Elecciones: no llames al ladrón para que vuelva a entrar en tu casa

Papeletas electorales
Papeletas electorales

Este próximo domingo se celebran Elecciones Generales y toca elegir al partido que se haga cargo de los destinos del país durante los próximos cuatro años. Uno de los retos que se deberían afrontar es el cambio de modelo productivo, algo en lo que hacen hincapié la totalidad de las formaciones que se presentan a las elecciones.

Para poder realizar ese cambio es necesario potenciar la I+D+i pero eso es algo que no se puede lograr en cuatro años. Se trata de un proyecto a largo plazo y que comienza por la reforma radical del sistema educativo. Una reforma que no se debería centrar en si se pone la religión como materia educativa obligatoria o si hay que aniquilar la escuela concertada. Una reforma que no ponga el foco en que todos los alumnos tengan que alcanzar la Universidad. Sí, sobran universitarios y faltan especialistas. Especialistas que no encontramos porque les obligamos (y becamos aunque no tengan las capacidades ni el interés en estudiar una carrera) a asistir a la Universidad. Sin este cambio, podremos seguir hablando de parecernos a Dinamarca durante siglos y continuaremos siendo un país al que le pillan todas las crisis en pañales.

Todos los partidos llevan propuestas de reforma de la educación y de especialización del profesorado. Incluido el Partido Popular que acaba de aprobar la enésima Ley de Reforma de la Educación hace pocos meses. Una Ley que, evidentemente, no vale.

El papel de la tecnología

Dentro de una reforma educativa y en pleno siglo XXI, la tecnología debería ser uno de los principales elementos a tener en cuenta. El alumnado de hoy maneja cualquier dispositivo tecnológico mejor que la inmensa mayoría de los adultos. Los cursos y talleres de robótica y programación (que no se incluyen como asignatura en toda la Educación Primaria) viven días de gloria a precios desorbitados que la gran mayoría de las familias no se pueden pagar. Una buena parte de las profesiones en las que podrán trabajar tus hijos en la próxima década no existe actualmente. Pero todos tenemos claro que esas nuevas profesiones pasan por la tecnología.

Somos un país con exceso de psicólogos y licenciados en derecho. Faltan informáticos e ingenieros. Y todavía nadie se ha puesto a la labor de cambiar esto.

Me he leído desde el principio hasta el final los programas de los cuatro principales aspirantes a la Presidencia del Gobierno. Sólo uno hace de la tecnología el leitmotiv del mismo: es el del PSOE. De hecho, su programa comienza y se basa en “la España del Conocimiento”. Desde la primera página se apuesta por la innovación y la educación como elemento para el desarrollo definitivo del país. La música suena bien pero… El PSOE gobernó hasta hace bien poco este país y ni desarrollo tecnológico ni cambio de paradigma en el sistema educativo. La obsesión del ministro Sebastián fue la dar subvenciones para la compra de coches de la misma forma que el ministro Soria se ha dedicado a la promoción turística de Canarias, sin pasar por la casilla tecnológica . Es decir: nada de nada.

Mientras tanto los pocos ingenieros, informáticos, programadores, etc que salen de nuestras universidades huyen del país ante la oferta de sueldos y perspectivas mejores que les ofrecen empresas alemanas, americanas o finlandesas. Porque las empresas radicadas en nuestro país también tienen lo suyo. Se quejan de la falta de esos especialistas y de que nuestro sistema educativo no nutre la demanda. No les falta razón pero esconden, que un salario alemán cuadruplica la mejor oferta que le haga una empresa en España. Y tampoco cuentan que hay empresas que se aprovechan del sistema para contratar en la modalidad del falso autónomo. Compañías que hacen de un estudiante el becario eterno. Y todo ello, por salarios que en muchos casos ni siquiera cubren el salario mínimo interprofesional: ¡Claro, es que está de prácticas!

Pero aparte de la apuesta por la tecnología y la mejora del sistema educativa que hagan los dos partidos, la principal losa, sin embargo, que arrastran PP y PSOE es la de la corrupción, que afecta a ambos por igual. Por este motivo, y por los precedentes, nadie debería votarles. Nadie. Porque es como si entraran en tu casa, te robaran y al cabo de cuatro años, cuando ya te has repuesto del golpe, no sólo no has puesto medidas de seguridad, sino que dejas las llaves de tu casa al ladrón para que te vuelva a robar a cambio, eso sí, de que te la deje como los chorros del oro una vez que te ha hurtado nuevamente.

Ciudadanos y Podemos, por su parte, son los nuevos. Los que tienen opciones reales de modificar la política española. Ambos tienen apartados dedicados exclusivamente al desarrollo tecnológico. Los dos hablan de la creación de campos tecnológicos y ciudades del conocimiento, de elevar el gasto en I+D+i, o de promover la cultura científica desde la educación primaria,… La música también suena bien, y al menos tenemos la duda de si lo harán o no lo harán. Tanto PP como PSOE, en materia de innovación y desarrollo, faltaron a sus compromisos electorales una vez alcanzado el poder.

Por primera vez en 40 años, la tecnología y la I+D+i parece que van a ocupar un papel más relevante que antaño. Y por primera vez, los españoles tenemos más opciones donde elegir, a derecha y a izquierda, fuera de los dos partidos tradicionales. Partidos que, de momento, no han entrado en tu casa a robarte. Ahora somos nosotros los que tenemos que decidir si queremos dejar las llaves de casa al chorizo, a cambio de que nos la deje ordenada, o si ya nos hemos cansado de él.

La música del post la pone Crystal Fighters: grupo británico de lo más interesante de la música actual que junta a la vez, guitarras, sintentizadores, cajas de ritmo e instrumentos tradicionales de la música del País Vasco.

Música coprofágica

Pono, el reproductor de música con calidad HD
Pono, el reproductor de música con calidad HD

El mercado musical está de capa caída o al menos eso es lo que dicen. Da la sensación de que siempre es la piratería la que hace que las cifras de ventas se encuentren en nuestro país por los suelos. No estoy de acuerdo con esta opinión o al menos, no al cien por cien. “Difama que algo quedará” se suele decir, y la industria musical, entre las que también se incluyen artistas que antaño vendían discos como rosquillas pero que hoy no tienen nada que ofrecer y aportar, suelen aparecer cada cierto tiempo para denunciar cómo las descargas ilegales están haciendo que casi se conviertan en indigentes. Lo que no se puede pretender es seguir viviendo de “los litros de alcohol” o de los “cadillacs solitarios” y culpar a esas descargas de su difícil situación económica.

En primer lugar hay que partir de un hecho: España es un país con una cultura musical nula entre otras cosas porque si hablamos de educación, la música, al contrario de lo que ocurre en otros países, siempre se ha considerado una asignatura “maría”. Así que el oído de los españoles no se encuentra convenientemente educado y a lo máximo que llegamos es a escuchar la morralla enlatada de los 40 Principales. De esta forma, si tenemos la misma educación musical que un cavernícola y seguimos considerando a la música como algo sin importancia, es normal que no se valore y se aprecie, y por tanto, las descargas, ilegales o no, de música bazofia están a la orden del día. No sólo eso, sino que a la hora de abordar nuevos planes educativos la eliminamos de la misma forma que quitamos plástica o nos cargamos la filosofía. Lo grave es que, gracias al “populismo 100%”, la gran mayoría de la sociedad se muestra de acuerdo porque a cambio a los chavales los vamos a saturar con horas de matemáticas, creyendo que así, los enanos van a ser Albert Einstein.

Así que si no hay cultura musical, difícil será que se valore el trabajo de cualquier músico. Pero hay más factores: otro es el precio. No es normal lo que hay que pagar en España por cualquier disco, cuando si uno se va a cualquier país de nuestro entorno puede pagar por el mismo CD o vinilo hasta un 60% menos. No hace falta, sin embargo, viajar. Basta con buscar un disco cualquiera en la tienda de Amazon en EE.UU. y buscarlo en el portal español. La diferencia de precio es considerable. Así que otro punto más para que el personal se descargue música de forma “ilegal”.

Y luego se encuentra el tema de la calidad. Como ocurre con la mayoría de productos de consumo, queremos todo y lo queremos por la cara. Exigimos que nos den las cosas gratis y si nos cuestan unos pocos céntimos, ya no lo queremos pagar. Y si no pagas, lo que te llevas es “purita mierda”. Así que vivimos en un mundo en el que la coprofagia nos encanta. A fin de cuentas es gratuita y es esto último lo que aporta más valor.

El problema de esto es que los que nos ofrecen los productos tampoco se esfuerzan en darnos calidad, básicamente porque preferimos el chopped al jamón ibérico y entonces, cuando realmente quieres pagar por algo, muchas veces no lo encuentras. En el mundo de la música sucede. Y nos encontramos sonidos con una calidad de ínfima porque de lo que se trata es de que llevemos en los smartphones o en el reproductor MP3 la obra completa de Beethoven o la discografía completa de los Stones, aunque la mayoría de los que las han descargado no lo vayan a escuchar en su vida. Las canciones se comprimen hasta el infinito y más allá y se pierden detalles importantes de cualquier melodía. ¿Sabías que un vinilo tiene menos compresión que un CD y mucha menos que un MP3? Si todavía eres de esos que tiene un tocadiscos prueba a escuchar un tema y luego compara con el sonido del MP3. La diferencia es notable.

Harto de que nos invada la morralla en forma de sonido, el compositor Neil Young ha decidido crear un sistema en el que prime la calidad. Se llama Pono y promete ofrecer sonido en alta fidelidad tal y como se graba en un estudio. ¿Tiene posibilidades de éxito? En mi opinión, ninguna. O al menos no la tiene si lo que se pretende es que la mayoría de la gente se compre un aparato que cuesta 400 dólares y que la descarga de cada disco se sitúe entre los 15 y los 25 dólares. No, Neil, a la gente le gusta la bazofia, así que ni el reproductor ni el servicio van a tener éxito. Otra cosa es que el planteamiento sea el de llegar únicamente a un público exclusivo. En este caso puede que consiga su objetivo, pero el precio de cada disco, por muy HD que sea, debería bajar unos cuantos dólares y situarse en el mismo rango de precio que un CD o un vinilo.

Porque Neil Youg sí ha dado con una clave. Algunos todavía pagamos por la música y seguimos comprando soporte físicos y pagamos servicios Premium para escuchar música en streaming. Y es en este último punto donde se verá si la aventura emprendida por Young tiene éxito: si Pono es capaz de ofrecer un servicio de alta calidad en streaming, entonces muchos cambiaremos Spotify por Pono.

La música de hoy, como no podía ser de otra forma, la pone Neil Young y uno de sus temas más conocidos: Mansion on the Hill

 

Apple no es Ryanair

Los nuevos iPhones supuestamente "low cost".
Los nuevos iPhones supuestamente “low cost”.

Como es habitual cada vez que Apple presenta alguno de sus nuevos productos, el mundo tecnológico entra en éxtasis. En realidad, el clímax sólo se produce cuando se habla del iPhone en donde los medios, los blogs o las redes sociales se lanzan al sexo desenfrenado. La bacanal se transforma en mero sexo con protección si lo que la compañía de Cupertino presenta son, por ejemplo, unos nuevos iMac. Pero no ha sido el caso. La expectación ante el lanzamiento de los nuevos iPhone ya era brutal y como siempre los rumores sobre las características de los nuevos terminales empiezan a gestarse prácticamente desde que se presenta el modelo anterior (ahora mismo ya se empieza a comentar lo que traerá consigo el posible iPhone 6).

Uno nunca ha sido fanático de los dispositivos de Apple, salvo del primer iPhone que sí me sorprendió. El último modelo, el iPhone 5, no me pareció ninguna maravilla. De hecho son varios los modelos de smartphone que superaban al de Apple. Sin llegar a lo que supuso la aparición del primer iPhone, el nuevo 5S, sí que me parece que aporta cosas interesantes, sobre todo lo que se refiere al lector de huella dactilar, con lo que sólo el dueño del teléfono podrá tener acceso al mismo y permitirá, entre otras cosas poder realizar pagos de forma segura. Claro, les presentas esto a los iphoneros y a ninguno se le ocurre preguntarse cuáles son las desventajas de esta tecnología. Nos han comido tanto el tarro con el tema de la seguridad que no caemos en otras comsecuencias. Así, todo el mundo es felicísimo colgando fotos en el Facebook o dando rienda suelta a todo tipo de pensamiento que sólo compartiría en la calle con sus amistades más íntimas. Por ese motivo muy poca gente se habrá preguntado a dónde van esos registros de tu huella dactilar. Dado que vivimos en un permamente Gran Hermano y teniendo en cuenta que la NSA, la Agencia de Seguridad Nacional de EE.UU., ha afirmado que puede obtener la información que quiera de cualquier smartphone, esa innovación del iPhone (que por cierto ya probaron antes otros fabricantes como Toshiba) ya me gusta menos.

Cuando presentaron el iPhone 5 los locos de la marca de la manzana mordida ya se apresuraron a pregonar todo tipo de alabanzas sobre el mismo. Todos los demás teléfonos del mercado eran bazofia. Y fueron a la velocidad de la luz a comprar el cargador de coche porque a Apple le dio por cambiar el antiguo conector (no, en Apple son incapaces de poner un puerto micro USB, porque son así de modernos). Y todos contentos con su nuevo modelito. Y todos ellos… ¡se han quedado obsoletos porque Apple ha decidido que descataloga el iPhone 5 aunque siga vendiendo el iPhone 4S! Así que a todos los que os habéis comprometido con vuestra operadora por dos años o hayáis pagado la pasta que os pedían por él, Apple considera que sois tan caducos como aquellos que tengan el iPhone original o el 3GS, con la diferencia de que éstos últimos ya han amortizado su terminal.

Otra cosa sorprendente es el otro terminal que también presentaron el pasado miércoles. El denominado iPhone “low cost”, que se comercializará con el nombre de iPhone 5C. La C quiere decir caro, porque para ser de bajo coste el que lo quiera comprar liberado tendrá que desembolsar la simbólica cantidad de 549 dólares. Eso sí los materiales con los que está fabricado este modelo sí son más baratos. Por ejemplo, está hecho de plástico, lo que abarata el terminal. Sí, sí, Apple ha cedido a las bondades del plástico a pesar de que durante años ha estado poniendo a caldo a todos los fabricantes por incorporar este material en sus terminales. Ellos siempre han sido más selectos y exclusivos y nunca trabajarían con ese elemento tan ramplón. Claro que, para intentar convencer al personal, en Apple dicen que no, que su iPhone “barato” está hecho de policarbonato. Vamos, lo que viene a ser un tipo de plástico.

De todas formas, me sorprende la indignación en cuanto al precio del teléfono de marras. ¿Qué os creíais, que Apple iba a sacar un smartphone al módico precio de 100 euros? Nunca ha estado en la política de la empresa creada por Steve Jobs presentar productos económicos. Apple no es Ryanair. Los reyes del glamour no se pueden relacionar con la chusma. Sus productos son para gente selecta y si la plebe lleva un iPhone en el bolsillo es porque han pedido un crédito o han contraído matrimonio indisoluble con su operadora de telefonía. Lo siento, pero Ferrari nunca sacaría un coche de 20.000 euros ni al propietario de un terreno en la urbanización La Finca se le ocurriría construir un conjunto de adosados. Es algo a lo que deberíamos acostumbrarnos. Si quieres un iPhone, lo tienes que pagar aunque te decantes por el modelo “low cost” y si no puedes tienes dos opciones:  te endeudas o te compras cualquiera de los que venden a 150 euros que total para chequear el WhatsApp o jugar al Candy Crush te es más que suficiente.

La crisis no está haciendo que nos acostumbremos a querer sólo lo necesario, sino que siempre queremos más. Siempre tendemos a crearnos necesidades aunque no podamos permitírnoslas, aunque sea un iPhone de plasticorro. Así que la música de hoy acompaña perfectamente: Eddie Vedder, líder del grupo Pearl Jam y que compuso esta deliciosa canción, titulada “Society”, para la película “Into the wild”. La letra es un leñazo en toda regla a la sociedad de consumo.

¿Por qué lo llaman Finish cuando quieren decir Calgonit?

calgonit-finishIBM organizó hace un par de semanas su convención anual sobre comercio electrónico.  En épocas de crisis como la actual parece que este tipo de movimiento mercantil es de los pocos que escapan de la situación nauseabunda que padecemos. En realidad, el comercio electrónico sube no porque se haya producido una fiebre consumista a través de Internet.  Básicamente, lo hace porque el personal no tiene un euro en los bolsillos y en el escaparate mundial de la Red puede encontrar alguna que otra ganga. Esta afirmación también empieza a ser un mito: son tantas las opciones de compra que los usuarios empiezan a descubrir que las gangas cada vez son menos y cuando se encuentran,  normalmente son copias malas de dudosa calidad provenientes de China.

Es el mal de la marca blanca. Nos hemos acostumbrado al Mercadona y ya nadie nos mueve de ahí. Y queremos Mercadona en todos los ámbitos de nuestra vida. Sí, exigimos duros a pesetas y nos auto engañamos creyendo que efectivamente nos los dan.

No obstante, como en los tebeos de Asterix y Obelix siempre existen productos y marcas que resisten y, me atrevo a pensar que resistirán,  porque nadie ha sido capaz de desbancarlas. Durante este evento de IBM uno de los ponentes aseguró que la marca ya no era relevante. Lo interesante radica en conocer las inquietudes de los usuarios y saber anticiparse a lo que necesita. Yo te lo digo: “show me the money”. Eso es lo que quiere el usuario. ¿Te crees que Ikea vende muebles a tutiplén por su atractivo diseño sueco? ¡Una gaita! Lo hace porque son baratos. Y al personal le da igual que la alfombra la haya confeccionado un menor en Bangladesh, en condiciones insalubres, con tal de que le cueste 12 euros.

Y aquí es donde aparecen las marcas sólidas. Esas que unen a la maruja del vecindario y al snob del barrio de Salamanca. Son resistentes a tendencias y a modas. Se compran on line y off line y no tienen sustituto por mucho Hacendado a precio económico que haya.  Son esos productos:

1-. Coca Cola: Nadie ha podido sustituirla. La encontramos en bares, tiendas de chinos, estaciones de tren y autobús,  gasolineras y hasta en el Mercadona.  Ni siquiera Juan Roch ha conseguido quitarla de los estantes de sus supermercados.  Vale. Ahora vendrá el fanático de la Pepsi, pero ese no cuenta porque son cuatro los que prefieren esa marca. De hecho, no conozco a nadie que entre en un bar y pida una “pesi”. La realidad demuestra que sólo tomamos Pepsi cuando, tras una larga noche, nos da igual que en el garito de turno lo único que se pueda beber con el ron o el whisky sea esta poción hiperazucarada.

2-. Finish. Esta quizá demuestra que la fidelidad del cliente hacia una marca es inexpugnable. De hecho, mientras preguntaba en Twitter y a través de los numerosos grupos de WhatsApp a qué marca o producto no se renunciaría jamás nadie mencionó esta marca. No, todos dijeron el original: Calgonit.  Así que si todo el mundo sigue conociendo a la marca con su nomenclatura primigenia,  sólo queda preguntarse,  quién fue el inteligente del departamento de marketing que decidió cambiar de nombre.  Vamos a ver… se puede mejorar la eficacia del lavado gracias a la pastilla, cambiarle la forma,… pero ¿por qué llamarle Finish cuando quieres decir Calgonit?

3.- Cola-Cao. Desde que los negritos del África Tropical se metieron en nuestras vidas hace muchos años, nadie ha podido desbancar a este cacao soluble. Vale sí, los del Nesquik lo han intentado y se acercan, pero eso de que se disuelva al instante no hace más que pensar que nos encontramos ante un producto que lleva menos cacao que el Cola-Cao, y al final de lo que se trata es de ver que lo que nos estamos bebiendo sea algo consistente. Si no, es preferible comprar un batido de chocolate, aunque sea de marca nisu.

4.- Nescafé. Sucede lo mismo que en el anterior. Uno se acerca al estante del café del supermercado y se encuentra infinidad de botes de café soluble y al final, te decantas por el Nescafé. ¿Por qué? Pues porque los demás son simples sucedáneos que intentan imitar al original y no se acercan por mucho que lo intenten y por muy baratos que sean.

5.- Whatsapp. La tecnología se ha convertido en el paraíso de la marca blanca. Windows ya no domina y por ejemplo, Linux, sin que muchos lo sepan, se ha ido instalando en nuestras vidas. Pero en estos momentos, entre la cantidad de opciones de mensajería que tenemos, no hay quien desbanque al Guasa. El motivo: es simple y ahí radica su secreto. ¿Line? Es una app que todo el mundo tiene y nadie utiliza, por mucho que sea gratis. Lo de los emoji, stickers y demás, lo único que hacen es ocuparte la pantalla mientras estás en una conversación. Al final se convierte en un infierno y no sabes si te encuentras en un comic manga o chateando con tu novia. De ChatOn o WeChat ni hablamos: son las apps que uno se encontraría en el chino de la esquina.

Así que dudo mucho que como dijo el representante de IBM algunas marcas desaparezcan de nuestra mente. Y ya sea online u offline, las seguiremos comprando aunque existan otras más baratas.  Y vosotros, ¿de qué marca no prescindiríais aunque hubiera otra similar y más barata?

La música de hoy la pone un grupo de Florida (EE.UU.) llamado Radical Face. Su estilo recuerda en algunos temas a los primeros Simon & Garfunkel y más reciente a Sufjan Stevens. Melodías bien compuestas y conjuntadas como en el caso de esta canción, Ghost Towns… muy triste pero preciosa.

Actualización 3-Junio-2013

Atendiendo a peticiones daré la lista de las 15 primeras marcas de la miniencuesta realizada a través de twitter y whatsapp. Son estas.

1.- CocaCola

2.- Finish

3.- Cola Cao

4.- Nescafé

5.- Whatsapp

6.- Durex

7.- Donuts

8.- Kellog’ss

9.- Colgate

10.- Fairy

11.- Mahou

12.- Vitroclen

13.- Tónica Schweppes

14.- Pan Bimbo

15.- iPhone (Apple)

Casualidades de la vida,  mi colega de Actualidad Económica, Miguel Ángel Uriondo (@uriondo), escribió hace exactamente tres meses sobre la misma temática que este post que acabas de leer. Lo sorprendente del tema es que las tres primeras marcas de este post no sólo coinciden con las del suyo sino que lo hacen en el mismo orden. Leedlo, por favor. No tiene desperdicio. Haz click aquí para leerlo.

El economista agorero vive en Matrix

Santiago Niño Becerra. Fuente de la imagen www.revistarambla.com
Santiago Niño Becerra. Fuente de la imagen http://www.revistarambla.com

Ayer por la tarde estuve en un evento en el que una de las principales empresas tecnológicas de este país,  Ibermática, celebraba su 40 aniversario.  Todo muy bien organizado, con una excelente puesta en escena y con interesantes aportaciones. Nada nuevo en esta compañía caracterizada por su buen hacer en el mundo de las TICs y con una cúpula directiva realmente cercana y siempre dispuesta a ayudar.

Uno de los apartados del evento era, cómo no, hablar de la crisis económica que asola a España.  Y ahí, claro está, aparecen los economistas y pseudo economistas que gracias a la crisis han hecho el agosto y de paso, mucha pasta. “La cosa” ha hecho que para ellos no exista la crisis. Nadan en la abundancia a costa de repetir el mismo discurso desde hace seis años. Se lo juro. De cada uno de ellos he asistido, al menos, a tres conferencias en los últimos años y en todas ellas dicen exactamente lo mismo. Se repiten cual bacalao al ajoarriero. Son como un vinilo rallado con la diferencia de que no puedes mover la aguja para que la canción siga sonando. Y son tres: el trío mediático de los economistas estrella. El trío calavera y agorero que, en el fondo, desean que la cosa llegue hasta el infinito y más allá para poder seguir viviendo a su costa. Son estos tres: Santiago Niño Becerra,  José María Gay de Liébana y Leopoldo Abadía.

En la charla-coloquio de Ibermática el representante de este elenco era Niño Becerra. Como en los otros dos casos tienen una cualidad innegable: saben comunicar y captan la atención de cualquier tipo de público. Como el speech que sueltan es el mismo allá por donde van se lo saben de memoria, así que el error en las disertaciones es prácticamente nulo. Eso sí, cada cual tiene un estilo y una perspectiva diferente.

Abadía es el prototipo del individuo normal, de la calle, el amigo del que sólo ha alcanzado a sacarse el graduado escolar y que soluciona cualquier mal económico con la receta del ama de casa. El producto se vende bien, todo el mundo le entiende. Publica sus libros ninja y todos le hacen la ola.

Los otros dos son catedráticos y saben mogollón. Son auténticos maestros de la economía pero entre Niño Becerra y Gay de Liébana hay dos diferencias. El segundo es más campechano y aunque su perorata está siempre llena de datos y cifras, sabe llegar a un público intermedio. Con frecuencia suelta chistes para que el público no desvíe su atención. Aunque suele ser un tipo con pronósticos negativos siempre deja un rayo de esperanza. Niño Becerra basa su éxito en ser el más agresivo de los tres y sobre todo en su pensamiento catastrofista. La primera vez que le ví, allá por el año 2009, auguró que la crisis no acabaría hasta 2020 y que el paro alcanzaría el 30%. Va camino de acertar. Es quizá ese pensamiento agorero el que le da un rotundo éxito y por ello es al que más veces he tenido que ver y escuchar. El colega está de moda. Su tema estrella es la deuda. En su discurso siempre aparece. La otra frase favorita es que nunca llegaremos a la alegría que teníamos a principios de este siglo. Evidentemente, tiene razón. Cualquiera con mínimos conocimientos de economía lo sabe. Pero lo que jode es que nunca ofrece ninguna solución a los problemas. Todo son malos augurios y punto. No hay luz al final del túnel, con lo que queda estupendamente bien. Si además adereza los vaticinios con puyas a la casta política el éxito está más que asegurado. Es entonces cuando el público sale admirado de la sala pensando que acaba de escuchar a un auténtico líder. Y sí es un maestro, pero del embrujo.

Si uno va a un médico y este le dice: “mire tiene un cáncer y esto es porque usted hace unos años ha fumado, también ha bebido demasiado y ha llevado una vida sedentaria. Si en vez de comer tanta carne roja hubiera comido más verdura y pollo a la plancha otro gallo le cantaría. ¿Sabe lo que le va a pasar? Pues que le va a doler mucho, que ese cáncer se irá extendiendo por todo el cuerpo y al final se morirá”. ¡Coño! Eso ya lo sabe el paciente. Lo que quiere es que le cures o al menos lo intentes. Por lo menos muestra alguna solución. No, todos estos economistas estrellas no aportan ninguna solución. Tan sólo dicen de dónde vienen los males y cómo esos males van a seguir durante mucho tiempo. ¡Se los dije!, les falta decir.

Pero claro, de vez en cuando tienen que ir introduciendo matices y novedades. Estos pueden ser las nuevas cifras de paro, el incremento de la deuda o lo de puta madre que vivíamos con sueldos de mierda. Y ahí, en ocasiones, llega la metedura de pata. La que toda persona que ha alcanzado la cima comete gracias a su creencia de que detrás de él, el caos. En la charla de ayer el señor Niño aseguró: “el paro no va a caer. Es más dentro de unos años sólo será necesario que trabaje el 5% de la población. El resto no sirve. ¿Conocen las impresoras 3D? Pues de aquí a unos pocos años los edificios, puentes y casas los harán impresoras 3D”. Con lo cual a tomar viento arquitectos, aparejadores, obreros, fontaneros, electricistas,…  Joder, el slogan de los bancos va a ser el de “hipotecas para que te compres una impresora”. La realidad es que la impresora 3D puede fabricar el edificio, pero no ensamblarlo. En realidad el procedimiento es como el de los puzles 3D ¿Se imagina el tamaño que necesita una impresora para construir el Empire State? No sólo eso ¿la impresora 3D pone las cañerías y las fuentes de alimentación? ¿Acaso mientras imprime, monta el baño y el dormitorio? Pues no. Puede imprimir los ladrillos, o los retretes o el tendedero… pero siempre hay que montarlo con lo que seguirá existiendo el arquitecto o el aparejador, sólo que tendrá que formarse en otras técnicas nuevas. Como dijo mi colega Adolfo Miranda, “lo mismo es que vivimos en Matrix y no nos hemos enterado”. Y sí, ahí se quedaron algunos de estos economistas.

La música corre hoy a cargo de The Lumineers un grupo norteamericano muy folkie que con un único disco ya han sido nominados a un par de Grammys (que no ganaron). Que lo disfrutéis

¿Por qué existen algunas agencias de prensa?

Fuente de la imagen: http://tenerifetrail.blogspot.com.es/
Fuente de la imagen: http://tenerifetrail.blogspot.com.es/

Una de las tareas cotidianas de los periodistas del sector TIC es bregar a diario con las agencias de prensa. Estas existen por un simple motivo: ahorrar costes a las compañías. La comunicación siempre ha sido un elemento de segunda en la estrategia de las empresas. Es algo claro: no tiene un retorno palpable de la inversión. No es como el departamento de ventas que siempre sabe cuánto ha ingresado. Tampoco es el departamento de TI que, aunque pula pasta, siempre se puede ver el retorno de lo gastado gracias a la mayor eficiencia de los equipos, la mejora de la productividad de los empleados, etc.

Así que los directivos ven que no es conveniente montar un departamento de comunicación interno dentro de la empresa porque lo único que hacen es gastar billetes y nadie puede cuantificar (por mucho que Google lo intente) cuál es el retorno económico que supone aparecer en este o aquel medio de comunicación. Pero en el fondo a nadie le amarga salir en la portada de un periódico, una revista o en alguno de los mayores portales de Internet. A todos les gusta aparecer en los papeles. A fin de cuentas, ¿no aparecen los de Microsoft o los de Apple?– se preguntan estos ejecutivos. Así que cualquier directivo de cualquier empresucha de mierda decide que debe montar una estrategia de comunicación y contratar a un profesional  que le asesore y oriente. La solución se encuentra en la agencia de prensa. Por cuatro euros se pone en las manos de una de ellas. Esta ha de ser pequeñita porque son las únicas que están dispuestas a aceptar unas condiciones draconianas ya que son ellas las que a su vez atropellan a sus ejecutivos de cuentas (generalmente recién licenciados a los que se les abonan menos de mil euros). Con todo ello, el cliente se ve en disposición de exigir aparecer en El País o en Expasión al menos una vez al mes, sin querer enterarse de que la información que genera su empresa es una auténtica bazofia y no da ni siquiera para rellenar un miserable breve en la columna más perdida de una revista. Y es gracias a este modus operandi cuando empieza el drama del periodista que resumo en estos siete puntos.

1.- Lo sé, tu jefe es un cabrón y te explota. Te exige que me llames a diario para saber si he recibido una nota de prensa que no hay por donde cogerla. Así que no te sorprendas si transcurridas dos horas de jornada laboral en las que lo único que he hecho ha sido perder el tiempo respondiendo a este tipo de preguntas te contesto en plan borde. Si me has enviado una nota de prensa, casi seguro que la he recibido pero si no la ves publicada es que no me interesa y a mis lectores tampoco. Díselo a tu jefe: lo único que consigues con esta estrategia es que te pase a la carpeta de spam y cuando tengas algo realmente interesante no me voy a enterar.

2.- El teléfono móvil personal es eso. PER-SO-NAL. Si alguna vez te lo he dado es porque tenía una cita con alguno de tus clientes o he ido a un viaje de prensa organizado por ti. Sí, yo soy como Gollum y mi móvil es mi tesoro, así que no hagas trampas: si no me localizas en la oficina no me llames al móvil para preguntarme si he recibido una nota de prensa, porque a no ser que seas alguien de confianza lo único que vas a conseguir es que cuando me siente delante de tu nota de prensa me pase algo similar a lo que le sucede a Mourinho con Casillas. Esto también se lo puedes decir a tu jefe.

3.-Esta va directamente a tu mandamás: se supone que tú eres el experto en comunicación y que tu cliente no sabe distinguir un ladillo de una entradilla. Para él su producto es el mejor y no entiende porque el New York Times todavía no se ha fijado en su empresa. Así que tú eres el responsable de explicarle que su producto no es tan bueno como para convocar a la prensa y que no está bien eso de que medio sector tenga que ir a un hotel a comprobar las apasionantes bondades de “el ratón para jugones”.

4.- ¿Por qué me mandas la misma nota de prensa 20 veces en un día? Comprendo que pueda ser un problema puntual. A todo el mundo le ocurre pero cuando eso se repite varias veces por semana entonces entiendo que no lo es y que lo estás haciendo como una estrategia para que no se me pase la “valiosísima” información de tu cliente. Conclusión: vas a ir directito a la carpeta de Spam.

5.- Mi correo no es twitter, así que no te puedo dejar de seguir. Mi castigo es que voy a recibir tus notas quiera o no quiera: por favor, me dedico a las tecnologías así que, ¿por qué me mandas información de tus clientes de perfumería, de juguetes o de parafarmacia?

6.- Otro punto es el referente a la publicidad. Tu cliente es muy libre de dejarse sus dineros donde quiera, pero no está bien que al comercial de mi revista le digas que no estás interesado en invertir en papel y que sólo lo haces en Web y luego a mí me pidas explicaciones del porqué no he publicado determinada y “siempre interesante” información tuya en la revista aunque sí lo haya hecho online. También se lo puedes decir a tu jefe: hay que ser coherente y si para una cosa no te interesan los medios impresos es lógico pensar que para la otra tampoco, ¿no?

7.- Si una vez te digo que no a una entrevista, mi opinión no va a cambiar a la semana siguiente. No está bien que me la intentes colocar a toda costa vendiéndome la moto. Es casi preferible que me digas que tu cliente te está dando el coñazo y me pidas ayuda. Lo puedo hacer si lo haces educadamente.

Sí amigos, esta es la apasionante vida del periodista tecnológico. Porque la realidad es que las empresas grandes y las agencias profesionales (aunque lleven a algún cliente de esos pequeños) en contadas ocasiones caen en uno de estos siete errores por un motivo fundamental: saben qué es la comunicación y su verdadero valor. Y eso es lo que deberían de aprender otras agencias que trabajan con clientes que creen que porque pagan son los reyes del mambo.

Supongo que los periodistas también tenemos nuestras rarezas, así que si algún ejecutivo de cuentas quiere tan sólo tiene que escribirlas en los comentarios.

La música de hoy la pone el hijo de Anthony Perkins (Norman Bates en Psicosis), Elvis Perkins al que le dio por dedicarse a componer canciones folkies con muy buen gusto como se demuestra en esta maravillosa melodía: “While you are sleepning”.

Chávez, el vergatario, los P2 y los memos

El vergatario: en realidad desarrollado en China, ensamblado en
El vergatario: en realidad desarrollado en China, ensamblado en Venezuela

Tras la muerte de Hugo Chávez la semana pasada, mucho se ha escrito sobre el personaje en cuestión. Sin entrar en valoraciones sobre lo que ha hecho o dejado de hacer, lo que está claro es que era un tipo que no dejaba indiferente a nadie: alguien con carisma y capaz de comunicar. No es sorprendente que el pueblo le votase y a la hora de su deceso saliera larga en procesión y romería a venerarle. Ejemplos en nuestro país tenemos varios. El más claro de todos: Jesús Gil y en estos días Rosa Díez.

La clave de todo buen populista radica en su capacidad para decir las cosas que todo el mundo quiere oír. Todo ello aderezado con una pizca de bravuconería y un estilo “echado p’alante”. Importa poco que de lo que se trate es de hablar del imperialismo yanqui (como Chávez) que de despreciar a la clase política y sus dádivas aunque tú lleves beneficiándote de ellas desde 1979 (como Rosita). De lo que se trata es de que mediante un lenguaje directo y, en ocasiones, chusco, lograr que el populacho se regocije y piense que va a ser él o ella los que les liberen de sus problemas y de su vida miserable. Es de eso de lo que se aprovechan personajes de semejante calado y que se han repetido a lo largo de la historia. En realidad, todos ellos, a uno y a otro lado no son más que una mera farsa.

Como buen charlatán de feria, Chávez era un tipo astuto e inteligente. Por eso era capaz de enfrentarse casi ante cualquier elemento que se le pusiera delante. Un personaje dominador de cualquier materia. Por supuesto, entre sus conocimientos también se encontraba el mundo de las nuevas tecnologías. De hecho dejó al mundo uno de los grandes avances de las telecomunicaciones del último decenio: el Vergatario.

¿Qué es lo que se esconde detrás de esta nomenclatura? Visto así de primeras parece que nos hubiéramos metido en una página web con alto contenido sexual, no apta para menores, pero no. Tras el Vergatario se esconde un móvil. Un teléfono revolucionario en todos los sentidos del calificativo. Revolucionario porque el Estado venezolano lo sacó al mercado para competir contra la tiranía de las multinacionales dedicadas a la fabricación de terminales móviles.  Revolucionario por la tecnología puntera que desplegaba y, finalmente, revolucionario porque Chávez así lo decía: “el primer teléfono fabricado en Venezuela. Todo buen revolucionario de la República ha de llevar su Vergatario (aunque él fuera más de Blackberry)”.

Analicemos el aparato en cuestión. Su primera versión es del año 2009, es decir, cuando la tecnología móvil era algo más que una promesa y por ejemplo, ya existían varios modelos de Smartphone. El revolucionario teléfono según el propio Chávez “es un aparato con capacidad para almacenar 500 contactos en su memoria, puede usarse como alarma, tiene cámara, calendario, notas de voz, cronómetro y linterna. Es ligero, liviano y sólo cuesta 10 euros”. Además y según la publicidad estaba fabricado en Venezuela (esto es otro aspecto destacable de cualquier populista que se precie: invocar al patriotismo). Bueno, hay que decir que el móvil estaba ensamblado en Venezuela pero toda su tecnología era de la multinacional china ZTE y concretamente el modelo Vergatario se correspondía en realidad con el ZTE 366.

Pero vayamos al nombre. Como buen elemento propagandístico, el teléfono tenía que tener un nombre llamativo, que quedara retenido en la memoria del personal y se optó por el de Vergatario. Hombre, podían haber elegido otro, ¿no? Vale que en Venezuela el término significa algo así como “algo o alguien que merece la pena”. Vamos, traducido al mundo teckie algo guay, moderno, fashion… en definitiva, un auténtico maquinón. Un aparato que se vendió en tales proporciones que rápidamente tuvieron que sacar a la venta el Vergatario II. En realidad esperaban distribuir un millón de unidades en su primer año, pero la cifra se quedó en 100.000 y la empresa encargada del ensamblaje sólo logró montar el 24% del total.

La realidad es que ni a Dios le interesaba ir con un Vergatario en el bolsillo. Así que se le dio la vuelta a la tortilla y el escaso éxito del terminal según el propio Chávez y su ausencia en las tiendas era debido a que “el Vergatario salió y de inmediato desapareció de los mecanismos de distribución, de un sistema de flujo permanente” gracias a que todo el mundo andaba pegándose por adquirir un móvil de última generación (salvo Chávez que prefería la BB).

A lo mejor si le hubiera puesto otro nombre las ventas hubieran sido mejores. Pero no debe de ser el caso, porque la realidad es que son muchos los fabricantes que designan a un producto con un nombre que incita más a la chanza que a que lo compres por las bondades que pudiera tener.

Así que en esto del nombre Chávez no tiene la exclusiva. Sin ir más lejos en el pasado Mobile World Congress, los chinos de Huawei presentaron su Ascend P2. Hombre, P2 en español para un teléfono suena mal, pero es que si lo ponemos en inglés PI-TU tampoco es que sea muy sonoro. Más bien parece que están hablando del nuevo Vergatario en bable.

Y luego tenemos al fabricante del Vergatario original. Nuevamente la china ZTE también ha presentado en el MWC un Smartphone al que le ha llamado el Grand Memo. Hombre, si lo que quieres destacar  es su capacidad de memoria, llámale Memory, o memorión pero no le llames Memo, porque entonces lo que me da la sensación es que me encuentro ante una bazofia de teléfono. Hombre, por favor, que no queda nada bien eso de decir: “Mira, llevo un gran memo en mi bolsillo”. En fin, que en esto de los nombres, a los directores de marketing se les podían ocurrir cosas mejores o al menos más apropiadas.

La música de hoy va a ser de un tipo que el viernes pasado ofreció un concierto en Madrid y que responde al nombre de Josh Rouse. Un cantante / compositor que hace un pop y un folk-rock delicioso y que tiene desde hace muchos años fijada su residencia en España y tiene varios temas en nuestro idioma.