I+D para una hamburguesa “low fat”

Haburguesa sin grasa frita en abundante mantequilla.
Hamburguesa sin grasa frita en abundante mantequilla.

Vivimos en un país en el que la I+D+i no ha sido nunca algo importante para el Gobierno de turno. Se trata de un concepto que el político de turno cree que es algo parecido a las meigas gallegas que haberlas haylas pero nadie sabe dónde están.  A todos ellos se les llena la boca al hablar de innovación y desarrollo pero dudo de que alguno se haya planteado seriamente en qué consiste.  Sólo es necesario fijarse en la reducción presupuestaria que de forma constante tiene la I+D+i. La clave hay que buscarla en dos factores: la I+D+i no genera ningún beneficio a corto plazo, lo que se traduce en que la generación de votos será prácticamente nula y además, al no haber comisiones de por medio, implica que apostar por la ciencia no reportará tampoco réditos económicos inmediatos.

El recorte lo impregna todo y la culpa de esta constante reducción en la I+D+i es debida a la lamentable situación económica que vive España, fruto de esos excesos del pasado en esa época en la que “vivíamos por encima de nuestras posibilidades”. Y nos llevamos las manos a la cabeza porque se fugan nuestros mejores cerebros (en verdad a nadie le importa esta desbandada, por mucho que se muestren seriamente preocupados). La realidad es que mientras nosotros exportamos talento, en los países de la Europa del Norte o en Asia, o en Norteámerica están deseando atraer a cuantos más mejor. Pero no, no es una cosa de la crisis: antaño a nosotros nos gustaba importar obreros para la construcción mientras multitud de ingenieros y científicos españoles partían de su país porque nunca se interesó por potenciar la innovación.

Claro que con esto del mantra de la investigación también se desarrollan cosas curiosas. Algunas como una de las noticias más sorprendentes del verano pasado y que no es otra que la hamburguesa de laboratorio. Siempre me ha sorprendido cómo a alguien se le pueden ocurrir determinadas ideas. Está claro en algunos casos: aparece una nueva enfermedad o un nuevo tipo de virus y evidentemente, empezará un grupo de científicos a investigar su cura o su aislamiento. Lo mismo puede ocurrir con un medio de transporte: los ingenieros se estrujan los sesos para mejorar los existentes. Con el mundo de la tecnologías de la información, tres cuartos de lo mismo: desarrollamos nuevas aplicaciones, novedosas máquinas, etc.

Pero algunas cosas son singulares. No superan a los nombres de las operaciones policiales, que muchas veces parecen inventados por una mente esquizofrénica (Malaya, Campeón, Scottie, Nécora…) pero con mucha frecuencia aparecen noticias de descubrimientos e investigaciones más que peculiares. Uno de ellos el de la hamburguesa de laboratorio.

Básicamente sucedió lo siguiente: un científico holandés se le ocurre la brillante idea y se la plantea a otros colegas: ¿Y si nos ponemos a cultivar una hamburguesa en el laboratorio a partir de células madres? No se sabe a ciencia cierta si el individuo era un cliente frecuente de todo tipo de hamburgueserías pero el caso es que sus colegas no vieron mal la idea y se pusieron a investigar en el tema. A fin de cuentas, debieron pensar, si nos sale bien nos saldrá una hamburguesa sin un ápice de grasa y dejaremos de depender de la vaca para extraer carne. Por supuesto los tipos pusieron especial énfasis en que la carne fuera puro magro, nada de grasas que luego a los clientes les puede subir el colesterol y las transaminasas.

Cinco años después y tras haberse pulido casi 250.000 euros (menos de los que cuesta una segunda residencia en la costa levantina) los investigadores holandeses ya podían presentar al mundo su investigación estrella. Había nacido la hamburguesa del laboratorio. También, a esa primera hamburguesa le podían haber puesto un nombre. ¿No se lo pusieron a la oveja Dolly? Pues ya puestos la podían haber llamado de alguna forma. Si no se les ocurría ninguno deberían haber contactado con la policía española o con los de Google, que también son muy originales a la hora de nombrar a sus diferentes versiones de sistemas Android.

Según los científicos el desarrollo de este trozo de carne picada supondrá un hito, ya que no crecerán más las ganaderías y por tanto, se necesitará menos pasto para los animales. Todo esto se traduce en una reducción de los gases de efecto invernadero y además el gasto energético también disminuirá. En lo que se refiere al alimento en sí, todos son ventajas: conserva el sabor y sobre todo no tiene una pizca de grasa.

Y es aquí donde viene el problema. Venga, vale. Aceptamos que se trata de un invento genial. Les creemos cuando hablan de economía sostenible y evidentemente, como se aprecia en las imágenes, no parece tener nada de grasa. Entonces, si es así… ¿por qué demonios cocinas la hamburguesa con bien de aceite y mantequilla? ¿Os habéis pasado cinco años de vuestra vida intentando crear una hamburguesa sin grasa y la freís en mantequilla? (Aquí puedes ver el vídeo)

Mucho investigador, pero desde luego no sois especialistas en dietética. ¡Por favor! si querías quedar bien, teníais que haber utilizado aceite… pero aceite de oliva, porque hay también metísteis la pata y pusisteis aceite de girasol. Así que la mezcla es explosiva: cocino una hamburguesa y la frío en una mezcla de aceite de girasol y mantequilla. Lo peor de todo es que semejante engendro fue realizado por un conocido chef de nombre Richard McGeown. Claro, el tipo es inglés y poco se puede esperar de alguien que ha nacido en el país que peor se come de mundo.

La música  corre a cargo de Pixies, un grupo de Boston, considerado una de las bandas más influyentes en el mundo del rock alternativo de finales de los 80 y principios de los 90 en bandas como Nirvana, precursora de lo que se dió a conocer como el movimiento Grunge. Actualmente, el cuarteto se encuentra de gira, que llegará a España a principios de noviembre.

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Apple no es Ryanair

Los nuevos iPhones supuestamente "low cost".
Los nuevos iPhones supuestamente “low cost”.

Como es habitual cada vez que Apple presenta alguno de sus nuevos productos, el mundo tecnológico entra en éxtasis. En realidad, el clímax sólo se produce cuando se habla del iPhone en donde los medios, los blogs o las redes sociales se lanzan al sexo desenfrenado. La bacanal se transforma en mero sexo con protección si lo que la compañía de Cupertino presenta son, por ejemplo, unos nuevos iMac. Pero no ha sido el caso. La expectación ante el lanzamiento de los nuevos iPhone ya era brutal y como siempre los rumores sobre las características de los nuevos terminales empiezan a gestarse prácticamente desde que se presenta el modelo anterior (ahora mismo ya se empieza a comentar lo que traerá consigo el posible iPhone 6).

Uno nunca ha sido fanático de los dispositivos de Apple, salvo del primer iPhone que sí me sorprendió. El último modelo, el iPhone 5, no me pareció ninguna maravilla. De hecho son varios los modelos de smartphone que superaban al de Apple. Sin llegar a lo que supuso la aparición del primer iPhone, el nuevo 5S, sí que me parece que aporta cosas interesantes, sobre todo lo que se refiere al lector de huella dactilar, con lo que sólo el dueño del teléfono podrá tener acceso al mismo y permitirá, entre otras cosas poder realizar pagos de forma segura. Claro, les presentas esto a los iphoneros y a ninguno se le ocurre preguntarse cuáles son las desventajas de esta tecnología. Nos han comido tanto el tarro con el tema de la seguridad que no caemos en otras comsecuencias. Así, todo el mundo es felicísimo colgando fotos en el Facebook o dando rienda suelta a todo tipo de pensamiento que sólo compartiría en la calle con sus amistades más íntimas. Por ese motivo muy poca gente se habrá preguntado a dónde van esos registros de tu huella dactilar. Dado que vivimos en un permamente Gran Hermano y teniendo en cuenta que la NSA, la Agencia de Seguridad Nacional de EE.UU., ha afirmado que puede obtener la información que quiera de cualquier smartphone, esa innovación del iPhone (que por cierto ya probaron antes otros fabricantes como Toshiba) ya me gusta menos.

Cuando presentaron el iPhone 5 los locos de la marca de la manzana mordida ya se apresuraron a pregonar todo tipo de alabanzas sobre el mismo. Todos los demás teléfonos del mercado eran bazofia. Y fueron a la velocidad de la luz a comprar el cargador de coche porque a Apple le dio por cambiar el antiguo conector (no, en Apple son incapaces de poner un puerto micro USB, porque son así de modernos). Y todos contentos con su nuevo modelito. Y todos ellos… ¡se han quedado obsoletos porque Apple ha decidido que descataloga el iPhone 5 aunque siga vendiendo el iPhone 4S! Así que a todos los que os habéis comprometido con vuestra operadora por dos años o hayáis pagado la pasta que os pedían por él, Apple considera que sois tan caducos como aquellos que tengan el iPhone original o el 3GS, con la diferencia de que éstos últimos ya han amortizado su terminal.

Otra cosa sorprendente es el otro terminal que también presentaron el pasado miércoles. El denominado iPhone “low cost”, que se comercializará con el nombre de iPhone 5C. La C quiere decir caro, porque para ser de bajo coste el que lo quiera comprar liberado tendrá que desembolsar la simbólica cantidad de 549 dólares. Eso sí los materiales con los que está fabricado este modelo sí son más baratos. Por ejemplo, está hecho de plástico, lo que abarata el terminal. Sí, sí, Apple ha cedido a las bondades del plástico a pesar de que durante años ha estado poniendo a caldo a todos los fabricantes por incorporar este material en sus terminales. Ellos siempre han sido más selectos y exclusivos y nunca trabajarían con ese elemento tan ramplón. Claro que, para intentar convencer al personal, en Apple dicen que no, que su iPhone “barato” está hecho de policarbonato. Vamos, lo que viene a ser un tipo de plástico.

De todas formas, me sorprende la indignación en cuanto al precio del teléfono de marras. ¿Qué os creíais, que Apple iba a sacar un smartphone al módico precio de 100 euros? Nunca ha estado en la política de la empresa creada por Steve Jobs presentar productos económicos. Apple no es Ryanair. Los reyes del glamour no se pueden relacionar con la chusma. Sus productos son para gente selecta y si la plebe lleva un iPhone en el bolsillo es porque han pedido un crédito o han contraído matrimonio indisoluble con su operadora de telefonía. Lo siento, pero Ferrari nunca sacaría un coche de 20.000 euros ni al propietario de un terreno en la urbanización La Finca se le ocurriría construir un conjunto de adosados. Es algo a lo que deberíamos acostumbrarnos. Si quieres un iPhone, lo tienes que pagar aunque te decantes por el modelo “low cost” y si no puedes tienes dos opciones:  te endeudas o te compras cualquiera de los que venden a 150 euros que total para chequear el WhatsApp o jugar al Candy Crush te es más que suficiente.

La crisis no está haciendo que nos acostumbremos a querer sólo lo necesario, sino que siempre queremos más. Siempre tendemos a crearnos necesidades aunque no podamos permitírnoslas, aunque sea un iPhone de plasticorro. Así que la música de hoy acompaña perfectamente: Eddie Vedder, líder del grupo Pearl Jam y que compuso esta deliciosa canción, titulada “Society”, para la película “Into the wild”. La letra es un leñazo en toda regla a la sociedad de consumo.