Elecciones: no llames al ladrón para que vuelva a entrar en tu casa

Papeletas electorales
Papeletas electorales

Este próximo domingo se celebran Elecciones Generales y toca elegir al partido que se haga cargo de los destinos del país durante los próximos cuatro años. Uno de los retos que se deberían afrontar es el cambio de modelo productivo, algo en lo que hacen hincapié la totalidad de las formaciones que se presentan a las elecciones.

Para poder realizar ese cambio es necesario potenciar la I+D+i pero eso es algo que no se puede lograr en cuatro años. Se trata de un proyecto a largo plazo y que comienza por la reforma radical del sistema educativo. Una reforma que no se debería centrar en si se pone la religión como materia educativa obligatoria o si hay que aniquilar la escuela concertada. Una reforma que no ponga el foco en que todos los alumnos tengan que alcanzar la Universidad. Sí, sobran universitarios y faltan especialistas. Especialistas que no encontramos porque les obligamos (y becamos aunque no tengan las capacidades ni el interés en estudiar una carrera) a asistir a la Universidad. Sin este cambio, podremos seguir hablando de parecernos a Dinamarca durante siglos y continuaremos siendo un país al que le pillan todas las crisis en pañales.

Todos los partidos llevan propuestas de reforma de la educación y de especialización del profesorado. Incluido el Partido Popular que acaba de aprobar la enésima Ley de Reforma de la Educación hace pocos meses. Una Ley que, evidentemente, no vale.

El papel de la tecnología

Dentro de una reforma educativa y en pleno siglo XXI, la tecnología debería ser uno de los principales elementos a tener en cuenta. El alumnado de hoy maneja cualquier dispositivo tecnológico mejor que la inmensa mayoría de los adultos. Los cursos y talleres de robótica y programación (que no se incluyen como asignatura en toda la Educación Primaria) viven días de gloria a precios desorbitados que la gran mayoría de las familias no se pueden pagar. Una buena parte de las profesiones en las que podrán trabajar tus hijos en la próxima década no existe actualmente. Pero todos tenemos claro que esas nuevas profesiones pasan por la tecnología.

Somos un país con exceso de psicólogos y licenciados en derecho. Faltan informáticos e ingenieros. Y todavía nadie se ha puesto a la labor de cambiar esto.

Me he leído desde el principio hasta el final los programas de los cuatro principales aspirantes a la Presidencia del Gobierno. Sólo uno hace de la tecnología el leitmotiv del mismo: es el del PSOE. De hecho, su programa comienza y se basa en “la España del Conocimiento”. Desde la primera página se apuesta por la innovación y la educación como elemento para el desarrollo definitivo del país. La música suena bien pero… El PSOE gobernó hasta hace bien poco este país y ni desarrollo tecnológico ni cambio de paradigma en el sistema educativo. La obsesión del ministro Sebastián fue la dar subvenciones para la compra de coches de la misma forma que el ministro Soria se ha dedicado a la promoción turística de Canarias, sin pasar por la casilla tecnológica . Es decir: nada de nada.

Mientras tanto los pocos ingenieros, informáticos, programadores, etc que salen de nuestras universidades huyen del país ante la oferta de sueldos y perspectivas mejores que les ofrecen empresas alemanas, americanas o finlandesas. Porque las empresas radicadas en nuestro país también tienen lo suyo. Se quejan de la falta de esos especialistas y de que nuestro sistema educativo no nutre la demanda. No les falta razón pero esconden, que un salario alemán cuadruplica la mejor oferta que le haga una empresa en España. Y tampoco cuentan que hay empresas que se aprovechan del sistema para contratar en la modalidad del falso autónomo. Compañías que hacen de un estudiante el becario eterno. Y todo ello, por salarios que en muchos casos ni siquiera cubren el salario mínimo interprofesional: ¡Claro, es que está de prácticas!

Pero aparte de la apuesta por la tecnología y la mejora del sistema educativa que hagan los dos partidos, la principal losa, sin embargo, que arrastran PP y PSOE es la de la corrupción, que afecta a ambos por igual. Por este motivo, y por los precedentes, nadie debería votarles. Nadie. Porque es como si entraran en tu casa, te robaran y al cabo de cuatro años, cuando ya te has repuesto del golpe, no sólo no has puesto medidas de seguridad, sino que dejas las llaves de tu casa al ladrón para que te vuelva a robar a cambio, eso sí, de que te la deje como los chorros del oro una vez que te ha hurtado nuevamente.

Ciudadanos y Podemos, por su parte, son los nuevos. Los que tienen opciones reales de modificar la política española. Ambos tienen apartados dedicados exclusivamente al desarrollo tecnológico. Los dos hablan de la creación de campos tecnológicos y ciudades del conocimiento, de elevar el gasto en I+D+i, o de promover la cultura científica desde la educación primaria,… La música también suena bien, y al menos tenemos la duda de si lo harán o no lo harán. Tanto PP como PSOE, en materia de innovación y desarrollo, faltaron a sus compromisos electorales una vez alcanzado el poder.

Por primera vez en 40 años, la tecnología y la I+D+i parece que van a ocupar un papel más relevante que antaño. Y por primera vez, los españoles tenemos más opciones donde elegir, a derecha y a izquierda, fuera de los dos partidos tradicionales. Partidos que, de momento, no han entrado en tu casa a robarte. Ahora somos nosotros los que tenemos que decidir si queremos dejar las llaves de casa al chorizo, a cambio de que nos la deje ordenada, o si ya nos hemos cansado de él.

La música del post la pone Crystal Fighters: grupo británico de lo más interesante de la música actual que junta a la vez, guitarras, sintentizadores, cajas de ritmo e instrumentos tradicionales de la música del País Vasco.

Sí, yo también tengo un grupo de Whatsapp del “cole”

La tecnología ayuda pero no siempre. Hay muchos aspectos en que tanto cacharrito y herramienta de software ha hecho que nos convirtamos en unos seres dependientes. Porque sí, amigos, la tecnología es capaz de hacer que saquemos lo peor de nosotros mismos en muchas ocasiones. Sobre todo ha posibilitado que el número de autistas sin rumbo aumente de forma alarmante.

Uno de los apartados más sorprendentes es el terreno educativo. No sólo no hemos mejorado, porque los chavales siguen llevando una ingente cantidad de libros todas las mañanas en vez de aprovechar las ventajas que da la tecnología aplicada al mundo de la educación, sino que hemos sido los propios padres los que hemos aprovechado las aplicaciones para que este mundo vaya a peor: ¡Bienvenidos al apasionante mundo del grupo de whatsapp del colegio!

Yo también, como todos aquellos que tengan hijos en edad escolar, pertenezco a uno de esos grupos. Por suerte para mí, los padres y madres que lo conforman son rarunos que no dan la brasa constante con los deberes de los hijos, ni opinan sobre el profesor de lengua ni la profesora de inglés a través del chat. De vez en cuando a alguno se le escapa un chiste sin gracia, pero no se realiza de forma constante, con lo que el grupo es llevadero y en él se respira armonía, comparado con otros grupos.

Sin embargo, en la mayoría de las ocasiones esto no es así. Varios amigos que sufren en silencio su grupo de Whatsapp del colegio han tenido a bien pasarme toda la conversación del mismo: tengo en mi poder un año entero de conversaciones absurdas y que en algunas ocasiones llega a la violencia verbal. Lo sorprendente es que en todos ellos se dan las mismas características que se pueden resumir en dos.

1.- Deberes: estos grupos suelen montarse cuando el menor comienza tercero de primaria. Es en este curso cuando las tareas para el menor se multiplican por diez y es en este preciso instante cuando una buena parte de los progenitores entran en una especie de histeria colectiva: “¿Alguien puede fotografiar los deberes de matemáticas?”; “¿hay qué estudiar ciencias naturales para mañana?; “¿sabéis si tienen que hacer el dictado 1 de la página 19 del libro de ortografía?”; “¿Que tienen que hacer para inglés? Juanito, no pudo ir a esa hora”. Estas son sólo algunas de la preguntas que, a diario, se producen en buena parte de los grupos escolares de Whatsapp de este país. Padres y madres en un estado de ansiedad sin parangón intentando hacer los deberes de sus hijos. Y no, la culpa no es del profesor. La culpa es de todos aquellos padres y madres que contestan a todas y cada una de las preguntas que se realizan a través de los mismos. Vamos a ver, si Juanito ha faltado a inglés será por un motivo. ¿De verdad que le va a suceder algo al niño si no lleva los deberes de una clase a la que no pudo asistir? Pues parece que sí, porque en este caso aparece esa madre siempre dispuesta que responde con todo lujo de detalles: “Un dibujo relacionado con Halloween, en una cartulina. Con el título arriba y los datos del niño abajo. Te mando foto de lo que está haciendo Anita para que te hagas una idea…” Y es en ese momento, cuando el padre del niño ausente, a las 21:00, entra en un trastorno sin par en busca de la cartulina perdida que le permita al día siguiente presumir de infante más que aplicado en las tareas escolares. Y si hace falta, él mismo le hará los dibujos y le pondrá el nombre en letra de caligrafía.

Os habéis vuelto locos y además sois muy cansinos: los deberes son una labor de vuestros hijos. Vosotros les podéis ayudar en determinados momentos, pero no hacérselos. Y si les ponen un cero al día siguiente porque se le han olvidado, no os preocupéis que en unos días no le volverá a suceder: porque, ¡vuestro nene no es tonto! Pero, lo que no es de recibo es que tengan que ser el resto de padres y madres los que tengan que solucionarle la papeleta a tu niño de forma recurrente. ¿Te has planteado que a lo mejor algo estás haciendo mal?

2.- Ayudas varias. Este también es muy común. Como canijos que son, los menores pierden cosas. Pero al igual que ocurre en el caso de las tareas, hay auténticos especialistas en extraviar todo tipo de género. No hay problema. Siempre está el grupo de Whatsapp para intentar resolverlo. Y en estos casos aparecen ruegos como: “por favor, ¿podéis preguntar a vuestros hijos/as si tienen el cuaderno amarillo de espiral de ingles de Eduardo Martín, o si lo han visto por clase? Es que no lo encuentra en su cajonera. La ultima vez que lo bajó al cole fue el miércoles por la mañana para corregir las frases de has got y hasn´t got y ayer ya no lo pudo traer”. Venga, vamos, dejad todo lo que estéis haciendo que esto es urgente. Da igual si se te quema el arroz que tienes en el fuego, lo importante es saber dónde se encuentra el cuaderno de espiral de inglés del niño. Pero parece ser que no, que van todos como posesos a ver si en la mochila de los nenes aparece el cuaderno amarillo de espiral de inglés. Evidentemente, el cuaderno no aparece en ninguna mochila. A ver, si no lo tiene en su cajonera y tampoco está en su casa, lo normal es que lo haya perdido, so melón. Así que la solución es fácil: Compras uno nuevo y no das el tostón al resto del grupo.

Y es que sí, amigos, el grupo de Whatsapp del colegio es capaz de resolver todo tipo de problema, por difícil que éste pudiera parecer. A veces llega al paroxismo paliza. A modo de ejemplo: “¿Alguien ha comprado tubos de PVC para hacer una flauta? Estoy en Saneamientos Pereda y solo me venden una pieza de 5 metros y sale un poco caro. ¿Queréis compartirlo? ¿me podéis decir si lo habéis encontrado en otro sitio? En fin, sin comentarios.

Sacadme de aquí

Cuando algún miembro (normal) del chat lleva unos meses en él, está deseando abandonarlo. El problema es cómo hacerlo. Porque es evidente que como algún padre o madre se salga va a recibir las críticas despiadadas del resto, que pensarán que el padre o la madre en cuestión no se quiere ocupar de la educación de los niños o que simplemente se lleva mal con el resto de miembros del chat de marras. La solución más fácil para abandonarlo es saber si tu pareja también es miembro del grupo. En caso de que no lo sea estás salvado. Pásale el marrón. Tal fue el caso de una madre que al enterarse de que su marido no pertenecia al selecto grupo escribió: “Buenas tardes, soy la madre de Hugo. ¿Podríais incluir en el grupo a mi marido (Antonio), ya que es él quien maneja mas esto?

Las historias del grupo de whatsapp del colegio dan para escribir el guión de un culebrón venezolano, pero son una muestra del mal que hace la tecnología en muchas ocasiones.

Para acabar, la música de hoy la pone Blur, un grupo inglés de gran éxito a finales de la década de los 90 haciendo puro britpop. La canción se titula “Park Life”… un tema el de los padres y madres del parque que también daría que hablar.

Y el “tasis” ganó a Uber

taxiUna de las últimas noticias tecnológicas del año pasado fue el cierre de la aplicación Uber. La compañía, obligada por la Justicia, y ante la presión del gremio del taxi no tuvo más remedio que forzar su cierre el mismo día 31 de diciembre. Evidentemente, no hace falta ser muy avispado para saber, que en no mucho tiempo volverán a la carga y si no son ellos, otros lo harán.

No voy a hacer desde aquí una valoración extensa de si tiene razón Uber o si la tienen los taxistas. Sólo hay dos cosas que creo que deben ser revisadas antes de que se vuelva a producir el motín del taxi. La primera es que este sector se debería liberalizar y poder permitir que cada uno se busque las habichuelas como buenamente pueda, pagando sus impuestos correspondientes, teniendo los seguros en regla para poder realizar el transporte de pasajeros, etc.

La segunda es que a estas alturas que a alguien que se quiera dedicar al mundo del taxi le cueste más una licencia que la hipoteca de una casa debería ser un caso de estudio.

Pero la realidad es la que es, y en España Uber ya no funciona, así que a una buena parte de los taxistas les debería servir para dejar de mirarse tanto el ombligo y mejorar su servicio, que en algunos casos es deficiente. Estas son algunas de las cosas que se deberían mejorar.

1.- Incorporar la tarjeta de crédito como medio de pago en TODOS los taxis. No puede ser que bien entrado el siglo XXI, encontrar uno que acepte esta forma de abono sea más difícil que descubrir el lugar en el que se ubica el arca perdida. Eso por no mencionar, cuando uno llega de un vuelo, la buena imagen que da el controlador de taxis del aeropuerto, cuando vocifera a los cuatro vientos: “¿Alguno admite tarjeta?”

2.- Si yo no puedo fumar en mi trabajo, tú tampoco deberías hacerlo en tu coche, que es tu lugar de curro. Vale, evidentemente ninguno lo hace mientras lleva a un pasajero, pero no debería permitirse que cuando alguien entre a un taxi, éste apeste a Ducados. Amigo taxista: si quieres fumar, paras el “teki”, sales de él y te echas un cigarrito.

3.- Apréndete el callejero de una maldita vez. Vale, el GPS ha ayudado mucho a que los simples mortales podamos llegar a cualquier parte, aunque en muchas ocasiones tardemos más de la cuenta porque las rutas que nos ofrecen los mapas no son las más rápidas. Pero tú, amigo taxista, deberías saber cómo ir a la calle que te pide tu cliente sin tener que perder el tiempo en teclearla en el navegador, mientras el taxímetro está corriendo. Eso sin contar con el taxista kamikace que va introduciendo la calle a la que va cambiando de marcha. Uno cuando ha ido a ciudades como Londres, no ha visto al taxista tener que usar el navegador. Simplemente porque el taxista sabe dónde están todas las calles. ¿Por qué no tenéis que hacer un examen sobre dónde se encuentran las calles?

4.- Por favor. No quiero escuchar a Carlos Herrera o a Gemma Nierga o Radio Marca o Maxima FM mientras me llevas a mi destino. Al menos, ya que te voy a pagar, pregúntame si me molesta la emisora. Entiendo que a lo mejor no te gustará que te diga que pongas Radio Clásica, pero si es lo que el cliente quiere, tendrás que tener paciencia y soportar 15 minutos de Mozart.

5.- ¿Por qué esa manía de adornar el taxi por dentro de esa forma tan hortera? Vamos a ver. Si cuando te vendieron el carro te lo dieron sin ningún extra aparte del ABS o de los asientos calefactables, ¿por qué sigues poniendo esas fundas de bolitas de madera, que además de ser de mal gusto son incómodas? ¿Por qué instalas una mampara de protección si luego la llevas abierta y lo único que hace es incomodar al cliente? De acuerdo, te mola llevar un taxi tuneado, pero por favor, el cubrevolante imitando la piel del leopardo o al fórmula 1 de Fernando Alonso es muy choni.

6.- Aprended por favor de vuestras compañeras taxistas: el coche lo llevan impoluto pero sobre todo: se duchan cuando salen de casa. No es soportable ver como algunos de vosotros parece que en vez de trabajar en el taxi estáis corriendo la maratón a diario.

7.- De acuerdo, es una burrada lo que os cuesta
mantener el vehículo, cada vez hay menos clientes y los ayuntamientos os dan sablazos de continuo. Me parece bien que me lo cuentes, pero ¿podríais dejar de decir “tasis”?

Yo creo que si lleváis a cabo algunas de estas medidas por mucho Uber que aparezca, tenéis el mercado más que ganado. Sobre todo si seguís apostando por las múltiples apps para móviles que actualmente existen.

La música de hoy corre a cargo de The War on Drugs, que en 2014 sacaron uno de los mejores discos del año. Como prueba este Red Eyes.

Música coprofágica

Pono, el reproductor de música con calidad HD
Pono, el reproductor de música con calidad HD

El mercado musical está de capa caída o al menos eso es lo que dicen. Da la sensación de que siempre es la piratería la que hace que las cifras de ventas se encuentren en nuestro país por los suelos. No estoy de acuerdo con esta opinión o al menos, no al cien por cien. “Difama que algo quedará” se suele decir, y la industria musical, entre las que también se incluyen artistas que antaño vendían discos como rosquillas pero que hoy no tienen nada que ofrecer y aportar, suelen aparecer cada cierto tiempo para denunciar cómo las descargas ilegales están haciendo que casi se conviertan en indigentes. Lo que no se puede pretender es seguir viviendo de “los litros de alcohol” o de los “cadillacs solitarios” y culpar a esas descargas de su difícil situación económica.

En primer lugar hay que partir de un hecho: España es un país con una cultura musical nula entre otras cosas porque si hablamos de educación, la música, al contrario de lo que ocurre en otros países, siempre se ha considerado una asignatura “maría”. Así que el oído de los españoles no se encuentra convenientemente educado y a lo máximo que llegamos es a escuchar la morralla enlatada de los 40 Principales. De esta forma, si tenemos la misma educación musical que un cavernícola y seguimos considerando a la música como algo sin importancia, es normal que no se valore y se aprecie, y por tanto, las descargas, ilegales o no, de música bazofia están a la orden del día. No sólo eso, sino que a la hora de abordar nuevos planes educativos la eliminamos de la misma forma que quitamos plástica o nos cargamos la filosofía. Lo grave es que, gracias al “populismo 100%”, la gran mayoría de la sociedad se muestra de acuerdo porque a cambio a los chavales los vamos a saturar con horas de matemáticas, creyendo que así, los enanos van a ser Albert Einstein.

Así que si no hay cultura musical, difícil será que se valore el trabajo de cualquier músico. Pero hay más factores: otro es el precio. No es normal lo que hay que pagar en España por cualquier disco, cuando si uno se va a cualquier país de nuestro entorno puede pagar por el mismo CD o vinilo hasta un 60% menos. No hace falta, sin embargo, viajar. Basta con buscar un disco cualquiera en la tienda de Amazon en EE.UU. y buscarlo en el portal español. La diferencia de precio es considerable. Así que otro punto más para que el personal se descargue música de forma “ilegal”.

Y luego se encuentra el tema de la calidad. Como ocurre con la mayoría de productos de consumo, queremos todo y lo queremos por la cara. Exigimos que nos den las cosas gratis y si nos cuestan unos pocos céntimos, ya no lo queremos pagar. Y si no pagas, lo que te llevas es “purita mierda”. Así que vivimos en un mundo en el que la coprofagia nos encanta. A fin de cuentas es gratuita y es esto último lo que aporta más valor.

El problema de esto es que los que nos ofrecen los productos tampoco se esfuerzan en darnos calidad, básicamente porque preferimos el chopped al jamón ibérico y entonces, cuando realmente quieres pagar por algo, muchas veces no lo encuentras. En el mundo de la música sucede. Y nos encontramos sonidos con una calidad de ínfima porque de lo que se trata es de que llevemos en los smartphones o en el reproductor MP3 la obra completa de Beethoven o la discografía completa de los Stones, aunque la mayoría de los que las han descargado no lo vayan a escuchar en su vida. Las canciones se comprimen hasta el infinito y más allá y se pierden detalles importantes de cualquier melodía. ¿Sabías que un vinilo tiene menos compresión que un CD y mucha menos que un MP3? Si todavía eres de esos que tiene un tocadiscos prueba a escuchar un tema y luego compara con el sonido del MP3. La diferencia es notable.

Harto de que nos invada la morralla en forma de sonido, el compositor Neil Young ha decidido crear un sistema en el que prime la calidad. Se llama Pono y promete ofrecer sonido en alta fidelidad tal y como se graba en un estudio. ¿Tiene posibilidades de éxito? En mi opinión, ninguna. O al menos no la tiene si lo que se pretende es que la mayoría de la gente se compre un aparato que cuesta 400 dólares y que la descarga de cada disco se sitúe entre los 15 y los 25 dólares. No, Neil, a la gente le gusta la bazofia, así que ni el reproductor ni el servicio van a tener éxito. Otra cosa es que el planteamiento sea el de llegar únicamente a un público exclusivo. En este caso puede que consiga su objetivo, pero el precio de cada disco, por muy HD que sea, debería bajar unos cuantos dólares y situarse en el mismo rango de precio que un CD o un vinilo.

Porque Neil Youg sí ha dado con una clave. Algunos todavía pagamos por la música y seguimos comprando soporte físicos y pagamos servicios Premium para escuchar música en streaming. Y es en este último punto donde se verá si la aventura emprendida por Young tiene éxito: si Pono es capaz de ofrecer un servicio de alta calidad en streaming, entonces muchos cambiaremos Spotify por Pono.

La música de hoy, como no podía ser de otra forma, la pone Neil Young y uno de sus temas más conocidos: Mansion on the Hill

 

Zuckerberg se acojona

Mark Zuckerberg.
Mark Zuckerberg.

Una pasta gansa es lo que acaba de soltar uno de los creadores de Facebook, Mark Zuckerberg, en comprar Whatsapp. El montante total puede ascender hasta alcanzar los casi 19.000 millones de dólares. Cuando un patio de porteras como es Facebook desembolsa semejante cantidad de ceros por, recordémoslo, una simple aplicación, quiere decir dos cosas: O nos encontramos ante un temerario o ante un tipo que está acojonado. Me inclino por esta segunda opción.

Zuckerberg es un personaje que no es un gurú, ni un visionario, por mucho que algunos pretendan hacernos creer lo contrario. Le falta mucha categoría para llegar al nivel de Steve Jobs o de Bill Gates, por poner sólo algunos ejemplos. Más bien parece un niño caprichoso que, sí, ha tenido mucho éxito con una idea que no fue exclusivamente suya, y que en los últimos años parece estar en declive.

Porque Facebook sólo es un juguete. Y de los juguetes, al final, te acabas cansando. No es más que un entretenimiento barato que ha perdido su principal valor: la novedad. Una novedad que se inició en una era que ya ha muerto, la del PC, y que permitía conocer qué era de  aquel exnovio que tuviste en tu adolescencia, qué fue de esa amiga íntima de la infancia o en qué ha acabado la vida del niño repollo con el que tenías que compartir pupitre.

El mundo tecnológico siempre ha sido cambiante, pero en los últimos años, esos cambios se producen de una forma cada vez más rápida y acelerada y la realidad es que ahora todo pasa por el mundo móvil y lo que queremos es información breve, concisa y al instante. Y en eso Facebook no es ágil, porque la gente ha pasado de compartir sus cosas allí a hacerlo en los grupos de Whatsapp y porque prefiere lanzar emojis en lugar de darle al “me gusta”.

Por eso, y como han puesto de manifiesto numerosos estudios, empieza a no interesar. Sobre todo a las nuevas generaciones de jóvenes. Porque al final, acabas cansado de los gustos de ese amigo tuyo que nunca lo fue y que se encuentran en las antípodas de los tuyos y porque estás hasta las narices de las cosas que comparte la maruja de tu vecina. Y al final, poco a poco, vas abandonando al niñato de Zuckerberg.

Es aquí donde al pseudo gurú le entra el pánico (y se acojona). Y como no quiere que esa tremenda base de datos que maneja a su antojo se le reduzca, hace como algunos de los usuarios de twitter: comprar seguidores. Y comprarlos al precio que sea: Primero fue Instagram y ahora lo hace con Whatsapp, una empresa con más de 400 millones de usuarios en todo el mundo que pasamos a engrosar las bases de datos del niñato de White Plains.

Conviene recordar algunas claves del éxito de Whatsapp: Sus creadores se han cansado de repetir que no venden publicidad (y por eso cobran ese simbólico euro por poder utilizar la app) y que no quieren convertirse en una red social. ¿Qué sucederá a partir de ahora? Pues, en mi caso, que no estoy ni voy a estar en Facebook, voy a empezar a probar otros servicios de mensajería como Telegram que de momento ya me acabo de instalar. Cuando la mayoría de mis colegas y familiares (salvo aquellos que tienen un iphone de primera generación y no quieren cambiarlo a pesar de que no se puedan instalar determinadas apps) se encuentren allí o en cualquier otro como Line, mi relación con Whatsapp habrá finalizado. Porque si sigo haciéndolo, lo más probable es que Zuckerberg me acabe por vender todo tipo de publicidad o lo que es peor, decida en un momento dado, que yo, como usuario de Whatsapp, tenga que aceptar un acuerdo de utilización similar al que hay en Facebook: “nos concedes una licencia no exclusiva, transferible, con derechos de sublicencia, libre de derechos de autor, aplicable globalmente, para utilizar cualquier contenido de PI que publiques en Whatsapp o en conexión con Whatsapp (en adelante, “licencia de PI”)”.  Porque Zuckerberg, poco a poco, se está convirtiendo en Sauron y sólo le falta añadir aquello de “una red para gobernarlos a todos”. Pues lo siento: no me da la gana.

Ahora bien. Me va a gustar ver la reacción de todos aquellos que se quejaban de que tenían que pagar ¡un euro al año! cuando el amigo Zuckerberg les empiece a lanzar mensajes personalizados y publicitarios a través del Whatsapp. Claro que si ese euro lo deja de cobrar, estoy seguro de que al personal le va a dar igual compartir tu intimidad con el maldito Zuckerberg.

El vídeo musical de hoy corre a cargo de Kasabian, una banda indie británica aparecida en la pasada década que bebe de la influencia de grupos del denominado sonido Manchester como The Stone Roses.

Mamá: papá es un hooligan

Los padres crean niños hooligan
Los padres crean niños hooligan

En las últimas semanas estamos viendo como los estadios de fútbol están llenos de cafres. En realidad, sólo nos enteramos de actos de estas características cuando afecta a equipos de primera división, o si en campos de divisiones inferiores ha habido algún herido por culpa de algún descerebrado. Basta con indagar un poco en las redes sociales para descubrir que la violencia en el fútbol está a la orden del día: que si el entrenador de un equipo infantil no pone la alineación adecuada, que si el árbitro de preferentees un inútil, que si un niño está gordo,… En fin, toda una serie de epítetos que demuestran la gran dosis de educación que tiene este país.

Lo extraño de todo es que la gente se sorprenda porque un “tarao” lance un bote de cerveza lleno en el Santiago Bernabéu, otro tire un mechero a un jugador de fútbol en el Vicente Calderón o a un animal se le ocurra lanzar un bote de gas lacrimógeno en Villarreal. Porque el problema no radica sólo en estos lanzamientos o en las agresiones continuas que se producen a los árbitros o entre aficiones. A estos elementos va a ser ya difícil enderezarlos porque, seguramente, actos de similares características los han visto desde pequeños en sus casas (como he dicho, no hace falta más que darse una vuelta por las redes sociales para ver esta realidad).

Y es que, cada fin de semana miles de menores (a los que a menudo sobreprotegemos en exceso) escuchan por parte de sus padres (sí, suelen ser ellos no ellas) todo tipo de improperios y ven como aquellos que deberían ser los máximos responsables de la educación de estos menores se comportan como auténticos cavernícolas cuando su hijo se calza unas botas de fútbol. Pasaos por cualquier campo un sábado por la mañana y los descubriréis rápidamente. Responden a las siguientes características:

1.- Su hijo es Maradona: No, el problema no radica en que el pequeño se parezca a tantos otros que juegan al fútbol. El problema es que ningún entrenador ha sabido ver el potencial que destila el infante. Sólo él sabe de las posibilidades que tiene el niño de llegar a ser una estrella. Mira chico, no. Tu hijo no es Messi. Ni siquiera va a llegar a jugar en tercera división por mucho que le vayas moviendo por diferentes escuelas de fútbol porque como él hay miles y mejores que él, muchos más.

2.- El equipo lo componen su hijo, su hijo y su hijo: Los demás no cuentan. El niño es la megaestrella y por ello se le ve rojo colérico cada vez que el enano da un pase en vez de haberse regateado al equipo contrario él solito. Sólo se le oye gritar a él y, este dato es importante, sólo cuando el niño está en el campo: si en algún momento el chaval está chupando banquillo (porque “el entrenador no tiene ni puta idea”), el partido deja de ser interesante. Pues mira, lo que tienes que hacer es apuntarle a tenis o a natación, unos deportes donde prima el individualismo y en los que estoy seguro que el niño, como buen crack que es, despuntará sobremanera.

3.- El árbitro tiene una minusvalía psíquica o es un déspota: Claro, por eso está arbitrando a tu equipo los sábados. Tú eres el único inteligente y la única persona sobre la faz de la tierra que sabría arbitrar un partido de infantes, a pesar de que nunca te ha dado por ahí. Es más fácil gritar constantemente al de negro: que se entere bien en qué consiste un fuera de juego, que sepa qué es una falta y que aprenda que a veces, cuando el balón le da en la mano, en el caso de tu nene, siempre es involuntaria. Por supuesto, cualquier insulto tiene que oírlo muy bien y muy clarito tu niño, para así educarle en el respeto y en saber que las decisiones de los demás siempre tienen que favorecerle. Yo que tu compraría un megáfono, porque el chaval, si da la casualidad que está jugando en la banda opuesta, no te oye bien.

4.- No se sabe de dónde han sacado a esa “mierda-entrenador”. No es entendible, de verdad. ¿Qué es eso de sacar al niño del terreno de juego? Con lo estrella que es tu niño y la ingente cantidad de goles que lleva en el campeonato, ¿cómo le puede sustituir? Te lo explico: a lo mejor es que tu niño está cansado y necesita beber un trago de agua. Todos sabemos que tiene un disparo espectacular y una visión de juego que ni Xabi Alonso, pero chico, déjale que a lo mejor necesita beber un trago de agua. Claro, es más fácil echarle la culpa al entrenador, porque al igual que ocurre en el caso del árbitro, todavía nadie comprende qué haces en la banda de un campo de niños de mero espectador intransigente, en vez de estar entrenando al Real Madrid que es donde deberías estar. El problema es que no has alcanzado a entender que el entrenador, en estos casos, más que un entrenador es un educador.

Al final lo que sucede en estos casos es que las frustraciones de los mayores recaen sobre los pequeños, y lo que individuos de esta calaña no pudieron conseguir intentan por todos los medios que su hijos sí lo hagan, lo que al final redunda en que el chaval lo que aprende es mala educación y comportamiento violento, aparte de convertirse poco a poco en un ser egocéntrico.

Si lo que realmente queremos es que no ocurran cosas como las acaecidas estos últimos días en Villarreal o en Madrid en un campo de fútbol, tal vez deberíamos empezar por revisar el comportamiento de algunos “adultos” sacados de la caverna en estas edades tempranas en la que los niños lo absorben todo. Tal vez así mejoraríamos la educación en los estadios.

La música de hoy la pone Mano Negra y su canción Santa Maradona. El vídeo es descriptivo de todo lo que he hablado en este post.

El maldito “revival” ochentero

Loro de doble bafle acoplado a señor bigotón con pelo cardado.  (Fuente: torontosun.com)
Loro de doble bafle acoplado a señor bigotón con pelo cardado. (Fuente: torontosun.com)

Llevamos varios años en los que la década de los ochenta parece haberse instalado en nuestras vidas. Dada la cochambrosa situación que nos rodea, nos hemos retrotraído al pasado y descubierto que hubo una década en la que fuimos felices: sí, la de los ochenta. Programas, libros, artículos de prensa y hasta espectáculos teatrales hacen referencia constante a sucesos acaecidos en esa “época prodigiosa”. No queremos reconocer que vivíamos mucho peor. Y no nos acordamos de que por ejemplo más de un profesor debería haber acabado en el truyo por su metodología correctiva del comportamiento del alumnado, ni de que te jugabas la vida cada vez que estabas en un parque público y se te ocurría tocar una de las muchas jeringuillas que te encontrabas en cualquier árbol. Preferimos recordar lo maravillosa que era “La bola de Cristal” y olvidarnos de lo hortera que era el programa de Eva Nasarre. Por supuesto nos quedamos con la música de Radio Futura o Siniestro Total pero nos olvidamos que en la radio sonaba a todas horas bodrios de la talla de Europe con su Final Countdown o Baltimora con su Tarzan Boy por no hablar directamente del fraude que eran Milli Vanilli.

¿Y qué me decís de la tecnología? Pues nada, que también lo añoramos de verdad: preferimos tener que levantarnos del sofá para cambiar el canal de la televisión y mover los cuernos del aparato para obtener una sintonía decente. Mejor la cochambrosa cassette que el MP3, ni punto de comparación el diskette con el pincho USB de 64 Gb. Por supuesto donde se encuentre cualquier teléfono Heraldo con ese cable en el que se formaban unos nudos que ni el mejor marinero podía desenredar, que se quite el mejor smartphone del mercado.

¿Estamos tontos o qué? ¿De verdad queréis regresar a los ochenta? ¿Queréis perderos el Whatsapp, la Playstation, el cine en HD? ¿Prefieres utilizar un walkman y tener que rebobinar la cinta con un boli BIC que escuchar la música en Spotify? ¿En serio que te lo pasabas mejor jugando al Atari Pong que al FIFA? ¿Por qué no te dejas de tanta tableta y ordenador portátil y desempolvas ese Commodore Amiga 1000 con sus 256KB de memoria RAM y descubres de nuevo cómo puedes trabajar a velocidades de vértigo? Hablando de trabajo, estaría genial defenestrar ese invento del demonio llamado e-mail y volver al fax. Y nada de fotografía digital. La diapositiva es lo más. Si vas a una fiesta con un estupendo cardado y unas hombreras de puta madre y te plantas en mitad de ella con un proyector de diapos, te convertirás en el auténtico hipster ochentero.

La realidad supera siempre a la ficción y es que existe gente con la que la vida del siglo XXI no va con ellos. Este es el caso de una familia canadiense que ha decidido convertirse en unos amish de los ochenta. Por un año han optado vivir con la tecnología de 1986. Nada de Internet, ni de Facebook (en esto salen ganando) ni de tabletas. Ni siquiera los CDs están permitidos. El colega, al que se puede ver en la imagen de este post (el pelo cardado y el bigotón  merecerían comentario aparte), prefiere el loro de toda la vida con doble altavoz para tronar a todo el vecindario (aunque la revolución en este tipo de aparatos vino con la doble pletina y el auto-reverse).

El e-mail ha sido sustituido por correspondencia tradicional, de tal forma que sus allegados se enteran de las noticias familiares con tres días de retraso. La familia vive en una burbuja ochentera en la que no sabemos si en algún lugar del salón han colocado la discotequera bola de espejos para las noches de farra y desenfreno.

Estos canadienses tomaron esta decisión “por el bien de los niños” para que no estuvieran todo el día enganchados a la tableta ni a los dispositivos electrónicos que para ellos deben ser algo así como satán. Pero tal vez deberían haberse retrotraído un poco más atrás en el tiempo ya que, si se ponen, los pequeños diablillos podrían tener ante sí un mundo lleno de aparatos tecnológicos propios de la época como el Spectrum de 128k o las Nintendo Game Watch con las que todos crecimos en los años 80. Y ya puestos, si alguien escarba en casa de sus padres seguro que pueden enviarles películas para que los infantes las vean. Se admiten los formatos de vídeo VHS e incluso Betamax.

Con todo esto, ¿seguís queriendo retrotraeros a la década de los ochenta? Pues si estáis decididos, adelante. Para que vayáis encontrando vuestro sitio en esos años, la música la pone The Cure. Esta década dio también cosas muy buenas y una de ellas es este grupo cuyo cantante, Robert Smith es el auténtico rey del cardado.