy un tipo raro y por eso lo mejor de Iberia para mí son sus azafatas: bordes, con cara de vinagre, hartas de ese señor que se pasa todo el vuelo pulsando el botón de llamada al auxiliar de vuelo. Unas tipas secas y rancias que sólo se preocupan por el pasajero que realmente lo necesita. Nada que ver con las azafatas de compañías americanas que siempre tienen la sonrisa Profidén en la boca y que te marean constantemente con su oferta de zumos de tomate. Yo en un avión quiero que no me den el tostón y eso Iberia era una de las pocas compañías en las que ese relax se podía conseguir. Así que como me busquen afinidades, empezarán a contar con un cliente menos.

Y como la cosa va de redes sociales la música de hoy la pone un grupo llamado Cast. El cantante tiene el mismo careto que el Zuckerberg del Facebook. La banda en cuestión es el típico grupo british de los años 90 muy similar a otros grupos como Suede, The La’s u Oasis.

¿Por qué existen algunas agencias de prensa?

Fuente de la imagen: http://tenerifetrail.blogspot.com.es/
Fuente de la imagen: http://tenerifetrail.blogspot.com.es/

Una de las tareas cotidianas de los periodistas del sector TIC es bregar a diario con las agencias de prensa. Estas existen por un simple motivo: ahorrar costes a las compañías. La comunicación siempre ha sido un elemento de segunda en la estrategia de las empresas. Es algo claro: no tiene un retorno palpable de la inversión. No es como el departamento de ventas que siempre sabe cuánto ha ingresado. Tampoco es el departamento de TI que, aunque pula pasta, siempre se puede ver el retorno de lo gastado gracias a la mayor eficiencia de los equipos, la mejora de la productividad de los empleados, etc.

Así que los directivos ven que no es conveniente montar un departamento de comunicación interno dentro de la empresa porque lo único que hacen es gastar billetes y nadie puede cuantificar (por mucho que Google lo intente) cuál es el retorno económico que supone aparecer en este o aquel medio de comunicación. Pero en el fondo a nadie le amarga salir en la portada de un periódico, una revista o en alguno de los mayores portales de Internet. A todos les gusta aparecer en los papeles. A fin de cuentas, ¿no aparecen los de Microsoft o los de Apple?– se preguntan estos ejecutivos. Así que cualquier directivo de cualquier empresucha de mierda decide que debe montar una estrategia de comunicación y contratar a un profesional  que le asesore y oriente. La solución se encuentra en la agencia de prensa. Por cuatro euros se pone en las manos de una de ellas. Esta ha de ser pequeñita porque son las únicas que están dispuestas a aceptar unas condiciones draconianas ya que son ellas las que a su vez atropellan a sus ejecutivos de cuentas (generalmente recién licenciados a los que se les abonan menos de mil euros). Con todo ello, el cliente se ve en disposición de exigir aparecer en El País o en Expasión al menos una vez al mes, sin querer enterarse de que la información que genera su empresa es una auténtica bazofia y no da ni siquiera para rellenar un miserable breve en la columna más perdida de una revista. Y es gracias a este modus operandi cuando empieza el drama del periodista que resumo en estos siete puntos.

1.- Lo sé, tu jefe es un cabrón y te explota. Te exige que me llames a diario para saber si he recibido una nota de prensa que no hay por donde cogerla. Así que no te sorprendas si transcurridas dos horas de jornada laboral en las que lo único que he hecho ha sido perder el tiempo respondiendo a este tipo de preguntas te contesto en plan borde. Si me has enviado una nota de prensa, casi seguro que la he recibido pero si no la ves publicada es que no me interesa y a mis lectores tampoco. Díselo a tu jefe: lo único que consigues con esta estrategia es que te pase a la carpeta de spam y cuando tengas algo realmente interesante no me voy a enterar.

2.- El teléfono móvil personal es eso. PER-SO-NAL. Si alguna vez te lo he dado es porque tenía una cita con alguno de tus clientes o he ido a un viaje de prensa organizado por ti. Sí, yo soy como Gollum y mi móvil es mi tesoro, así que no hagas trampas: si no me localizas en la oficina no me llames al móvil para preguntarme si he recibido una nota de prensa, porque a no ser que seas alguien de confianza lo único que vas a conseguir es que cuando me siente delante de tu nota de prensa me pase algo similar a lo que le sucede a Mourinho con Casillas. Esto también se lo puedes decir a tu jefe.

3.-Esta va directamente a tu mandamás: se supone que tú eres el experto en comunicación y que tu cliente no sabe distinguir un ladillo de una entradilla. Para él su producto es el mejor y no entiende porque el New York Times todavía no se ha fijado en su empresa. Así que tú eres el responsable de explicarle que su producto no es tan bueno como para convocar a la prensa y que no está bien eso de que medio sector tenga que ir a un hotel a comprobar las apasionantes bondades de “el ratón para jugones”.

4.- ¿Por qué me mandas la misma nota de prensa 20 veces en un día? Comprendo que pueda ser un problema puntual. A todo el mundo le ocurre pero cuando eso se repite varias veces por semana entonces entiendo que no lo es y que lo estás haciendo como una estrategia para que no se me pase la “valiosísima” información de tu cliente. Conclusión: vas a ir directito a la carpeta de Spam.

5.- Mi correo no es twitter, así que no te puedo dejar de seguir. Mi castigo es que voy a recibir tus notas quiera o no quiera: por favor, me dedico a las tecnologías así que, ¿por qué me mandas información de tus clientes de perfumería, de juguetes o de parafarmacia?

6.- Otro punto es el referente a la publicidad. Tu cliente es muy libre de dejarse sus dineros donde quiera, pero no está bien que al comercial de mi revista le digas que no estás interesado en invertir en papel y que sólo lo haces en Web y luego a mí me pidas explicaciones del porqué no he publicado determinada y “siempre interesante” información tuya en la revista aunque sí lo haya hecho online. También se lo puedes decir a tu jefe: hay que ser coherente y si para una cosa no te interesan los medios impresos es lógico pensar que para la otra tampoco, ¿no?

7.- Si una vez te digo que no a una entrevista, mi opinión no va a cambiar a la semana siguiente. No está bien que me la intentes colocar a toda costa vendiéndome la moto. Es casi preferible que me digas que tu cliente te está dando el coñazo y me pidas ayuda. Lo puedo hacer si lo haces educadamente.

Sí amigos, esta es la apasionante vida del periodista tecnológico. Porque la realidad es que las empresas grandes y las agencias profesionales (aunque lleven a algún cliente de esos pequeños) en contadas ocasiones caen en uno de estos siete errores por un motivo fundamental: saben qué es la comunicación y su verdadero valor. Y eso es lo que deberían de aprender otras agencias que trabajan con clientes que creen que porque pagan son los reyes del mambo.

Supongo que los periodistas también tenemos nuestras rarezas, así que si algún ejecutivo de cuentas quiere tan sólo tiene que escribirlas en los comentarios.

La música de hoy la pone el hijo de Anthony Perkins (Norman Bates en Psicosis), Elvis Perkins al que le dio por dedicarse a componer canciones folkies con muy buen gusto como se demuestra en esta maravillosa melodía: “While you are sleepning”.

Los coreanos jamás pisarían un supermercado Día

Cajas tiradas en pasillos, estanterías de metal... Bienvenidos a Día
Cajas tiradas en pasillos, estanterías de metal… Bienvenidos a Día

Mirad con atención la imagen. Seguro que os suena y alguna vez habéis pasado por ahí. En efecto, es un Día. No importa la edad que tengas ni donde vivas. Son todos iguales, ya se encuentren en Madrid, en Valladolid, en Barcelona o en Benavente. Y son así desde tiempos lejanos. Meterse en un Día es retrotraerse en el tiempo: estanterías de metal, con salientes oxidados, de esos que en los parques infantiles están prohibidos porque si un  niño sufre una caída no se abre la cabeza. En estos supermercados siguen existiendo, así que puede ser probable que si te agaches a coger el paquete de lentejas, cuando te levantes te lleves de recuerdo una pequeña brecha.

¡Ay el Día! Ha permanecido inmutable, ajeno al paso del tiempo. Vive en una burbuja sin importar los cambios sucedidos alrededor. Tiene algo que cualquier empresario que se precie desearía mantener: la clientela. El que se acerca a uno de estos supermercados y compra, es un cliente fiel. Le da igual la estética, no le afecta que, como se ve en la imagen, uno se encuentre cajas vacías de mercancía en cada pasillo. El cliente del Día sabe  a lo que va. Conoce de primera mano en qué lugar se encuentra el paquete de macarrones. Nunca está colocado en el mismo lugar y bien puede aparecer entre los envases de leche en tetra-brick que entre las latas de conserva. ¡Si hasta los ultramarinos de los chinos están más ordenados! Y es que, ir a esta cadena de supermercados es toda una aventura: la higiene de los suelos es, digámoslo, mejorable.

Ahora que se lleva el rollo retro y el vintage, nadie podrá superar al Día por mucho que uno se lo proponga. Cuenta además con una ventaja añadida: no te clavan. Uno va a comprar ahí y sabe que va a pagar un precio justo, no como sucede en las tiendas de la calle Fuencarral en donde por una levita de la que se ponía tu abuelo te cobran 1.000 euracos de vellón y la gente sale feliz: “es que es superfashion. Además se ha tejido siguiendo el mismo patrón de hace 50 años”. ¡Gilipollas! Lo que han hecho es timarte. No, en el Día eso no ocurre. Por eso SÍ es vintage. Es de los pocos lugares en los que todavía puedes encontrarte a la señora en zapatillas y con bata de guata “porque he bajado de casa a hacer unos mandados”. También, lógico, te puedes encontrar al yonki ochentero, con su característico deje en la voz que ha venido a comprar su DanUp, aunque él en realidad siempre fue de Yop de Yoplait, pero ese ya no se ve por las tiendas.

Aunque luego lo niegue, aparecerá la señora “envisonada”, esa se encuentra en cualquier barrio obrero de una gran ciudad y que su única pretensión es la de aparentar. Sí, esa cuyas muñecas no se ven de la gran cantidad de bisutería dorada que lleva encima. Esa maruja que ha de bajar al “autoservicio descuento” cuando se encuentra a punto de cerrar o a primera hora de la mañana para no encontrarse con la vecina del primero. Y por supuesto, es de los pocos lugares en los que nos podemos encontrar con la dulce abuelita de pelo violeta que baja a por su litro de leche para el desayuno y a por la comida del gato. Porque sí, si hay una anciana con el pelo pintado de violeta, indefectiblemente un par de gatos habitan con ella.

La realidad es que estos supermercados son un auténtico desastre (ojo, el Lidl no se queda atrás) y me da que por mucho que se esfuercen tampoco quieren que cambien. En realidad el cliente del Día adora esta calamidad. Y no, nunca irá al Mercadona a hacer la compra, por muy ordenados que estén los estantes y por muy modernos que sean. Así que aunque parece que intentan cambiar la imagen y acercarlo más a los tiempos que corren, estoy convencido de que la gran mayoría de los supermercados Día seguirán como están. ¿El Día Market? Pero, ¿qué demonios es eso? Algo para atraer a nuevos clientes, más selectos,… vamos, para atraer al cliente Mercadona, pero ya te digo yo que la abuela del pelo morado seguirá comprando en su Día de toda la vida porque es lo que le gusta.

Me parece bien toda esa política de mantener la estética vintage, pero, ¿por qué tienen que estar los productos y las estanterías desordenadas? ¿Por qué las galletas María aparecen donde se encuentran las judías pintas? ¿Por qué cuando se acaban todos los tetra-bricks de leche, la caja en la que estaban almacenados tiene que estar tirada por los pasillos? Y lo que es más importante, ¿por qué los cajer@s tienen siempre esa cara de vinagre?

El coreano haciendo la compra
El coreano haciendo la compra

En otros países estas cosas no ocurrirían. Mirad ahora esta otra foto. Estantes bien ordenaditos, cada artículo en su lugar: los yogures con los yogures, la leche con la leche, las bebidas isotónicas donde corresponde. La gente sabe lo que quiere y tiene la certeza de que lo va a encontrar en su sitio correspondiente. Claro, no es tan divertido como el Día… ¿o sí? Pues a lo mejor no, pero puede ser estresante. Esa imagen se corresponde con el metro de Seúl y la gracia está en que en el estante no hay nada. Sí, sí. NADA. Se trata de estantes virtuales situados en las cristaleras que separan el andén de las vías del tren. En ellos se recrea la imagen de las estanterías de un supermercado. Así que si terminas de currar, te bajas al metro para ir a tu casa y mientras esperas a que llegue, haces la compra, como se ve en este vídeo. Tan sólo hay que enfocar a los productos deseados con el smartphone y gracias al código BIDI se va almacenando la compra virtual, que luego te entregará un transportista en casa. Es la fusión del mundo virtual con el real. Sólo que a diferencia del Día, en este caso se representa el futuro y en el caso del Día es otro mundo virtual: el de montarse en la máquina del tiempo y retrotraerte al pasado.

Las ventajas del supermercado coreano son claras: rapidez, sencillez, y sobre todo, no tener que aguantar a la avinagrada de la cajera con su soniquete mientras masca chicle:

–          No, no se puede pagar con tarjeta porque sólo se ha gastado 9,92€ y no se admite el pago con tarjeta en compras inferiores a 10€

–          Ah, pues tenga usted 10 € -le dice el cliente-.

–          ¿Y no tendrá 2 céntimos, es que casi no me quedan monedas de 5 céntimos?

Sí. Mientras en Día siempre te ponen dificultades para todo, en el metro de Corea han empezado a generar estress para ir a la compra. Estás venga a escanear códigos, y tienes que ir a toda leche porque el próximo tren llegará en un minuto. Desde luego la idea coreana es muy buena, aunque no veo a los del Día intentando aplicarla en España, por mucho que seamos de los países del mundo con mayor penetración de smartphones.

La música para hoy la pone Scarlett Johansson. Sí, también canta. En este caso se unió a Pete Yorn para crear un disco maravilloso llamado Break Up, un gran álbum de pop simple y sencillo en el que ambas voces se sincronizan y ofrecen un amplio espectro de matices.

Nochevieja: peor con tecnología

Se acaba el año y la tecnología ha hecho que variemos nuestras costumbres de Nochevieja y Año Nuevo. Algunas son a peor: ese afán desmedido por el Christmas vía e-mail es algo que me irrita sobremanera. Y es que, hasta hace cinco años, lo normal era recibir una felicitación navideña a través del cartero. Este es un puesto de trabajo único: ¿quién se plantea ser cartero en esta época?: “Y tu pequeñín, ¿qué quieres ser de mayor?”. “Yo cartero” Suena muy raro, ¿a que sí? Y es que, este oficio gracias a la tecnología ya no es lo que era. Ahora, si viene el repartidor de cartas es para echar en el buzón facturas y escritos del banco (porque la banca, sigue utilizando el correo tradicional para así cobrarte unos abusivos gastos de gestión) o lo que es peor, si llama a la puerta de tu casa es porque Hacienda quiere algo malo de ti o la DGT te ha puesto una multa. Así que sí, el cartero se ha convertido en un espécimen del que hay que huir, pues solo porta malas nuevas: un pájaro de mal agüero del siglo XXI.

El caso es que, como decía, cuando el cartero no sólo era portador de malas noticias, debía vivir su época gloriosa en las Navidades: reparto de regalos, cartas de alegría y amor y sobre todo, mucho Christmas. Recuerdo que los primeros solían aparecer por la mesa de mi oficina a finales de Noviembre y de ahí hasta principios de Enero, la carrera era imparable: alrededor de 20 postales navideñas diarias. Los primeros los cogías con gusto, los últimos ya ni los abrías e iban directamente a la papelera: sobre todo si no eran de Unicef. Con las nuevas tecnologías la postal tradicional se ha ido tornando en algo mecánico que se manda por e-mail a un “undisclosed-recipients”, y que es de todo menos personal. Es decir, el correo electrónico ha conseguido hacer que la postal navideña sea todavía más artificiosa. Y ha logrado algo que no consiguió la de papel: cabrearme. Porque, lo único que hace es saturarme el correo y si estoy en un momento de stress laboral me irrita recibir un e-mail deseándome falsa felicidad: ¡si muchas veces quien lo manda no sabe ni quién soy! Y es que además, la felicitación navideña electrónica es maliciosa: no avisa y llega en el momento más inoportuno y cuando menos te lo esperas. Siempre está al acecho esperando un momento de debilidad.

Al menos el Christmas de toda la vida llegaba y estaba en tu mesa, tranquilito, sin dar la chapa para que lo abrieras. Es más, es que no tenías ni necesidad de romper el sobre. Si no lo querías iba a la papelera y se acabó el problema. Y si lo querías ver podías esperar cualquier momento de tranquilidad que tuvieras. Con el del e-mail no. Si lo quieres eliminar tienes que ir hasta él, seleccionarlo y luego borrarlo. Pero con eso no basta. El muy perro se resiste a desaparecer y sabes que se encuentra en la carpeta de “elementos eliminados”, así que necesitas de otros dos pasos más para que evapore definitivamente: Sí, dos pasos más, porque no basta con dar a la tecla “Supr”. El ordenador te preguntará: “¿Está seguro de que desea eliminar definitivamente…?” “Que sí, coño, que no quiero esa felicitación. Que recibo 30 diarias y ¡no me interesan!”.

La postal navideña puede ser más pesada que las comerciales de las operadoras telefónicas, que por llegar a venderte el pack ADSL+Televisión+fibra+llamadas internacionales+3.000 minutos en llamadas a familiares en una de sus tantas ofertas imbatibles llegan a rozar el ridículo. A mi en una de esas y ante mi respuesta de “no me interesa, me lo paga la empresa” me llegó a decir “¿y si le mejoro la oferta?” Pues mujer, simpaticona, cómo no me des dinero todos los meses no veo otra fórmula de mejora.

El caso es que se acaba el año y esta noche nuestros teléfonos se saturarán de mensajes deseándonos lo mejor para 2013. Lo bueno de esto es que la mayoría será de gente que conozcas. Así que por lo menos se habrán tomado la molestia de pensar en ti y por tanto todos esos mensajes no son como los de las postales electrónicas. Pero aquí también la tecnología ha hecho que las Nocheviejas ya no sean como las de antes. Y es qué ahora es la época del “guasa”, del Twitter y del Facebook. Y la mayoría de las felicitaciones llega por alguno de estos canales. ¿Dónde están esas llamadas telefónicas a las 00:01 tan divertidas en las que Telefónica te informaba de que la red estaba saturada? Y el personal dale que dale al “rellamada” para felicitar el año nuevo y Telefónica venga a insistir con lo de la red saturada. Al final muchas llamadas no se hacían y acababas mentando a la madre del presidente de la operadora porque “para una vez al año que quieres llamar realmente a alguien va y se colapsa la red”. Esto era así hasta que se popularizó el teléfono móvil. Y esto si que era la risa. Porque la gente empezó a cambiar las llamadas por los SMS pero, ¿qué ocurría? Efectivamente: ¡la red volvía a estar saturada! Así que si habías mandado un mensaje para quedar en un determinado sitio a una hora concreta, la posibilidad de que no apareciera alguien por el lugar de encuentro era altamente infinita. Eso sí, a las 14:00 del día siguiente recibías el siguiente SMS: “Hemos quedado en la puerta del Tornasol en media hora”. Como el “tostao” continuase a esa hora, es posible que fueras nuevamente al lugar de encuentro y no apareciera nadie por segunda vez.

Pero los SMS están de capa caída y ya no se usan tanto como modo de felicitación. Así que el whatsapp ha solucionado buena parte de todos estos problemas, con lo que la parte divertida también ha desaparecido. Es más ahora montas un grupo y todo el mundo se entera de la hora a la que se ha quedado y del lugar. No hay equívocos y eso, no mola.

Lo que ya no me gusta tanto es lo de las felicitaciones por Twitter o por Facebook. Por razones obvias lo de Facebook: porque la mayoría de los amiguitos que tienes ahí no son tales, sino agregados. Y lo de Twitter, porque en realidad no lo veo como un canal de “amiguitos” sino que tiene otras propiedades mucho más interesantes que las de FB y por tanto no es un lugar apropiado para hacer spam navideño.

Así que hasta que llegue la avalancha de mensajes os dejaré con uno de los mejores temas musicales dedicados al año nuevo. Se trata de “New Year´s Day” de U2, grupo irlandés que apenas necesita presentación y que es en la actualidad uno de los grupos más longevos del panorama musical. En el vídeo se puede ver a un jovencísimo Bono, mucho antes de entrar en su fase “mosca”.

Y además en este post, os regalo uno de los descubrimientos de este año. El grupo se llama Django Django, son británicos, y hacen una especie de neo-psicodélica y en la que también se aprecian influencias del sonido madchester.

Escuela 3.0: ¡y una mierda!

Si alguien se acerca por un colegio de España a eso de las nueve de la mañana observará un incesante reguero de niños que entra en ellos. ¿Niños? No, en realidad son pequeños sherpas a los que les están enseñando cómo deben llevar el cargamento de los expedicionarios que ascienden al Everest. Que no os engañe el ministro Wert ni los que le han precedido en los últimos años. Lo de la reforma de la educación es un mito: de lo que se trata es de sacar porteadores con espaldas anchas, que en el futuro carguen en ellas con los efectos de las políticas de recortes. Vamos, que no sean como nosotros, que llevábamos menos peso y así hemos salido: “ná más que de quejarnos y de quejarnos”. Y es que, si hubiéramos llevado unos cuantos kilos de más a nuestras espaldas, la crisis no existiría y las manifas estarían erradicadas. Habríamos sido la sociedad dócil que todo “representante público” desearía.

Todo lo que hacemos en la infancia y en nuestra adolescencia tiene su consecuencia en la edad adulta. Así que, ¿qué es lo que está sucediendo con los niños de nuestro país? Pues que tenemos una generación de nativos digitales a los que no se les presta atención y que siguen estudiando y formándose de la misma manera en que lo hice yo hace más de un cuarto de siglo. Y los enanos siguen aprendiéndose textos de memoria que, en cuanto hagan su examen, se les habrán olvidado. Y, ¿por qué? Porque estudiar a la antigua usanza es un coñazo, y porque lo se pretende que estudien no despierta, en muchas ocasiones, el menor interés en el niño. Eso sí, tipos con unas espaldas más duras que el acero, vamos a sacar unos cuantos.

La sociedad evoluciona, pero parece que la educación no. En un mundo interconectado, el estudiante de hoy en día continúa con las mismas rutinas que hacía hace un siglo: Va a la escuela, escucha la charla correspondiente, sale del colegio, llega a casa y se pone a estudiar o a hacer la tarea que le hayan encomendado. Todo ello con libros de todo tipo, tamaño y variedad. Vamos a ver, en la época de las tabletas digitales, los portátiles, los smartphones o las redes sociales, ¿por qué toda esta serie de avances no se emplean al 100% en las aulas? Y ahora llegará alguno y me dirá: “Oye que en mi cole, que es muy bueno, tienen pizarras digitales”. Si ya claro, ¿y para qué? Pues yo te lo voy a decir: para ver vídeos o poner PPTs. Es decir, se hace lo mismo que cuando se usaba una tiza, sólo que en su lugar ahora el profesor emplea un puntero o un mando a distancia. Y con eso la mayoría de los padres se quedan muy satisfechos y se creen que su cole está superavanzado tecnológicamente. Pues mira, no.

De momento, los chavales, en vez de tanto manual impreso, podrían llevar, por ejemplo, una tableta en la que estuvieran los contenidos que ahora están en los libros. Algo tan simple como esto, favorecería la interactividad profesor-alumno, ofrecería más opciones de aprendizaje, y por supuesto haría las clases mucho más atractivas porque los niños se encontrarían en un entorno completamente conocido para ellos. Porque, señor ministro y señores consejeros de educación: los canijos saben usar mejor que ustedes una tableta (y además no la perderían), les es completamente familiar y lo que es más importante: les parece un artilugio divertido y si no mirad este link de la empresa Minus is Better y veis que pueden hacer unos mocosos con una tableta.

También es verdad, que muchos padres, cavernícolas ellos, se opondrían a la introducción de la tecnología alegando aquello tan convincente de: “Sólo faltaba que ahora también fueran al colegio a jugar. Estudiar se hace como se ha hecho toda la vida de Dios”. Hombre, sí, antes también era norma atizar a los niños en la clase y ahora no. Porque la realidad es que son muchos los padres y madres que quieren que sus hijos vayan al colegio a sufrir y eso de la tecnología lo ven como un juego disfrazado de aprendizaje.

Participando de este pensamiento, los políticos se toman la educación como un adoctrinamiento (por eso, con cada cambio de Gobierno se redacta una nueva ley de educación). En estos tiempos que corren está muy de moda eso de “la cultura del esfuerzo”. Pues mira, eso es una patraña similar a la de “has gastado por encima de tus posibilidades”. Si oyes que alguien te dice eso de la cultura del esfuerzo sal por piernas. Porque imagínate que vas a hablar con el profesor de tu hijo y te dice: “Sí, le he suspendido pero se esfuerza mucho”. Efectivamente, has dado en el clavo: tienes un nene “poco listo”. Y, ¿a qué no te gusta que te digan eso? Pues a eso nos lleva basar la educación sólo en la cultura del esfuerzo: a trabajar como chinos, que parece ser que es lo que mola.

Pero lo peor de una frase que se repite hasta el infinito es que acaba calando. Y claro, parece que los estudiantes van a clase a tocarse la nariz y a estar con el whatsapp o el twitter durante toda la jornada escolar. Si a eso le añadimos que los profesores son unos vagos, pues tenemos una ensalada muy mal aliñada pero que consume todo el mundo. Y no es así: en general, el profesor curra como una bestia y la mayoría de alumnos también.

Así pues, la tecnología tiene pocos visos de avanzar en el aula si seguimos basándonos sólo en la cultura del esfuerzo. Los que apoyan esta teoría, lo que quieren decir en realidad es que el estudiante salga del colegio o del instituto y esté hasta altas horas de la madrugada estudiando (aunque luego no lea una línea del libro). Es el mismo motivo por el que el empresario valora más al trabajador calienta-silla que al que se va a su hora, por mucho que este último es sea mucho más productivo que el primero. Y esa es la sencilla razón por la que una importante parte de los patrones huye del teletrabajo como de la peste.

Creo que va a ser muy difícil ver a un alumno con una tableta para ir a clase: es divertido y al cole hay que ir a aburrirse. Y porque, además hay que mantener el negocio de las editoriales con sus añejos libros de texto. Porque al político le importa tres cominos que el coste medio por alumno en libros sea de más de 200 euros. Vale, la tableta es más cara: pero en dos años está más que amortizada y no hay que cambiarla con cada nuevo curso.

Se habla mucho de la reforma de la educación, pero de lo único que he escuchado hablar es de la problemática con el catalán y la cuestión es que la escuela debería estar para formar personas, que sepan manejarse en la vida y que se despierte en ellos la conciencia crítica. Esto es algo que no se contempla. Las nuevas tecnologías facilitan tanto la práctica como el pensamiento: no se debería tratar sólo de memorizar textos.

Así que podemos seguir así y acabar como los muchachos de este tema de Kaiser Chiefs (grupo de Leeds (UK) nacido en 1996 cuyo éxito comenzó a mediados de la década pasada y uno de los impulsores del denominada new-wave revival junto con Franz Ferdinand, The Fratellis, The Libertines, Bloc Party o Maximo Park entre otros) en el que unos muchachos afirman “it’s cool to know nothing”.