Hipocondria made in Google

Fuente de la imagen: sanamente.com
Fuente de la imagen: sanamente.com

El principal avance que ha traído Internet ha sido el de la información.  Platón estaría encantado de la vida, puesto que la Red de redes nos ha traído el acceso a una fuente inagotable de conocimiento de la que hasta hace poco tiempo carecíamos. La frase “sólo sé que no sé nada” empieza a carecer de sentido. Bueno, vale, de acuerdo, es verdad, que hay que saber distinguir y mucha de la documentación es pura morralla pero en general tenemos más y mejor información.

Así que ahora todos podemos ser auténticos eruditos de cualquier tipo de materia.  La Wikipedia nos resuelve cualquier duda y si no, siempre está el twitter para satisfacer nuestra curiosidad.  Pero la curiosidad mató al gato y en este caso que os voy a contar el dicho se convierte en purita realidad.

¿Cuándo preguntas al oráculo Google?  Pues normalmente cuando quieres ayuda: ya sea para cambiar la junta de culata del coche,  conocer cómo descargarte aplicaciones, películas o música por la cara, saber qué ha sido del niño pelota gafotas y acusica de tu clase o encontrar la noticia del día.  Sí, Google lo sabe todo, pero por encima de todas las cosas controla mogollón de medicina. Gracias a ello el hipocondríaco ha encontrado el paraíso.  Que te duele la garganta… Pues fijo que te encuentras ante un cáncer de faringe en grado super-avanzado.  Vamos que la vas a palmar en breve.

Sí amigos, el hipocondríaco es ese personaje que parece estar siempre dispuesto a ponerse el pijama de madera aunque lo único que tenga sea un simple grano en la barbilla. Y parece que existe mucho hipocondríaco a tenor de lo que dice este artículo de El País. Sobre todo aparece cuando salimos del médico. Uno de cada dos pacientes consulta en Internet nada más abandonar la consulta. Es de suponer que una buena parte de los que no consultan, no lo hacen porque sólo han ido a pedir recetas o por cosas menores, así que si descontamos a estos, el porcentaje indica que, o bien no nos fiamos de lo que nos dice el señor doctor o bien somos hipocondríacos en potencia prácticamente todos. Y claro si nos ponemos a buscar  en Google nos aparecen respuestas como los que siguen:

“Problemas con la muela del juicio”: Nos vamos a Google y encontramos lo siguiente: “Al quedar atrapadas las muelas, es factible que a su alrededor se formen quistes que destruyan el hueso ubicado en su entorno. En ciertas circunstancias, en el interior de estos quistes se desarrollan tumores odontogénicos, como el ameloblastoma, sumamente agresivo que puede alcanzar considerables dimensiones” (fuente: globedia.com). Vamos que si el dentista te ha dicho que no tienes nada y que lo único que tiene que hacer es extraer el susodicho molar a ti, como te dé por consultar, lo que te va a suceder es que la siguiente visita la vas a hacer al oncólogo porque el inepto de tu odontólogo no sabe distinguir un cáncer, que es lo que en realidad tienes, de una miserable caries.

“Dolor persistente de tripa”. El buen hipocondríaco sabe que eso es un cáncer de páncreas en toda regla. Veamos con qué nos sorprende el doctor Google. La  primera opción que nos da ya es todo un aliciente. No, no es un cáncer de páncreas. ¡Es peor! Las causas son (fuente Medlineplus): “Apendicitis,  Aneurisma aórtico abdominal, Oclusión o bloqueo intestinal, Cáncer del estómago, el colon y otros órganos, Colecistitis (inflamación de la vesícula) con o sin cálculos, Disminución del riego sanguíneo a los intestinos (isquemia intestinal), Diverticulitis, Acidez gástrica, indigestión o reflujo gastroesofágico, Enfermedad intestinal inflamatoria (enfermedad de Crohn o colitis ulcerativa), Cálculos renales, Pancreatitis (inflamación o infección del páncreas),Úlceras.” A ver. Si el médico te ha dicho que dejes de comer tanta fabada Litoral porque te está causando un problema de gases, ¿por qué te empeñas en tener alguna de estas cosas raras?

Me duelen las sienes: Pues nada, aquí en vez de pensar que en realidad tienes un dolor que se pasa con ibuprofenos lo mejor es creer que estás enfermo de “Trastornos de la refracción ocular, Cefalea tensional, Migraña, Dolor de cabeza en racimo, Sinusitis, Arteritis temporal, Hemorragia subaracnoidea, Meningitis, Encefalitis, Hipertensión, Neuropatía óptica anterior isquémica o Síndrome de Rollet (fuente: nodiagnosticado.es).

Y finalmente vamos a buscar una muy típica: El dolor de espalda. Aquí al hipocondríaco no se le ocurre pensar que ese machaque diario en el gimnasio es el causante de sus males. No, el problema lo tiene una célula mutante que le ha originado algo muy, muy malo y la va a palmar en breve. Busca en Google y se encuentra con que en vez de una distensión muscular, lo que en realidad le sucede es que tiene “Escoliosis, Espondilolistesis, Artritis, Estenosis lumbar, Embarazo, Piedras en los riñones, Infecciones, Endometriosis o Fibromialgia (fuente NIH). Instintivamente el hipocondríaco elimina el embarazo, las piedras en los riñones o la artritis. ¿Cuál es la más chunga de todas?, piensa. Le parece que la fibromialgia. En realidad no sabe qué es, pero él por si acaso va a ir al médico al día siguiente y le va a asegurar que padece esa enfermedad.

No me extraña que los gobernantes se quieran cargar los sistemas públicos de salud. Al final Google es la solución a todos nuestros males y encima sale gratis total.

La música esta vez corre a cargo de Franz Ferdinand. Estos chicos de Glasgow sacarán, después de cuatro años, su próximo disco en agosto. Con su rock alternativo, no han decepcionado en ninguno de sus trabajos anteriores y muy posiblemente tampoco lo hagan en este. Mientras esperamos, aquí va uno de sus temas más famosos.

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Ramoncín: el Steve Jobs español (y tú sin enterarte)

Ramoncín en la época en la que todavía no había hecho uso de la rinoplastia. (Fuente: escolar.net)
Ramoncín en la época en la que todavía no había hecho uso de la rinoplastia. (Fuente: escolar.net)

Nunca me han gustado las personas que siempre quieren llevar la razón. Los típicos prepotentes capacitados para hablar de cualquier tema: son los “tolosa” que “to lo saben”. Suele darse la circunstancia de que a menor capacidad intelectual y menor bagaje cultural y educativo más saben. Suele ser gente, además, muy contradictoria e incongruente. Es en este último aspecto en donde destaca un personaje de la sociedad española: Ramón-Ramoncín (todo nombre, todo junto).

¿Alguien sabe a qué se dedica el “rey del pollo frito” a ciencia cierta? Sí, hasta hace poco ofrecía opiniones sobre cualquier tema como colaborador en medios de comunicación de todo tipo, pero sobre todo, más que el “rey del pollo frito”, Ramón-Ramoncín es el rey del recopilatorio. Es un tipo cuya discografía se limita a cuatro o cinco temas que ha ido explotando a lo largo de su trayectoria musical a través de “Grandes Éxitos” o de “Directos recopilatorios”. Lo más curioso de esos cuatro o cinco temas es que tampoco eran suyos. Tal y como parece, según diferentes fuentes, y según se reproduce la Wikipedia, Ramón-Ramoncín se aprovechó de los temas compuestos por el grupo WC? para darse a conocer.

Pero para Ramón-Ramoncín esas cosas fueron cosa del pasado y no se cuentan. ¿Para qué? Acorde con esto, hubo otra época en la que Ramón-Ramoncín se convirtió en el adalid de la lucha en contra de la piratería. Se ve qué en los top-manta su disco “Al límite vivo y salvaje” era el más solicitado. De hecho, cada vez que la policía hacía una redada se debía sorprender de la ingente cantidad de CDs de Ramón-Ramoncín que incautaban. Creyéndose el líder de opinión musical y gracias a pertenecer a la junta directiva de la SGAE, Ramón-Ramoncín renació de sus cenizas. El insigne autor de esa obra culmen de la literatura española (sí, también es escritor) titulada “El tocho cheli”, siempre estaba en el candelero. Ramón-Ramoncín, no necesitaba de los espacios televisivos de la crónica rosa ni vender su intimidad para copar las portadas de los medios de comunicación. Internet se había convertido en su gran aliado. Todo lo que Ramoncín soltaba por la boca en contra de las descargas, su rollo antipiratería, etc., tenía un eco tremendo en Internet. Curioso, aquello contra lo que luchaba (Internet era casi como el diablo) es lo que le estaba dando la popularidad perdida. Hasta que debió cansarse de que sus propios colegas le ningunearan y entonces cuál mártir, decide que está harto de ser el único que lucha contra los piratas.

A partir de ahí, Ramón-Ramoncín decide dedicarse a otra cosa: saca otro disco (efectivamente, recopilatorio) y “compone” otro, que, obvio, pasa desapercibido. Y no se tienen más noticias de él hasta que un juez le imputa por los delitos de apropiación indebida, administración desleal y falsedad documental. Y el tipo después de declarar ante su señoría se presenta ante la prensa y se muestra como Ramón-Ramoncín en estado puro: “Estáis ante una persona honrada, honesta e inocente mientras no se demuestre lo contrario, por lo tanto, sería muy de agradecer que demostremos que estamos en un país civilizado donde se respetan los derechos del ciudadano y, sobre todo, mis derechos esenciales, algo que no se ha respetado durante 21 días”. Hombre, chico, si lo eres mientras el juez no decida lo contrario, pero después de haberte aprovechado de la música de otros, de haber puesto a caldo a tus compañeros de profesión o de intentar tomar el pelo al personal a base de sacar recopilatorios, estaría bien que dejaras esa actitud chulesca propia del “tolosa” y que siempre te ha caracterizado y fueras con un poco más de humildad.

Pero no conforme con esto, Ramón-Ramoncín continúa con su perorata. Lo que viene a continuación demuestra el nivel de egocentrismo del personaje. Y es que ha sido una lástima que Steve Jobs no se encuentre todavía entre nosotros, porque en ese caso hubiéramos comprobado la inteligencia y la sabiduría del autor de “Marica de Terciopelo”: “Podría haberle vendido mis proyectos a Steve Jobs”. Mira majo, no. Ahí te has sobrado. Aunque por las venas del fundador de Apple  corrieran litros de alcohol, no habrías llegado a nada. Resulta que ahora, Ramón-Ramoncín es un auténtico crack de las tecnologías de la información y nosotros sin saberlo. Joder, hombre, mira que eres. Con la cantidad de personal en paro que hay por este país, bien se te podía haber ocurrido convertirte en un emprendedor y montar tu empresa tecnológica para desarrollar esas grandes soluciones. Seguro que te habrías salido y tendrías que haber contratado a infinidad de gente para tu proyecto TIC.

Vamos a ver, chiquillo, que tienes el ego muy subido. Tu cruzada antipiratería lo único que ha hecho ha sido generarte enemigos y la gente, NO-TE-SO-POR-TA de la misma forma que no aguanta tu música. Porque si no vendes discos últimamente es porque tus canciones son una bazofia. Y sí, tenlo claro: los medios no se van a ocupar de ti, porque tienen cosas más importantes de las que informar y sólo lo harán si al final acabas en el truyo o si se demuestra que no eres inocente. Así que hasta entonces no te preocupes porque todavía no das el nivel informativo de Urdangarín ni de Camps como para que estemos preocupados por ti.

De esta forma, a Ramón-Ramoncín le viene bien este tema. Se titula “King of the world” (algo que nunca llegará a ser el susodicho) y está interpretado por First Aid Kit, un grupo compuesto por dos hermanas suecas que suenan realmente bien, claramente con tendencias folk-rock y que aparte de los países escandinavos, están empezando a tener cierto éxito en UK o EE.UU.

¡El fax, idiota, el fax!

El pasado miércoles estuve en un evento de esos a los que solemos asistir los periodistas tecnológicos. En este caso estaba organizado por Epson y en él se mostraba a los clientes, prensa, socios y distribuidores toda la amalgama de impresoras de la compañía. Hasta aquí, nada fuera de lo común. El caso es que entre toda la gama de cacharros, aquellos que más triunfaban eran los multifuncionales. No es sorprendente que el personal se decida por este tipo de productos. Al fin y al cabo aúnan varios productos en un único equipo con lo que las ventajas para el usuario son claras: ocupan menos espacio y son más baratos que si se compraran cada uno por separado. Ahora bien, todos ellos incorporan un elemento que ha quedado en desuso: ¡el fax!

Sí, ese aparato que antaño estaba en todas las oficinas, que hacía un ruido infernal y que se empleaba para mandar documentos, imágenes o lo que hiciera falta. La cosa es que, en la época del e-mail, las redes sociales, el cloud computing, el WhatsApp, el Viber, el Line, etc., ¿quién demonios sigue utilizando el fax? Yo desde luego no conozco a nadie. De hecho no sé ni dónde se encuentra el fax de mi oficina y si todavía sigue en algún rincón. Bueno, no. Sí que conozco a alguien, aunque supongo que ya lo habrá dejado de utilizar.

La conversación que sigue es real y fidedigna y me ocurrió este año 2012. A nosotros, los plumillas, las agencias de prensa nos llaman constantemente para cosas tan absurdas como saber si has recibido una nota de prensa (este apartado, el de las agencias y los gabinetes de comunicación, da para otro post en este blog). El caso es que en una de esas llamadas, un individuo (al que no conozco) me pregunta si he recibido la papela (así denominamos los periodistas a las notas de prensa) de uno de sus clientes. Un cliente de esos a los que no conoce ni Dios y que por supuesto carece de una oferta de producto atractiva como para publicar en ningún medio y menos en estos tiempos de crisis en los que la selección de la información debe ser mucho más meticulosa que antaño. Como recibo infinidad de e-mails diarios, lo más probable es que su nota de prensa haya acabado en la carpeta de elementos eliminados, así que le digo amablemente que me la vuelva a enviar. El tipo me dice que me la envía ahora mismo. Empiezo a prestar un poco de atención a la recepción de la nota de marras, pero como veo que, pasados un par de minutos, ésta no aparece en mi bandeja de entrada me olvido de ella. Sin embargo, el sujeto es de esos ejecutivos de cuentas insistentes que no se da por satisfecho y al cabo de media hora me está llamando otra vez: “¿Ya la has recibido?”, me pregunta. Me pongo a rebuscar y no, ahí no hay nada. “Pues mira, lo siento, pero no tengo nada”, le respondo. En ese momento me embarga el sentimiento de culpabilidad: una cosa es que su nota de prensa no me interese y otra es que el pobre chaval, al que seguramente tienen de becario y a coste de saldo, tenga que estar perdiendo el tiempo en preocuparse de si yo recibo la maldita nota de prensa. Así que, de nuevo de forma educada, le vuelvo a pedir que me la mande otra vez. Con la mejor de sus voces me dice que no pasa nada y que me la vuelve a enviar. A partir de aquí comienzo a poner mis cinco sentidos en la recepción de la nota del demonio. Y, efectivamente: ¡No llega! Como buen ejecutivo brasa a la media hora vuelve a llamar:

¿Ya te ha llegado?, -me pregunta de nuevo con ese tono amable y falso que denota que ya se está empezando a cansar de ti.

Pues no. –le digo avergonzado y pensando en que el tipo debe estar preguntándose que si alguien como yo ha llegado a ser redactor jefe, él en dos telediarios asciende a director de cuentas- ¿Tienes bien la dirección de e-mail?

¿Qué dirección de e-mail? –me inquiere

¡Pues cuál va a ser! ¡La mía! Porque, la nota me la quieres enviar a mi, ¿verdad?

Sí, sí. Te la estoy enviando a ti. ¡Pero te la estoy mandando por fax! –me suelta-.

No salía de mi asombro. ¡El espabilado me estaba intentando enviar por fax una nota de prensa! ¡Pero si no recibo información por fax desde hace por lo menos 12 años! Pues no, así evidentemente no vas a llegar a director de cuentas. Existe una cosa que se llama e-mail y a día de hoy es el mejor medio para enviar información a un periodista. Ya puestos, ¿por qué no me mandas las imágenes en diapositiva para que las escanee?

Así que volviendo al tema del principio, me gustaría saber por qué los fabricantes siguen poniendo el fax como un elemento de las impresoras multifuncionales si nadie lo utiliza. La realidad es que alguien lo tiene que seguir utilizando, porque empresas como Brother, no es que vendan sólo equipos multifunción, sino que siguen fabricando de forma individual, faxes. Y los precios, no son precisamente económicos.

Vamos a ver. Si hay alguien que sigue fabricando estos artilugios del pasado es que existe gente que los sigue comprando. Es algo que me parece de locos. Es que es como si uno camina por la calle y observa a un chavalito escuchando música con un Walkman de esos que tenían “Fast Forward” y “Rewind” y que para no gastar las pilas se rebobinaba la cassette con un  boli Bic como si fuera una carraca. No queda muy actual, ¿verdad? Si ya hasta un reproductor MP3 queda antiguo, imaginaos como queda lo del Walkman. Es lo mismo que ocurre con el fax. Que no es que se haya quedado rancio, es que es el Walkman de los sistemas de comunicación.

Es lo mismo que si alguien te pregunta si sabes que son los artrópodos y en vez de utilizar la Wikipedia dices: “Espera que voy a instalar la Microsoft Encarta en el ordenador a ver qué nos dice”.

En fin que hay cosas añejas que yo entiendo que nos gusten. Entre ellas se pueden poner el queso curado, el jamón ibérico o el vino de reserva. Pero, ¡lo del fax no cuela!

Así que sí. A aquellos que todavía uséis el fax, cambiadlo, por favor. Escapad de ello como cantaron en esta canción este grupo llamado James y que fue uno de los precursores del denominado sonido Manchester (los británicos lo llamaban Madchester) que triunfó en buena parte del mundo a principios de los 90 junto a otros grupos como The Stone RosesHappy Mondays o Inspiral Carpets.