Música coprofágica

Pono, el reproductor de música con calidad HD
Pono, el reproductor de música con calidad HD

El mercado musical está de capa caída o al menos eso es lo que dicen. Da la sensación de que siempre es la piratería la que hace que las cifras de ventas se encuentren en nuestro país por los suelos. No estoy de acuerdo con esta opinión o al menos, no al cien por cien. “Difama que algo quedará” se suele decir, y la industria musical, entre las que también se incluyen artistas que antaño vendían discos como rosquillas pero que hoy no tienen nada que ofrecer y aportar, suelen aparecer cada cierto tiempo para denunciar cómo las descargas ilegales están haciendo que casi se conviertan en indigentes. Lo que no se puede pretender es seguir viviendo de “los litros de alcohol” o de los “cadillacs solitarios” y culpar a esas descargas de su difícil situación económica.

En primer lugar hay que partir de un hecho: España es un país con una cultura musical nula entre otras cosas porque si hablamos de educación, la música, al contrario de lo que ocurre en otros países, siempre se ha considerado una asignatura “maría”. Así que el oído de los españoles no se encuentra convenientemente educado y a lo máximo que llegamos es a escuchar la morralla enlatada de los 40 Principales. De esta forma, si tenemos la misma educación musical que un cavernícola y seguimos considerando a la música como algo sin importancia, es normal que no se valore y se aprecie, y por tanto, las descargas, ilegales o no, de música bazofia están a la orden del día. No sólo eso, sino que a la hora de abordar nuevos planes educativos la eliminamos de la misma forma que quitamos plástica o nos cargamos la filosofía. Lo grave es que, gracias al “populismo 100%”, la gran mayoría de la sociedad se muestra de acuerdo porque a cambio a los chavales los vamos a saturar con horas de matemáticas, creyendo que así, los enanos van a ser Albert Einstein.

Así que si no hay cultura musical, difícil será que se valore el trabajo de cualquier músico. Pero hay más factores: otro es el precio. No es normal lo que hay que pagar en España por cualquier disco, cuando si uno se va a cualquier país de nuestro entorno puede pagar por el mismo CD o vinilo hasta un 60% menos. No hace falta, sin embargo, viajar. Basta con buscar un disco cualquiera en la tienda de Amazon en EE.UU. y buscarlo en el portal español. La diferencia de precio es considerable. Así que otro punto más para que el personal se descargue música de forma “ilegal”.

Y luego se encuentra el tema de la calidad. Como ocurre con la mayoría de productos de consumo, queremos todo y lo queremos por la cara. Exigimos que nos den las cosas gratis y si nos cuestan unos pocos céntimos, ya no lo queremos pagar. Y si no pagas, lo que te llevas es “purita mierda”. Así que vivimos en un mundo en el que la coprofagia nos encanta. A fin de cuentas es gratuita y es esto último lo que aporta más valor.

El problema de esto es que los que nos ofrecen los productos tampoco se esfuerzan en darnos calidad, básicamente porque preferimos el chopped al jamón ibérico y entonces, cuando realmente quieres pagar por algo, muchas veces no lo encuentras. En el mundo de la música sucede. Y nos encontramos sonidos con una calidad de ínfima porque de lo que se trata es de que llevemos en los smartphones o en el reproductor MP3 la obra completa de Beethoven o la discografía completa de los Stones, aunque la mayoría de los que las han descargado no lo vayan a escuchar en su vida. Las canciones se comprimen hasta el infinito y más allá y se pierden detalles importantes de cualquier melodía. ¿Sabías que un vinilo tiene menos compresión que un CD y mucha menos que un MP3? Si todavía eres de esos que tiene un tocadiscos prueba a escuchar un tema y luego compara con el sonido del MP3. La diferencia es notable.

Harto de que nos invada la morralla en forma de sonido, el compositor Neil Young ha decidido crear un sistema en el que prime la calidad. Se llama Pono y promete ofrecer sonido en alta fidelidad tal y como se graba en un estudio. ¿Tiene posibilidades de éxito? En mi opinión, ninguna. O al menos no la tiene si lo que se pretende es que la mayoría de la gente se compre un aparato que cuesta 400 dólares y que la descarga de cada disco se sitúe entre los 15 y los 25 dólares. No, Neil, a la gente le gusta la bazofia, así que ni el reproductor ni el servicio van a tener éxito. Otra cosa es que el planteamiento sea el de llegar únicamente a un público exclusivo. En este caso puede que consiga su objetivo, pero el precio de cada disco, por muy HD que sea, debería bajar unos cuantos dólares y situarse en el mismo rango de precio que un CD o un vinilo.

Porque Neil Youg sí ha dado con una clave. Algunos todavía pagamos por la música y seguimos comprando soporte físicos y pagamos servicios Premium para escuchar música en streaming. Y es en este último punto donde se verá si la aventura emprendida por Young tiene éxito: si Pono es capaz de ofrecer un servicio de alta calidad en streaming, entonces muchos cambiaremos Spotify por Pono.

La música de hoy, como no podía ser de otra forma, la pone Neil Young y uno de sus temas más conocidos: Mansion on the Hill

 

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Darle a un gato bebida isotónica Hacendado

Feo de los hermanos Calatrava.
Feo de los hermanos Calatrava.

En este post hablaré de aquello que busca la gente a través de Google y que gracias a esas búsquedas, alguien ha llegado, supongo que por casualidad, a TICreverente. En el post anterior mencionaba que una gran mayoría de las búsquedas tenían que ver con el uso de whatsapp y por este motivo le dedique un único post. En este analizaré las principales búsquedas genéricas o al menos las que son más surrealistas. Al igual que en el último post, las búsquedas se encuentra tal cual se escribieron. No tienen ningún tipo de edición para mantener el sentido de la búsqueda. Al igual que en el post pasado, la que me ha parecido la mejor, lleva el título del post. Estas son las principales:

1.- Que hacer si tu jefe no te pega. Sí, habéis leído bien. En la frase hay escrito un NO, con lo que existe alguien que no disfruta en su trabajo si el jefe no le pega. Quien quiera que escribiera esto tiene un serio problema. Puestos a imaginar e intentando llevar esta frase al terreno positivo, sólo se me ocurre una. Esta persona, tenía o tiene una relación con su jefe/a en la que predominaba el rollo “sadomaso” y o bien el tema cuero y fusta está languideciendo o bien al tipo le han sustituido por un nuevo superior más preocupado por las cifras de la empresa que por el látigo.

2.- Qué significa la sigla F.E.O.: Nada, majo. No significa absolutamente nada. Que el hermano de los Calatrava sea un Adonis griego en comparación tuya, no quiere decir que se hayan creado unas siglas o una asociación para que tú te sientas más aliviado. Yo te voy a ayudar: Feo significa horroroso, troll, uva pasa, amorfo, contrahecho,repelente,… en fin cualquier cosa menos un conjunto de siglas.

3.- cuando uno va a un supermercado uno observa el precio o la etiqueta? Esta búsqueda me tiene loco. Es como preguntar: Cuándo uno mira su smartphone, ¿qué observa? ¿el altavoz o la pantalla? O mejor aún: si uno va al cine, ¿qué mira? ¿los números de las butacas o la película? Por más que intento ponerme en el pellejo del que escribió la búsqueda no logro descifrar que pretendía encontrar…

4.- que reloj tiene carlos floriano? ¿De verdad a alguien le interesa el peluco que lleve este señor? Hombre, yo no lo sé y tampoco me importa, pero supongo que tratándose de un político de un partido en el que el presupuesto destinado a sobres supera al de folios estoy convencido de que un Swatch de plástico no lleva.

5.- darle a un gato bebida isotonica hacendado. Vamos a ver. Lo primero que llama la atención de esta búsqueda no es que alguien le quiera dar una bebida isotónica a un gato. No, eso es lo de menos. Lo importante de la búsqueda es que la bebida isotónica tiene que ser Hacendado. No vale Aquarius, ni Gatorade, ni siquiera la marca blanca del Día. Sólo puedo sacar una conclusión: ríete tú de las prácticas monopolísticas de Google. Mercadona le va a superar con creces, sobre todo cuando empiece a comercializar bebidas isotónicas para felinos.

6.- vecinas q les gusta exhibirse al cambiarse. Si es que como diría mi abuela, “vivimos en un mundo de degenerados en lugar de en uno de orden”. ¿A tu vecina le gusta exhibirse al cambiarse? ¿No será más bien que tú eres un poco voyeur? Piénsalo mejor de esta otra forma: Nadie te obliga a mirar a través de tu ventana para ver lo que hace tu vecina. Dicho de otra manera: si no fueras tan maruja o tan cotilla no sabrías que se contornea para ponerse la falda.

7.- como ser un poligonero. He de reconocer que este tipo me ha llegado al alma: el “pijolas “del barrio de Salamanca o de la “urba” de la Moraleja no puede soportar más llevar náuticos ni polos con la banderita de España. Prefiere las camisetas de los Ramones y la chupa de cuero. Lo suyo es el polígono de toda la vida. Donde esté el polígono Polvoranca o el Charco de los Peces que se quite la calle de la Forsita o Lagasca. Sus padres siempre le han presentado a chicas que se llaman Alejandra, Daniela, Valeria o Carlota … él siempre fue más de la Vane, la Jessi, la Jenni, o la Vero.

8.- personas malas regalando pelotas a los niños. Esta no cuadra. Si una persona es mala no va regalando pelotas a los niños. Hace muchos años, las madres solían decir que no aceptáramos ningún chicle, chuche, caramelo o similar de alguien que no conociéramos bien, porque seguro que “habían metido droga”. Ahora el narco es más moderno y ya que quiere enganchar a lo menores en el consumo, lo hace a lo grande: en pelotas de futbol llenas de sustancias psicotrópicas.

9.- gente que le gusta exhibirse en Facebook. Alguien que ha buscado esto es porque se ha sorprendido del exhibicionismo de la gente. Pues no te sorprendas. Si estás en Facebook es para exhibirte. Para eso, darle al cotilleo más puro y duro y colgar fotos, muchas muchas fotos. Cuantas más fotos cuelgues, mejor… pero eso no es exhibicionismo, ¿o sí?

10.- Finalmente aunque no es la más graciosa, si es la que mejor representa el carácter español. Tengo varias entradas con búsquedas de este estilo ¿Qué regalan en el Mobile World Congress? Y es que, a las ferias se va a lo que se va: a que te regalen bolsas, folletos, bolígrafos o cajas con caramelos Smint, aunque para ello tengas que perder un día entero. ¡Total, es gratis!

Hace dos semanas falleció Lou Reed. Un tipo al que he podido ver en tres ocasiones: la primera de ellas en un espectáculo bochornoso, la segunda en un aceptable concierto y la tercera en un brutal episodio del Rock and Roll. El tema para acompañar el post: Dirty Boulevard, incluído en uno de los mejores álbumes de este icono del rock: New York.

Menos set de costura y más WiFi

¿Por qué cuesta tanto tener WiFi aceptable en un hotel?
¿Por qué cuesta tanto tener WiFi aceptable en un hotel?

Durante los últimos días he asistido al VMworld que se ha estado celebrando en Barcelona. No voy a hablar aquí de lo que ha dejado el evento en cuestión, pues eso ya lo he escrito para BYTE TI, pero sí de uno de los detalles que me llaman la atención cada vez que salgo de viaje y que nunca he mencionado.

Normalmente, a los periodistas nos alojan en hoteles que la inmensa mayoría de nosotros no pagaríamos si fuéramos de vacaciones o a pasar un fin de semana de ocio y relax. Por ejemplo, en este caso, el hotel es un conocido cinco estrellas superior de la ciudad condal. La categoría mínima de los hoteles a los que vamos es de cuatro estrellas y es de ellos sobre lo que voy a hablaros hoy. Concretamente de su equipamiento, tanto tecnológico como de otras fruslerías que te encuentras una vez que pasas el umbral de la puerta de la habitación.

Cuando uno llega a uno de estos alojamientos, lo hace con dos intenciones: descansar y encontrar facilidades para desarrollar su trabajo. La primera se logra con creces, sólo faltaría, pero en el segundo de los casos, a veces, he encontrado mayores facilidades en un hotel medio que en uno de estos denominados de lujo.

El primer problema y el más complicado de solucionar es el del WiFi. Vamos a ver, si estás pidiendo 300 euros por noche, lo normal es que el WiFi me lo ofrezcas incluido en ese precio. Si un McDonald’s lo ofrece por tomarte una cheeseburger, el del kiosco de prensa te lo da también sin ni siquiera tener que comprarle el periódico y el autobús de la empresa municipal te lo regala para hacerte más placentero el trayecto al trabajo, ¿por qué una buena parte de estos hoteles te lo cobran como un extra y al módico precio de 20 euros por día? Vale, estamos de acuerdo. Eres un hotel con clase y distinción. Eres glamouroso y en la entrada principal tienes siempre atasco de Porsches y Lamborghinis. Por supuesto, estás en tu derecho de clavar cinco euros por un mini-envase de Pringles, aunque sean las mismas que vende el chino de abajo, pero hombre lo del WiFi ya no es como hace una década, que te permitía venderlo como un extra y como algo que te diferenciaba de la competencia. Ahora no. Cobrar por una cobertura wifi ya no te reporta clientes. Muy al contrario, te los quita.

Pero no acaba aquí la historia. En la mayoría de los casos la conexión va a pedales. ¡Coño! ¡Ya que me cobras, por lo menos intenta que la conexión funcione en condiciones decentes! Pero es que, aunque lo ofrezcas de forma gratuita y lo incluyas dentro del precio de la habitación, también deberías hacer que el WiFi fuera de una calidad, al menos, aceptable. Claro, encima engañas al cliente y si uno de tus huéspedes te reclama la nula cobertura normalmente se soluciona con un: “No se preocupe señor, ya hemos avisado a los técnicos y van a resolver el problema”. Ah, en ese caso ya me quedo mucho más tranquilo, sólo que es en ese instante cuando empiezas a ver la imagen del técnico de marras y te imaginas a un señor, Ducados en boca, que lo único que hará será encender y apagar el router y obviamente… ¡el WiFi sigue sin funcionar!

He estado en hostales y hoteles modestos y la cobertura inalámbrica funcionaba como un rayo, así que muy posiblemente preferiré que me pongas una conexión buena a que me encuentre entre las “amenities” un mini set de costura con aguja y diferentes tipos de hilos y botones, que muy posiblemente nunca utilizaré durante mi estancia.

Otro de los problemas habituales que uno se encuentra es el de los enchufes. En muchos casos, no hay ninguno libre y como lo que prima es el diseño de la habitación están escondidos. En realidad tiene su lógica: si tú no encuentras el enchufe, llegará un momento en que no podrás disfrutar de la mierda WiFi que te ofrecen. Pero yo soy muy intenso y si no lo encuentro me dedico a indagar dónde acaba el cable eléctrico de la lámpara para poder conectar el cargador de mi smartphone o el del portátil. Porque sí, en muchas habitaciones sólo te encontrarás a primera vista un enchufe: el del baño, pero con un cartelón enorme encima de él en el que te advierte de que sólo puedes usarlo para conectar una maquinilla de afeitar, así que ni se te ocurra enganchar el cable de tu tableta porque lo más lógico es que pueda estallarte en la cara.

Eso sí, igual que los enchufes brillan por su ausencia (o por estar más escondidos que el dinero de Urdangarín) teléfonos hay unos cuantos. Concretamente en este último hotel había ni más ni menos que cuatro: Dos en las mesillas de noche, otro en el escritorio y otro más en el baño, pegadito al retrete. ¿Para qué? ¿Acaso si tengo un apretón me van a entrar unas ganas locas de empezar a llamar a través del teléfono? ¿No sabéis que muchos usuarios se llevan el móvil mientras están en el baño? De verdad que no entiendo por qué a nadie se le ha ocurrido pensar que cuatro teléfonos en una habitación son innecesarios. Sin embargo, se agradecería que pudieras tener unos altavoces para poder conectar el smartphone y escuchar la música que llevas en él. Vamos a aceptar que tener un WiFi en condiciones es compilcado pero ¿tanto cuesta poner una regleta de enchufes en el escritorio?

Finalmente entramos en el apartado de televisión. Normalmente son aparatos gigantes, con el volumen “capado” no sea que te vaya a dar por poner el Surround a todo trapo y molestes al de la habitación contigua. Mal, eso está muy mal: deberías tener una insonorización decente. Esto se consigue con unos tabiques más robustos. Pero, no obstante ese no es el mayor problema: te has dejado una pasta en poner una Smart TV en todas las habitaciones y ¡la colocas en una esquina, alejada de la cama de tal forma que el huésped tenga que hacer verdaderos ejercicios de contorsionismo para poder ver la tele!

Podía seguir con más cosas como esas duchas en las que el agua no llega con presión, o esa manía de tener puesto el aire acondicionado a todo trapo de tal forma que uno parece que entra en el Polo en vez de en una habitación de hotel. O la que a mi me parece más curiosa y que se encuentra en hoteles de todo tipo de categoría: ¿alguien se pone los zapatos con calzador o soy yo el único raro que se compra los zapatos de su número y por ello no le doy uso?

Así que dado que hablamos de hoteles había pensado en dejar un vídeo de Iggy Pop, el de su tema, The Passenger, pero he preferido elegir este otro, con mucho más ritmo y cuya música fue tan bien aprovechada en el inicio de la película Trainspotting y que lleva por título Lust for Life.

Hipocondria made in Google

Fuente de la imagen: sanamente.com
Fuente de la imagen: sanamente.com

El principal avance que ha traído Internet ha sido el de la información.  Platón estaría encantado de la vida, puesto que la Red de redes nos ha traído el acceso a una fuente inagotable de conocimiento de la que hasta hace poco tiempo carecíamos. La frase “sólo sé que no sé nada” empieza a carecer de sentido. Bueno, vale, de acuerdo, es verdad, que hay que saber distinguir y mucha de la documentación es pura morralla pero en general tenemos más y mejor información.

Así que ahora todos podemos ser auténticos eruditos de cualquier tipo de materia.  La Wikipedia nos resuelve cualquier duda y si no, siempre está el twitter para satisfacer nuestra curiosidad.  Pero la curiosidad mató al gato y en este caso que os voy a contar el dicho se convierte en purita realidad.

¿Cuándo preguntas al oráculo Google?  Pues normalmente cuando quieres ayuda: ya sea para cambiar la junta de culata del coche,  conocer cómo descargarte aplicaciones, películas o música por la cara, saber qué ha sido del niño pelota gafotas y acusica de tu clase o encontrar la noticia del día.  Sí, Google lo sabe todo, pero por encima de todas las cosas controla mogollón de medicina. Gracias a ello el hipocondríaco ha encontrado el paraíso.  Que te duele la garganta… Pues fijo que te encuentras ante un cáncer de faringe en grado super-avanzado.  Vamos que la vas a palmar en breve.

Sí amigos, el hipocondríaco es ese personaje que parece estar siempre dispuesto a ponerse el pijama de madera aunque lo único que tenga sea un simple grano en la barbilla. Y parece que existe mucho hipocondríaco a tenor de lo que dice este artículo de El País. Sobre todo aparece cuando salimos del médico. Uno de cada dos pacientes consulta en Internet nada más abandonar la consulta. Es de suponer que una buena parte de los que no consultan, no lo hacen porque sólo han ido a pedir recetas o por cosas menores, así que si descontamos a estos, el porcentaje indica que, o bien no nos fiamos de lo que nos dice el señor doctor o bien somos hipocondríacos en potencia prácticamente todos. Y claro si nos ponemos a buscar  en Google nos aparecen respuestas como los que siguen:

“Problemas con la muela del juicio”: Nos vamos a Google y encontramos lo siguiente: “Al quedar atrapadas las muelas, es factible que a su alrededor se formen quistes que destruyan el hueso ubicado en su entorno. En ciertas circunstancias, en el interior de estos quistes se desarrollan tumores odontogénicos, como el ameloblastoma, sumamente agresivo que puede alcanzar considerables dimensiones” (fuente: globedia.com). Vamos que si el dentista te ha dicho que no tienes nada y que lo único que tiene que hacer es extraer el susodicho molar a ti, como te dé por consultar, lo que te va a suceder es que la siguiente visita la vas a hacer al oncólogo porque el inepto de tu odontólogo no sabe distinguir un cáncer, que es lo que en realidad tienes, de una miserable caries.

“Dolor persistente de tripa”. El buen hipocondríaco sabe que eso es un cáncer de páncreas en toda regla. Veamos con qué nos sorprende el doctor Google. La  primera opción que nos da ya es todo un aliciente. No, no es un cáncer de páncreas. ¡Es peor! Las causas son (fuente Medlineplus): “Apendicitis,  Aneurisma aórtico abdominal, Oclusión o bloqueo intestinal, Cáncer del estómago, el colon y otros órganos, Colecistitis (inflamación de la vesícula) con o sin cálculos, Disminución del riego sanguíneo a los intestinos (isquemia intestinal), Diverticulitis, Acidez gástrica, indigestión o reflujo gastroesofágico, Enfermedad intestinal inflamatoria (enfermedad de Crohn o colitis ulcerativa), Cálculos renales, Pancreatitis (inflamación o infección del páncreas),Úlceras.” A ver. Si el médico te ha dicho que dejes de comer tanta fabada Litoral porque te está causando un problema de gases, ¿por qué te empeñas en tener alguna de estas cosas raras?

Me duelen las sienes: Pues nada, aquí en vez de pensar que en realidad tienes un dolor que se pasa con ibuprofenos lo mejor es creer que estás enfermo de “Trastornos de la refracción ocular, Cefalea tensional, Migraña, Dolor de cabeza en racimo, Sinusitis, Arteritis temporal, Hemorragia subaracnoidea, Meningitis, Encefalitis, Hipertensión, Neuropatía óptica anterior isquémica o Síndrome de Rollet (fuente: nodiagnosticado.es).

Y finalmente vamos a buscar una muy típica: El dolor de espalda. Aquí al hipocondríaco no se le ocurre pensar que ese machaque diario en el gimnasio es el causante de sus males. No, el problema lo tiene una célula mutante que le ha originado algo muy, muy malo y la va a palmar en breve. Busca en Google y se encuentra con que en vez de una distensión muscular, lo que en realidad le sucede es que tiene “Escoliosis, Espondilolistesis, Artritis, Estenosis lumbar, Embarazo, Piedras en los riñones, Infecciones, Endometriosis o Fibromialgia (fuente NIH). Instintivamente el hipocondríaco elimina el embarazo, las piedras en los riñones o la artritis. ¿Cuál es la más chunga de todas?, piensa. Le parece que la fibromialgia. En realidad no sabe qué es, pero él por si acaso va a ir al médico al día siguiente y le va a asegurar que padece esa enfermedad.

No me extraña que los gobernantes se quieran cargar los sistemas públicos de salud. Al final Google es la solución a todos nuestros males y encima sale gratis total.

La música esta vez corre a cargo de Franz Ferdinand. Estos chicos de Glasgow sacarán, después de cuatro años, su próximo disco en agosto. Con su rock alternativo, no han decepcionado en ninguno de sus trabajos anteriores y muy posiblemente tampoco lo hagan en este. Mientras esperamos, aquí va uno de sus temas más famosos.

La pantallita azul de Windows, el e-book y las fotos en el móvil

Shooter  Mag: del móvil al papel.
Shooter Mag: del móvil al papel.

Vivimos en la era digital. Todos parecemos autómatas entregados a la causa de la tecnología: redes sociales, smartphones, tabletas, ultrabooks, libros electrónicos… Nadie escapa al poder de la tecnología. Tanto es así que hasta te miran raro si no te amoldas a la nueva religión. Yo, que no estoy en Facebook, tengo que discutir constantemente acerca de por qué no quiero estar en el mundo Zuckerberg. A mí me pasa con esto pero lo habitual es que ocurra con cualquier aspecto relacionado con el mundo tecnológico.

Lo de los smartphones es otro apartado que entra dentro de esta categoría: si no llevas el último modelo eres un mierda. Da igual que el aparato de marras sea un pepinazo y vaya como la seda: como tenga más de un año deberías ir pensando en pedir asilo en otro país, en el que no se valore al personal por el modelo de teléfono que tenga.

Y es que en esto de la tecnología ocurre algo muy curioso: de repente todo el mundo es el que más controla de móviles, ordenadores, apps y software (pirata, por supuesto). Pero esto es algo intrínseco a este país: nos ponen las burbujas y la de la tecnología en algunos aspectos tiene pinta de ser una más. Como no tuvimos bastante con la del sector inmobiliario, ahora nos hemos aficionado a los cacharritos y somos auténticos expertos. Así que es de lo más normal ver a gente que no tiene el graduado escolar convertido en el mayor conocedor de la industria “techie”: que tu móvil va lento, no te preocupes, el experto te lo soluciona con un par de apps piratas. Te lo hackea en un plis-plas y te lo deja “niquelao”. Que el ordenador de tu casa está con la pantallita azul de Windows, no hay problema, tu vecino, el erudito tecnológico, siempre está presto para cualquier labor que tenga que ver con el mundo de la computadora:

–          “Eso va a ser cosa del “Güindous” ese. Me da a mí de que se ta metío un virus y voy a tener que hacer un reseteo rápido”.

Al fenómeno, lo de la dicción y la construcción correcta de las frases no se le da bien, pero en esto de la informática es un auténtico hacha. No hay aparato con procesadores que se le resista. ¿Ingenieros informáticos y programadores a mí?, suele pensar a menudo. Ni corto ni perezoso, borra todo el disco duro e instala el Windows 8 que se descargó la semana pasada por la cara. Y entonces sucede lo previsible: La máquina ha fenecido definitivamente. Así que con su castellano de doctor honoris causa le dice al vecino: “Va a ser la placa, que contra más se usa más se recalienta y entonces peta todo. Vas a tener que comprar un ordenador nuevo”

Así que hay que comprar otro ordenador, porque tu vecino te lo ha dicho. A fin de cuentas están muy baratos. Pides un crédito (otro más) y por 20€ al mes ya tienes un nuevo equipo.

La cuestión es que si sólo fuera el ordenador, vale. Pero no. Hay que tener smartphone, tableta, y por supuesto, libro electrónico. Esto último es realmente curioso. Los fabricantes han puesto el grito en el cielo, porque las ventas de e-books han descendido mucho en los últimos meses. ¿Y qué es lo que esperaban? ¿Pensaban que la gente iba a comprar libros electrónicos a troche y moche sólo por el hecho de que fuera electrónico? Pues no. Y no porque no nos gusten. El vecino de la historia anterior tiene uno de esos inventos pero, como puede comprobarse por su amplio bagaje intelectual, lo de la lectura no va con él. Pero es que como él hay muchos. Muchísimos. Son una legión. Así que las ventas, en este caso, no bajan por la crisis sino porque NO NOS GUSTA LEER. Eso sí, al igual que antaño estaban las librerías de los salones de las casas llenas de libros, por el mero hecho de decorar y para ocultar las carencias intelectuales, ahora la gente llena de megas los libros electrónicos para presumir de la gran cantidad de textos que se pueden almacenar. De lo que se trata es de presumir de Gigas de almacenamiento.

Lo del libro electrónico además, no tiene tanto éxito porque aquí los fabricantes se han encontrado con un muro difícil de franquear. Este no es otro que una ingente cantidad de personas recalcitrantes que se niegan a leer (porque estos sí que leen) en una pantalla y prefieren pasar las páginas de un libro. Yo me incluyo entre ellos. Somos ese conjunto de seres raros que todavía habitamos en el mundo para desgracia de la mayoría de tecno-aficionados que vamos a una librería y compramos ese elemento tan extraño.

Y eso que estamos acabados. Casi tanto como los periódicos y las revistas en papel. El papel va a dejar de tener uso para estos formatos. Dentro de unos años sólo va a ser útil para hacer servilletas, rollos de cocina y como papel higiénico.

No creo que vaya a ser así. Al final convivirán los dos mundos. De hecho todavía hay locos que piensan que el papel no está muerto y sirve para algo más que para hacer manteles campestres y no se les ha ocurrido otra cosa que aprovecharse de lo digital para ir a lo de toda la vida: han sacado una revista, EN PAPEL, sólo de fotografías realizadas con smartphones y… ¡mooooola! Las imágenes son puro arte, la calidad del papel es excepcional y está muy bien trabajada y cuidada. Si pulsas en este enlace descubrirás algunas de ellas. No sólo eso, también puedes ser parte del proyecto y convertirte en accionista si realizas una suscripción por cuatro número. Así que está bien que algunos locos todavía confíen en el papel como otra forma más de comunicación y no caigan en el pensamiento único.

En cuanto a la música hoy acompaño el post con un vídeo de un grupo francés llamado Zebda. Se trata de un conjunto compuesto por miembros de origen argelino que mezclan sonidos tradicionales árabes, con rock, rap, música tradicional francesa y reggae. La mezcla resultante, que puede sorprender, es muy buena.

Teletrabajar o tocarse las narices a dos manos

¿Qué hora es en estos momentos? Venga, hazlo. Mira tu reloj. Seguramente perteneces a esa inmensa mayoría que está leyendo este post por la mañana. Entre las 9 y las 10:30 horas para ser más concreto. Al menos, así lo reflejan las estadísticas. La mayor parte de mis lectores lo hacen a esas horas y de lunes a viernes. Voy a ser sincero: durante el fin de semana sólo cuatro tipos que deben de ser muy rarunos se dedican a leerlo. Vamos que no lo lee ni Cristo, así que es de suponer que la mayoría de mis lectores os encontráis en vuestra jornada laboral.

Deja de leerme. Hazlo luego, por la noche, cuando llegues a tu casa. Ten en cuenta que tu jefe está al acecho y en una de esas te va a pillar.

Mira que yo no quiero ser la causa de tus problemas laborales. Vale, sí. Tu jefe es un cabrón, te paga poco y te tiene muy explotado, así que porque pierdas cinco minutos de tu jornada laboral leyendo estas líneas tampoco debería ser para tanto. El tipejo se merece que pierdas el tiempo. Además siempre puedes poner la excusa de que estás informándote por el bien de la empresa. ¿Acaso tiene él miramientos cuando despide a alguien? ¿Le pone excusas del porqué de su rescisión unilateral de contrato? No, ¿verdad? Pues hala, sigue dándole a la lectura. ¡Que le froten!

La realidad es que somos poco productivos. Es verdad, es así. Siempre lo ha sido. Ahora porque tenemos esto de la Internet y del Social Media para estar entretenidos, pero antes, cuando esto no existía, ¿no recuerdas a ese compañero tuyo que se encerraba en el baño a leer el Marca? Todo un ejemplo de productividad: un señor ingeniero de teleco sentado en la taza del retrete, leyendo el diario deportivo. Y sí, el aseo estaba siempre ocupado, porque eran varios los empleados productivos que pasaban una parte de la jornada laboral acompañados de sanitarios, toallitas de papel y, por supuesto, el Marca.

Los tiempos han cambiado y gracias a las TIC tiramos menos de la cadena y el derroche de agua es menor, La gente ya no se menea de su asiento porque las nuevas tecnologías han posibilitado que no haga falta levantarse del puesto para perder el tiempo. Y, ¿el jefe? El jefe encantado. En este país siempre se ha valorado eso de estar pegado con Superglue a la banqueta. No importa si eres lento o si tu trabajo es nefasto: si llegas a las nueve, superas ampliamente tu jornada laboral y sales de la oficina doce horas después, tu jefe estará más que satisfecho (siempre que no le pidas que te pague las horas extra). Serás el empleado ejemplar de la empresa e incluso te pondrán como ejemplo del buen hacer delante de tus compañeros. Compañeros que por supuesto, saben que eres un inútil integral.

Claro, que las nuevas tecnologías han traído consigo un problemón. Una contrariedad de la que la mayoría de empresarios de este país no quiere oír ni hablar. Una cosa más embarazosa que un embarazo, que suele aparecer, casi siempre, después del parto y que responde al nombre de ¡teletrabajo! Si pusiéramos más mujeres en puestos directivos a lo mejor cambiaba la cosa, pero de momento la mayoría de las grandes empresas y no te digo ya de las medianas, están tomadas por hombres. Señores hechos y derechos y educados a la antigua usanza. De esos que hacen las cosas por sus cojones. Así que vete tú a hablarle de teletrabajo y de conciliación de la vida familiar y laboral. “Concilia ¿qué?” te dirá. Y tú toda digna (sí, digo toda digna porque los hombres en este país tampoco concilian, pero en este caso es porque lo de conciliar no mola: supone más curro) le empezarás a exponer las grandes ventajas de poder currar desde casa: “Se va a ahorrar la gasolina que me paga por desplazamientos, voy a consumir menos energía porque no gastaré ni agua del baño, ni energía del ordenador, ni calefacción en invierno ni aire acondicionado en verano y además, seré más productiva” Claro con lo de pagar menos empezó a poner atención pero eso de ser más productiva no le cuadra. El fan número uno del Loctite no puede permitir situaciones de este tipo así que al final acabarás cogiéndote una reducción de jornada, con la que el borrico del empresario tampoco estará muy de acuerdo pero que no tendrá más remedio que aceptar porque se lo marca la Ley. Eso sí, buscará todas las artimañas posibles para poder ponerte de patitas en la calle. Claro que para evitar esta situación tenemos una solución que Carlos Floriano, vicesecretario de Organización y Electoral del PP, nos dio el otro día: si estás imputado no te pueden despedir. Así que yo que tú dejaría de pagar la comunidad de tu casa durante un tiempo y que su presidente  te demandara o haría todo lo posible para que alguien te denunciara. En ese momento pasarás a estar imputada y nadie te puede botar del curro. Además seguro que así podrás trabajar desde tu casa. Al menos, es lo que pasa en el PP, que al exalcalde de Pozuelo y exmarido de la ministra de Sanidad, Ana Mato, como está imputado y no le pueden echar (anda que mira que aprobar hace un año una reforma laboral en la que se puede despedir casi por la cara, no se pueda echar a un imputado, tiene delito) pues le mandan a currar a su casa y con el sueldo íntegro.

Esta cosa del teletrabajo tiene también sus paradojas. He hablado del jefe tozudo y empecinado. Pero lo peor es una jefa machista (que las hay). Como la que mande en una empresa sea una mujer que lo que le mola es eso de que calientes la silla, ya puedes argumentar todo lo que quieras sobre las ventajas de teletrabajar. En esto del periodismo pasan estas cosas también. De hecho conocí a una mujer directora que se hartaba de hablar en sus editoriales de las bondades del teletrabajo pero en su medio no lo permitía ni por asomo. Es más, rizaba tanto el rizo, que si una rueda de prensa acababa media hora antes de que terminase la jornada laboral hacía a sus periodistas volver a la redacción aunque sólo fuera para fichar.

Y luego está el tema de los empleados. Hombres, me refiero. Estos son los peores, porque encima van de mártires. Es que, en realidad es más cómodo quedarse en la oficina que ir a casa, atender a las criaturas, en el caso de que las tuviera, o simplemente ponerse a hacer la cena. Para eso ya está la mujer -piensa-. En este caso el hombre prefiere estar conectado a la Red en modo ocioso, perdiendo el tiempo y luego llegar a su hogar y, con cara de abatimiento cual cordero degollado, quejarse del trabajo duro que tiene en la oficina. Claro, si teletrabajases, lo normal sería que después de la cena te tuvieras que poner a currar un poco más y eso no es lo que más apetece, ¿verdad pillín? Si es que te las sabes todas. Sí, serías más productivo, porque no perderías tiempo, pero tú tendrías mucha más tarea familiar y además tu jefe pensaría que no haces correctamente tu labor porque no estás permanentemente en tu sitio. Así que entre jefes, jefas y empleados machistas y carcas, pues la cosa nos va como nos va. Y es que, teletrabajar no es trabajar: es tocarse las narices a dos manos.

El vídeo musical de esta semana tiene que ver con el trabajo. Así que aquí tenemos a Bruce Springsteen, hace veinte años, cantando aquello de “Working on the highway”. Especialmente dedicado a aquellos/as que todavían no se han enterado de las ventajas reales de teletrabajar.