Elecciones: no llames al ladrón para que vuelva a entrar en tu casa

Papeletas electorales
Papeletas electorales

Este próximo domingo se celebran Elecciones Generales y toca elegir al partido que se haga cargo de los destinos del país durante los próximos cuatro años. Uno de los retos que se deberían afrontar es el cambio de modelo productivo, algo en lo que hacen hincapié la totalidad de las formaciones que se presentan a las elecciones.

Para poder realizar ese cambio es necesario potenciar la I+D+i pero eso es algo que no se puede lograr en cuatro años. Se trata de un proyecto a largo plazo y que comienza por la reforma radical del sistema educativo. Una reforma que no se debería centrar en si se pone la religión como materia educativa obligatoria o si hay que aniquilar la escuela concertada. Una reforma que no ponga el foco en que todos los alumnos tengan que alcanzar la Universidad. Sí, sobran universitarios y faltan especialistas. Especialistas que no encontramos porque les obligamos (y becamos aunque no tengan las capacidades ni el interés en estudiar una carrera) a asistir a la Universidad. Sin este cambio, podremos seguir hablando de parecernos a Dinamarca durante siglos y continuaremos siendo un país al que le pillan todas las crisis en pañales.

Todos los partidos llevan propuestas de reforma de la educación y de especialización del profesorado. Incluido el Partido Popular que acaba de aprobar la enésima Ley de Reforma de la Educación hace pocos meses. Una Ley que, evidentemente, no vale.

El papel de la tecnología

Dentro de una reforma educativa y en pleno siglo XXI, la tecnología debería ser uno de los principales elementos a tener en cuenta. El alumnado de hoy maneja cualquier dispositivo tecnológico mejor que la inmensa mayoría de los adultos. Los cursos y talleres de robótica y programación (que no se incluyen como asignatura en toda la Educación Primaria) viven días de gloria a precios desorbitados que la gran mayoría de las familias no se pueden pagar. Una buena parte de las profesiones en las que podrán trabajar tus hijos en la próxima década no existe actualmente. Pero todos tenemos claro que esas nuevas profesiones pasan por la tecnología.

Somos un país con exceso de psicólogos y licenciados en derecho. Faltan informáticos e ingenieros. Y todavía nadie se ha puesto a la labor de cambiar esto.

Me he leído desde el principio hasta el final los programas de los cuatro principales aspirantes a la Presidencia del Gobierno. Sólo uno hace de la tecnología el leitmotiv del mismo: es el del PSOE. De hecho, su programa comienza y se basa en “la España del Conocimiento”. Desde la primera página se apuesta por la innovación y la educación como elemento para el desarrollo definitivo del país. La música suena bien pero… El PSOE gobernó hasta hace bien poco este país y ni desarrollo tecnológico ni cambio de paradigma en el sistema educativo. La obsesión del ministro Sebastián fue la dar subvenciones para la compra de coches de la misma forma que el ministro Soria se ha dedicado a la promoción turística de Canarias, sin pasar por la casilla tecnológica . Es decir: nada de nada.

Mientras tanto los pocos ingenieros, informáticos, programadores, etc que salen de nuestras universidades huyen del país ante la oferta de sueldos y perspectivas mejores que les ofrecen empresas alemanas, americanas o finlandesas. Porque las empresas radicadas en nuestro país también tienen lo suyo. Se quejan de la falta de esos especialistas y de que nuestro sistema educativo no nutre la demanda. No les falta razón pero esconden, que un salario alemán cuadruplica la mejor oferta que le haga una empresa en España. Y tampoco cuentan que hay empresas que se aprovechan del sistema para contratar en la modalidad del falso autónomo. Compañías que hacen de un estudiante el becario eterno. Y todo ello, por salarios que en muchos casos ni siquiera cubren el salario mínimo interprofesional: ¡Claro, es que está de prácticas!

Pero aparte de la apuesta por la tecnología y la mejora del sistema educativa que hagan los dos partidos, la principal losa, sin embargo, que arrastran PP y PSOE es la de la corrupción, que afecta a ambos por igual. Por este motivo, y por los precedentes, nadie debería votarles. Nadie. Porque es como si entraran en tu casa, te robaran y al cabo de cuatro años, cuando ya te has repuesto del golpe, no sólo no has puesto medidas de seguridad, sino que dejas las llaves de tu casa al ladrón para que te vuelva a robar a cambio, eso sí, de que te la deje como los chorros del oro una vez que te ha hurtado nuevamente.

Ciudadanos y Podemos, por su parte, son los nuevos. Los que tienen opciones reales de modificar la política española. Ambos tienen apartados dedicados exclusivamente al desarrollo tecnológico. Los dos hablan de la creación de campos tecnológicos y ciudades del conocimiento, de elevar el gasto en I+D+i, o de promover la cultura científica desde la educación primaria,… La música también suena bien, y al menos tenemos la duda de si lo harán o no lo harán. Tanto PP como PSOE, en materia de innovación y desarrollo, faltaron a sus compromisos electorales una vez alcanzado el poder.

Por primera vez en 40 años, la tecnología y la I+D+i parece que van a ocupar un papel más relevante que antaño. Y por primera vez, los españoles tenemos más opciones donde elegir, a derecha y a izquierda, fuera de los dos partidos tradicionales. Partidos que, de momento, no han entrado en tu casa a robarte. Ahora somos nosotros los que tenemos que decidir si queremos dejar las llaves de casa al chorizo, a cambio de que nos la deje ordenada, o si ya nos hemos cansado de él.

La música del post la pone Crystal Fighters: grupo británico de lo más interesante de la música actual que junta a la vez, guitarras, sintentizadores, cajas de ritmo e instrumentos tradicionales de la música del País Vasco.

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I+D para una hamburguesa “low fat”

Haburguesa sin grasa frita en abundante mantequilla.
Hamburguesa sin grasa frita en abundante mantequilla.

Vivimos en un país en el que la I+D+i no ha sido nunca algo importante para el Gobierno de turno. Se trata de un concepto que el político de turno cree que es algo parecido a las meigas gallegas que haberlas haylas pero nadie sabe dónde están.  A todos ellos se les llena la boca al hablar de innovación y desarrollo pero dudo de que alguno se haya planteado seriamente en qué consiste.  Sólo es necesario fijarse en la reducción presupuestaria que de forma constante tiene la I+D+i. La clave hay que buscarla en dos factores: la I+D+i no genera ningún beneficio a corto plazo, lo que se traduce en que la generación de votos será prácticamente nula y además, al no haber comisiones de por medio, implica que apostar por la ciencia no reportará tampoco réditos económicos inmediatos.

El recorte lo impregna todo y la culpa de esta constante reducción en la I+D+i es debida a la lamentable situación económica que vive España, fruto de esos excesos del pasado en esa época en la que “vivíamos por encima de nuestras posibilidades”. Y nos llevamos las manos a la cabeza porque se fugan nuestros mejores cerebros (en verdad a nadie le importa esta desbandada, por mucho que se muestren seriamente preocupados). La realidad es que mientras nosotros exportamos talento, en los países de la Europa del Norte o en Asia, o en Norteámerica están deseando atraer a cuantos más mejor. Pero no, no es una cosa de la crisis: antaño a nosotros nos gustaba importar obreros para la construcción mientras multitud de ingenieros y científicos españoles partían de su país porque nunca se interesó por potenciar la innovación.

Claro que con esto del mantra de la investigación también se desarrollan cosas curiosas. Algunas como una de las noticias más sorprendentes del verano pasado y que no es otra que la hamburguesa de laboratorio. Siempre me ha sorprendido cómo a alguien se le pueden ocurrir determinadas ideas. Está claro en algunos casos: aparece una nueva enfermedad o un nuevo tipo de virus y evidentemente, empezará un grupo de científicos a investigar su cura o su aislamiento. Lo mismo puede ocurrir con un medio de transporte: los ingenieros se estrujan los sesos para mejorar los existentes. Con el mundo de la tecnologías de la información, tres cuartos de lo mismo: desarrollamos nuevas aplicaciones, novedosas máquinas, etc.

Pero algunas cosas son singulares. No superan a los nombres de las operaciones policiales, que muchas veces parecen inventados por una mente esquizofrénica (Malaya, Campeón, Scottie, Nécora…) pero con mucha frecuencia aparecen noticias de descubrimientos e investigaciones más que peculiares. Uno de ellos el de la hamburguesa de laboratorio.

Básicamente sucedió lo siguiente: un científico holandés se le ocurre la brillante idea y se la plantea a otros colegas: ¿Y si nos ponemos a cultivar una hamburguesa en el laboratorio a partir de células madres? No se sabe a ciencia cierta si el individuo era un cliente frecuente de todo tipo de hamburgueserías pero el caso es que sus colegas no vieron mal la idea y se pusieron a investigar en el tema. A fin de cuentas, debieron pensar, si nos sale bien nos saldrá una hamburguesa sin un ápice de grasa y dejaremos de depender de la vaca para extraer carne. Por supuesto los tipos pusieron especial énfasis en que la carne fuera puro magro, nada de grasas que luego a los clientes les puede subir el colesterol y las transaminasas.

Cinco años después y tras haberse pulido casi 250.000 euros (menos de los que cuesta una segunda residencia en la costa levantina) los investigadores holandeses ya podían presentar al mundo su investigación estrella. Había nacido la hamburguesa del laboratorio. También, a esa primera hamburguesa le podían haber puesto un nombre. ¿No se lo pusieron a la oveja Dolly? Pues ya puestos la podían haber llamado de alguna forma. Si no se les ocurría ninguno deberían haber contactado con la policía española o con los de Google, que también son muy originales a la hora de nombrar a sus diferentes versiones de sistemas Android.

Según los científicos el desarrollo de este trozo de carne picada supondrá un hito, ya que no crecerán más las ganaderías y por tanto, se necesitará menos pasto para los animales. Todo esto se traduce en una reducción de los gases de efecto invernadero y además el gasto energético también disminuirá. En lo que se refiere al alimento en sí, todos son ventajas: conserva el sabor y sobre todo no tiene una pizca de grasa.

Y es aquí donde viene el problema. Venga, vale. Aceptamos que se trata de un invento genial. Les creemos cuando hablan de economía sostenible y evidentemente, como se aprecia en las imágenes, no parece tener nada de grasa. Entonces, si es así… ¿por qué demonios cocinas la hamburguesa con bien de aceite y mantequilla? ¿Os habéis pasado cinco años de vuestra vida intentando crear una hamburguesa sin grasa y la freís en mantequilla? (Aquí puedes ver el vídeo)

Mucho investigador, pero desde luego no sois especialistas en dietética. ¡Por favor! si querías quedar bien, teníais que haber utilizado aceite… pero aceite de oliva, porque hay también metísteis la pata y pusisteis aceite de girasol. Así que la mezcla es explosiva: cocino una hamburguesa y la frío en una mezcla de aceite de girasol y mantequilla. Lo peor de todo es que semejante engendro fue realizado por un conocido chef de nombre Richard McGeown. Claro, el tipo es inglés y poco se puede esperar de alguien que ha nacido en el país que peor se come de mundo.

La música  corre a cargo de Pixies, un grupo de Boston, considerado una de las bandas más influyentes en el mundo del rock alternativo de finales de los 80 y principios de los 90 en bandas como Nirvana, precursora de lo que se dió a conocer como el movimiento Grunge. Actualmente, el cuarteto se encuentra de gira, que llegará a España a principios de noviembre.

A Vodafone le mola el metro

Así será la imagen de la línea 2 a cambio de 3 millones de euros.
Así será la imagen de la línea 2 a cambio de 3 millones de euros.

Lo bueno de la crisis es que las ocurrencias están a la orden del día. El hambre agudiza el ingenio, que dice el refrán. Los políticos no sólo piensan en recortar, también en aumentar el dinero que hay en las arcas públicas. Claro que normalmente esas arcas se llenan a costa de la (poca) pasta que le queda al populacho y se hace mediante subidas de impuestos (que nunca se iban a producir) e incremento de tasas de todo tipo. Eso sí, como somos gilipollas nos dicen que es un “recargo temporal de solidaridad” si te suben el IRPF, un gravamen adicional si lo que aumenta es el IVA o movilidad exterior si lo que sucede es que te tienes que largar de tu país porque éste es incapaz de ofrecerte oportunidad alguna. Obviamente a ninguno de nosotros nos pagan en diferido una indemnización… es más a algunos ni les pagan la indemnización.

Así que al menos es de agradecer que el sector tecnológico tenga iniciativas para rellenar las arcas públicas para ver si las telas de araña se van eliminando. Porque sí, acciones de marketing como la que os voy a contar surgen por iniciativa del sector TIC. No vayáis a creer que algún político se ha estrujado los sesos para generar pasta fuera de los dogmas comunes de recortes y subidas de impuestos.

Hace un año fue Samsung a la que se le ocurrió la brillante idea de patrocinar la madrileña estación de metro de Sol. Durante un mes se llamó “Estación Sol Galaxy Note”. Ahora es Vodafone la que ha superado a la coreana y no sólo va a utilizar su nombre para patrocinar a la más emblemática de las paradas del suburbano madrileño, sino que toda la línea 2 (la roja) llevará el nombre de la operadora británica. La pasta que dejaron en su momento los coreanos y la que dejará Vodafone será gansa pero tú, ciudadano, estate tranquilo: no verás un miserable céntimo. Ese dinero no se invertirá en mejorar la red de Metro, ni tan siquiera servirá para frenar los despidos de unos cuantos trabajadores de Metro. Sabemos que tampoco se destinará a mejorar el sistema educativo de Madrid, ni a que la gente pueda tener a unos servicios sanitarios medianamente dignos. No, tampoco te arreglarán la acera de tu barrio, esa que lleva agujereada desde que tu abuela conoció a tu abuelo. Como mucho servirá para arreglar algún parquímetro estropeado. Paro la realidad es que no sabemos en qué se utilizará ese dinero, aunque sí nos lo podemos imaginar.

Yo soy favorable a este tipo de acciones de marketing: dan dinero a la ciudad (en este caso tres millones de euros) y por tanto, debería beneficiar a los ciudadanos mientras que a la marca anunciante le ofrece una pasarela sin parangón y estar en boca de todo el mundo durante un tiempo. El retorno de la inversión para el anunciante es rápido y el beneficio para la sociedad debería ser positivo. Nos podemos encontrar con los pedantes que no quieren que se produzcan esta serie de actuaciones. Pero ¿que harían todos los que se quejan de este tipo de acciones si sucediera que se le presenta un comercial en su casa y le dice?: “disculpe, soy de Vodafone y queremos que, a cambio de 6.000 euros, su piso en vez de ser el 3ºC pase a llamarse Vodafone 3ºC”. ¿Qué? ¿Cómo se te queda el cuerpo? ¿Eres tan chulito que le dices al tipo que no, que tú eres un tipo tradicional y que rechazas la pasta porque tu casa ha sido el 3ºC toda la vida? Creo que no. Coges la pasta como un campeón y si además logras no declararla a Hacienda mejor que mejor. Sí, los españoles somos así. Criticamos todo pero si nos afecta a nosotros entonces empezamos a ser más permisivos.

El caso es que visto que las estaciones de metro son un negocio publicitario empiezo a pensar qué pasaría si todas las líneas estuvieran patrocinadas. Obviamente tiene que ser por compañías tecnológicas que son a las que más puede rentar acciones como estas. No es plan que una línea de metro sea patrocinada por una marca de coches ni tampoco por una de motos, por mucho que sea una Harley Davidson o una Chopper. Así que nos podríamos encontrar con conversaciones como la que sigue:

–          Perdón joven, ¿sabe usted cómo puedo ir a la estación Campamento Microsoft?– pregunta una señora.

–          Sí, tiene que coger la línea Vodafone, hacer transbordo en Opera Firefox, ir a la línea verde Amena verbena y la última estación es Campamento Microsoft

Todas las estaciones son susceptibles de ser patrocinadas, aunque hay una que ya está ocupada de forma permanente: Atocha-Renfe. Hay algunas que son muy propicias para ser patrocinadas. Así, Panda Security podía patrocinar la estación Bambú. Empalme es la que le correspondería a Apple mientras que Lista no tendría que ser patrocinada por una empresa, sino por la presidenta de Microsoft España. Pavones sería la estación para Google, por cómo anda presumiendo de unos años a esta parte y Artilleros es la apropiada para Oracle dada la afición de Larry Ellison a disparar improperios ante cualquier pregunta sobre su competencia.

Lo de las líneas es más fácil. La verde para Amena (verbena), la azul para Mosvistar, la gris para Microsoft, que cada vez tiene menos color… El problema viene con la línea 4. ¿Quién quiere comerse el marrón? En este caso yo no apostaría por patrocinar esta línea pues todo el mundo la vería como una empresa de mierda… aunque haberlas, haylas.

La música de hoy la pone Cat Power una de las vocalistas y compositoras aparecidas de la escena indie en la década de los noventa. No tiene un estilo muy definido pues durante su carrera ha explorado diferentes géneros musicales. El tema Ruin de este vídeo es muy apropiado para los tiempos que corren.

Chávez, el vergatario, los P2 y los memos

El vergatario: en realidad desarrollado en China, ensamblado en
El vergatario: en realidad desarrollado en China, ensamblado en Venezuela

Tras la muerte de Hugo Chávez la semana pasada, mucho se ha escrito sobre el personaje en cuestión. Sin entrar en valoraciones sobre lo que ha hecho o dejado de hacer, lo que está claro es que era un tipo que no dejaba indiferente a nadie: alguien con carisma y capaz de comunicar. No es sorprendente que el pueblo le votase y a la hora de su deceso saliera larga en procesión y romería a venerarle. Ejemplos en nuestro país tenemos varios. El más claro de todos: Jesús Gil y en estos días Rosa Díez.

La clave de todo buen populista radica en su capacidad para decir las cosas que todo el mundo quiere oír. Todo ello aderezado con una pizca de bravuconería y un estilo “echado p’alante”. Importa poco que de lo que se trate es de hablar del imperialismo yanqui (como Chávez) que de despreciar a la clase política y sus dádivas aunque tú lleves beneficiándote de ellas desde 1979 (como Rosita). De lo que se trata es de que mediante un lenguaje directo y, en ocasiones, chusco, lograr que el populacho se regocije y piense que va a ser él o ella los que les liberen de sus problemas y de su vida miserable. Es de eso de lo que se aprovechan personajes de semejante calado y que se han repetido a lo largo de la historia. En realidad, todos ellos, a uno y a otro lado no son más que una mera farsa.

Como buen charlatán de feria, Chávez era un tipo astuto e inteligente. Por eso era capaz de enfrentarse casi ante cualquier elemento que se le pusiera delante. Un personaje dominador de cualquier materia. Por supuesto, entre sus conocimientos también se encontraba el mundo de las nuevas tecnologías. De hecho dejó al mundo uno de los grandes avances de las telecomunicaciones del último decenio: el Vergatario.

¿Qué es lo que se esconde detrás de esta nomenclatura? Visto así de primeras parece que nos hubiéramos metido en una página web con alto contenido sexual, no apta para menores, pero no. Tras el Vergatario se esconde un móvil. Un teléfono revolucionario en todos los sentidos del calificativo. Revolucionario porque el Estado venezolano lo sacó al mercado para competir contra la tiranía de las multinacionales dedicadas a la fabricación de terminales móviles.  Revolucionario por la tecnología puntera que desplegaba y, finalmente, revolucionario porque Chávez así lo decía: “el primer teléfono fabricado en Venezuela. Todo buen revolucionario de la República ha de llevar su Vergatario (aunque él fuera más de Blackberry)”.

Analicemos el aparato en cuestión. Su primera versión es del año 2009, es decir, cuando la tecnología móvil era algo más que una promesa y por ejemplo, ya existían varios modelos de Smartphone. El revolucionario teléfono según el propio Chávez “es un aparato con capacidad para almacenar 500 contactos en su memoria, puede usarse como alarma, tiene cámara, calendario, notas de voz, cronómetro y linterna. Es ligero, liviano y sólo cuesta 10 euros”. Además y según la publicidad estaba fabricado en Venezuela (esto es otro aspecto destacable de cualquier populista que se precie: invocar al patriotismo). Bueno, hay que decir que el móvil estaba ensamblado en Venezuela pero toda su tecnología era de la multinacional china ZTE y concretamente el modelo Vergatario se correspondía en realidad con el ZTE 366.

Pero vayamos al nombre. Como buen elemento propagandístico, el teléfono tenía que tener un nombre llamativo, que quedara retenido en la memoria del personal y se optó por el de Vergatario. Hombre, podían haber elegido otro, ¿no? Vale que en Venezuela el término significa algo así como “algo o alguien que merece la pena”. Vamos, traducido al mundo teckie algo guay, moderno, fashion… en definitiva, un auténtico maquinón. Un aparato que se vendió en tales proporciones que rápidamente tuvieron que sacar a la venta el Vergatario II. En realidad esperaban distribuir un millón de unidades en su primer año, pero la cifra se quedó en 100.000 y la empresa encargada del ensamblaje sólo logró montar el 24% del total.

La realidad es que ni a Dios le interesaba ir con un Vergatario en el bolsillo. Así que se le dio la vuelta a la tortilla y el escaso éxito del terminal según el propio Chávez y su ausencia en las tiendas era debido a que “el Vergatario salió y de inmediato desapareció de los mecanismos de distribución, de un sistema de flujo permanente” gracias a que todo el mundo andaba pegándose por adquirir un móvil de última generación (salvo Chávez que prefería la BB).

A lo mejor si le hubiera puesto otro nombre las ventas hubieran sido mejores. Pero no debe de ser el caso, porque la realidad es que son muchos los fabricantes que designan a un producto con un nombre que incita más a la chanza que a que lo compres por las bondades que pudiera tener.

Así que en esto del nombre Chávez no tiene la exclusiva. Sin ir más lejos en el pasado Mobile World Congress, los chinos de Huawei presentaron su Ascend P2. Hombre, P2 en español para un teléfono suena mal, pero es que si lo ponemos en inglés PI-TU tampoco es que sea muy sonoro. Más bien parece que están hablando del nuevo Vergatario en bable.

Y luego tenemos al fabricante del Vergatario original. Nuevamente la china ZTE también ha presentado en el MWC un Smartphone al que le ha llamado el Grand Memo. Hombre, si lo que quieres destacar  es su capacidad de memoria, llámale Memory, o memorión pero no le llames Memo, porque entonces lo que me da la sensación es que me encuentro ante una bazofia de teléfono. Hombre, por favor, que no queda nada bien eso de decir: “Mira, llevo un gran memo en mi bolsillo”. En fin, que en esto de los nombres, a los directores de marketing se les podían ocurrir cosas mejores o al menos más apropiadas.

La música de hoy va a ser de un tipo que el viernes pasado ofreció un concierto en Madrid y que responde al nombre de Josh Rouse. Un cantante / compositor que hace un pop y un folk-rock delicioso y que tiene desde hace muchos años fijada su residencia en España y tiene varios temas en nuestro idioma.

Teletrabajar o tocarse las narices a dos manos

¿Qué hora es en estos momentos? Venga, hazlo. Mira tu reloj. Seguramente perteneces a esa inmensa mayoría que está leyendo este post por la mañana. Entre las 9 y las 10:30 horas para ser más concreto. Al menos, así lo reflejan las estadísticas. La mayor parte de mis lectores lo hacen a esas horas y de lunes a viernes. Voy a ser sincero: durante el fin de semana sólo cuatro tipos que deben de ser muy rarunos se dedican a leerlo. Vamos que no lo lee ni Cristo, así que es de suponer que la mayoría de mis lectores os encontráis en vuestra jornada laboral.

Deja de leerme. Hazlo luego, por la noche, cuando llegues a tu casa. Ten en cuenta que tu jefe está al acecho y en una de esas te va a pillar.

Mira que yo no quiero ser la causa de tus problemas laborales. Vale, sí. Tu jefe es un cabrón, te paga poco y te tiene muy explotado, así que porque pierdas cinco minutos de tu jornada laboral leyendo estas líneas tampoco debería ser para tanto. El tipejo se merece que pierdas el tiempo. Además siempre puedes poner la excusa de que estás informándote por el bien de la empresa. ¿Acaso tiene él miramientos cuando despide a alguien? ¿Le pone excusas del porqué de su rescisión unilateral de contrato? No, ¿verdad? Pues hala, sigue dándole a la lectura. ¡Que le froten!

La realidad es que somos poco productivos. Es verdad, es así. Siempre lo ha sido. Ahora porque tenemos esto de la Internet y del Social Media para estar entretenidos, pero antes, cuando esto no existía, ¿no recuerdas a ese compañero tuyo que se encerraba en el baño a leer el Marca? Todo un ejemplo de productividad: un señor ingeniero de teleco sentado en la taza del retrete, leyendo el diario deportivo. Y sí, el aseo estaba siempre ocupado, porque eran varios los empleados productivos que pasaban una parte de la jornada laboral acompañados de sanitarios, toallitas de papel y, por supuesto, el Marca.

Los tiempos han cambiado y gracias a las TIC tiramos menos de la cadena y el derroche de agua es menor, La gente ya no se menea de su asiento porque las nuevas tecnologías han posibilitado que no haga falta levantarse del puesto para perder el tiempo. Y, ¿el jefe? El jefe encantado. En este país siempre se ha valorado eso de estar pegado con Superglue a la banqueta. No importa si eres lento o si tu trabajo es nefasto: si llegas a las nueve, superas ampliamente tu jornada laboral y sales de la oficina doce horas después, tu jefe estará más que satisfecho (siempre que no le pidas que te pague las horas extra). Serás el empleado ejemplar de la empresa e incluso te pondrán como ejemplo del buen hacer delante de tus compañeros. Compañeros que por supuesto, saben que eres un inútil integral.

Claro, que las nuevas tecnologías han traído consigo un problemón. Una contrariedad de la que la mayoría de empresarios de este país no quiere oír ni hablar. Una cosa más embarazosa que un embarazo, que suele aparecer, casi siempre, después del parto y que responde al nombre de ¡teletrabajo! Si pusiéramos más mujeres en puestos directivos a lo mejor cambiaba la cosa, pero de momento la mayoría de las grandes empresas y no te digo ya de las medianas, están tomadas por hombres. Señores hechos y derechos y educados a la antigua usanza. De esos que hacen las cosas por sus cojones. Así que vete tú a hablarle de teletrabajo y de conciliación de la vida familiar y laboral. “Concilia ¿qué?” te dirá. Y tú toda digna (sí, digo toda digna porque los hombres en este país tampoco concilian, pero en este caso es porque lo de conciliar no mola: supone más curro) le empezarás a exponer las grandes ventajas de poder currar desde casa: “Se va a ahorrar la gasolina que me paga por desplazamientos, voy a consumir menos energía porque no gastaré ni agua del baño, ni energía del ordenador, ni calefacción en invierno ni aire acondicionado en verano y además, seré más productiva” Claro con lo de pagar menos empezó a poner atención pero eso de ser más productiva no le cuadra. El fan número uno del Loctite no puede permitir situaciones de este tipo así que al final acabarás cogiéndote una reducción de jornada, con la que el borrico del empresario tampoco estará muy de acuerdo pero que no tendrá más remedio que aceptar porque se lo marca la Ley. Eso sí, buscará todas las artimañas posibles para poder ponerte de patitas en la calle. Claro que para evitar esta situación tenemos una solución que Carlos Floriano, vicesecretario de Organización y Electoral del PP, nos dio el otro día: si estás imputado no te pueden despedir. Así que yo que tú dejaría de pagar la comunidad de tu casa durante un tiempo y que su presidente  te demandara o haría todo lo posible para que alguien te denunciara. En ese momento pasarás a estar imputada y nadie te puede botar del curro. Además seguro que así podrás trabajar desde tu casa. Al menos, es lo que pasa en el PP, que al exalcalde de Pozuelo y exmarido de la ministra de Sanidad, Ana Mato, como está imputado y no le pueden echar (anda que mira que aprobar hace un año una reforma laboral en la que se puede despedir casi por la cara, no se pueda echar a un imputado, tiene delito) pues le mandan a currar a su casa y con el sueldo íntegro.

Esta cosa del teletrabajo tiene también sus paradojas. He hablado del jefe tozudo y empecinado. Pero lo peor es una jefa machista (que las hay). Como la que mande en una empresa sea una mujer que lo que le mola es eso de que calientes la silla, ya puedes argumentar todo lo que quieras sobre las ventajas de teletrabajar. En esto del periodismo pasan estas cosas también. De hecho conocí a una mujer directora que se hartaba de hablar en sus editoriales de las bondades del teletrabajo pero en su medio no lo permitía ni por asomo. Es más, rizaba tanto el rizo, que si una rueda de prensa acababa media hora antes de que terminase la jornada laboral hacía a sus periodistas volver a la redacción aunque sólo fuera para fichar.

Y luego está el tema de los empleados. Hombres, me refiero. Estos son los peores, porque encima van de mártires. Es que, en realidad es más cómodo quedarse en la oficina que ir a casa, atender a las criaturas, en el caso de que las tuviera, o simplemente ponerse a hacer la cena. Para eso ya está la mujer -piensa-. En este caso el hombre prefiere estar conectado a la Red en modo ocioso, perdiendo el tiempo y luego llegar a su hogar y, con cara de abatimiento cual cordero degollado, quejarse del trabajo duro que tiene en la oficina. Claro, si teletrabajases, lo normal sería que después de la cena te tuvieras que poner a currar un poco más y eso no es lo que más apetece, ¿verdad pillín? Si es que te las sabes todas. Sí, serías más productivo, porque no perderías tiempo, pero tú tendrías mucha más tarea familiar y además tu jefe pensaría que no haces correctamente tu labor porque no estás permanentemente en tu sitio. Así que entre jefes, jefas y empleados machistas y carcas, pues la cosa nos va como nos va. Y es que, teletrabajar no es trabajar: es tocarse las narices a dos manos.

El vídeo musical de esta semana tiene que ver con el trabajo. Así que aquí tenemos a Bruce Springsteen, hace veinte años, cantando aquello de “Working on the highway”. Especialmente dedicado a aquellos/as que todavían no se han enterado de las ventajas reales de teletrabajar.

Escuela 3.0: ¡y una mierda!

Si alguien se acerca por un colegio de España a eso de las nueve de la mañana observará un incesante reguero de niños que entra en ellos. ¿Niños? No, en realidad son pequeños sherpas a los que les están enseñando cómo deben llevar el cargamento de los expedicionarios que ascienden al Everest. Que no os engañe el ministro Wert ni los que le han precedido en los últimos años. Lo de la reforma de la educación es un mito: de lo que se trata es de sacar porteadores con espaldas anchas, que en el futuro carguen en ellas con los efectos de las políticas de recortes. Vamos, que no sean como nosotros, que llevábamos menos peso y así hemos salido: “ná más que de quejarnos y de quejarnos”. Y es que, si hubiéramos llevado unos cuantos kilos de más a nuestras espaldas, la crisis no existiría y las manifas estarían erradicadas. Habríamos sido la sociedad dócil que todo “representante público” desearía.

Todo lo que hacemos en la infancia y en nuestra adolescencia tiene su consecuencia en la edad adulta. Así que, ¿qué es lo que está sucediendo con los niños de nuestro país? Pues que tenemos una generación de nativos digitales a los que no se les presta atención y que siguen estudiando y formándose de la misma manera en que lo hice yo hace más de un cuarto de siglo. Y los enanos siguen aprendiéndose textos de memoria que, en cuanto hagan su examen, se les habrán olvidado. Y, ¿por qué? Porque estudiar a la antigua usanza es un coñazo, y porque lo se pretende que estudien no despierta, en muchas ocasiones, el menor interés en el niño. Eso sí, tipos con unas espaldas más duras que el acero, vamos a sacar unos cuantos.

La sociedad evoluciona, pero parece que la educación no. En un mundo interconectado, el estudiante de hoy en día continúa con las mismas rutinas que hacía hace un siglo: Va a la escuela, escucha la charla correspondiente, sale del colegio, llega a casa y se pone a estudiar o a hacer la tarea que le hayan encomendado. Todo ello con libros de todo tipo, tamaño y variedad. Vamos a ver, en la época de las tabletas digitales, los portátiles, los smartphones o las redes sociales, ¿por qué toda esta serie de avances no se emplean al 100% en las aulas? Y ahora llegará alguno y me dirá: “Oye que en mi cole, que es muy bueno, tienen pizarras digitales”. Si ya claro, ¿y para qué? Pues yo te lo voy a decir: para ver vídeos o poner PPTs. Es decir, se hace lo mismo que cuando se usaba una tiza, sólo que en su lugar ahora el profesor emplea un puntero o un mando a distancia. Y con eso la mayoría de los padres se quedan muy satisfechos y se creen que su cole está superavanzado tecnológicamente. Pues mira, no.

De momento, los chavales, en vez de tanto manual impreso, podrían llevar, por ejemplo, una tableta en la que estuvieran los contenidos que ahora están en los libros. Algo tan simple como esto, favorecería la interactividad profesor-alumno, ofrecería más opciones de aprendizaje, y por supuesto haría las clases mucho más atractivas porque los niños se encontrarían en un entorno completamente conocido para ellos. Porque, señor ministro y señores consejeros de educación: los canijos saben usar mejor que ustedes una tableta (y además no la perderían), les es completamente familiar y lo que es más importante: les parece un artilugio divertido y si no mirad este link de la empresa Minus is Better y veis que pueden hacer unos mocosos con una tableta.

También es verdad, que muchos padres, cavernícolas ellos, se opondrían a la introducción de la tecnología alegando aquello tan convincente de: “Sólo faltaba que ahora también fueran al colegio a jugar. Estudiar se hace como se ha hecho toda la vida de Dios”. Hombre, sí, antes también era norma atizar a los niños en la clase y ahora no. Porque la realidad es que son muchos los padres y madres que quieren que sus hijos vayan al colegio a sufrir y eso de la tecnología lo ven como un juego disfrazado de aprendizaje.

Participando de este pensamiento, los políticos se toman la educación como un adoctrinamiento (por eso, con cada cambio de Gobierno se redacta una nueva ley de educación). En estos tiempos que corren está muy de moda eso de “la cultura del esfuerzo”. Pues mira, eso es una patraña similar a la de “has gastado por encima de tus posibilidades”. Si oyes que alguien te dice eso de la cultura del esfuerzo sal por piernas. Porque imagínate que vas a hablar con el profesor de tu hijo y te dice: “Sí, le he suspendido pero se esfuerza mucho”. Efectivamente, has dado en el clavo: tienes un nene “poco listo”. Y, ¿a qué no te gusta que te digan eso? Pues a eso nos lleva basar la educación sólo en la cultura del esfuerzo: a trabajar como chinos, que parece ser que es lo que mola.

Pero lo peor de una frase que se repite hasta el infinito es que acaba calando. Y claro, parece que los estudiantes van a clase a tocarse la nariz y a estar con el whatsapp o el twitter durante toda la jornada escolar. Si a eso le añadimos que los profesores son unos vagos, pues tenemos una ensalada muy mal aliñada pero que consume todo el mundo. Y no es así: en general, el profesor curra como una bestia y la mayoría de alumnos también.

Así pues, la tecnología tiene pocos visos de avanzar en el aula si seguimos basándonos sólo en la cultura del esfuerzo. Los que apoyan esta teoría, lo que quieren decir en realidad es que el estudiante salga del colegio o del instituto y esté hasta altas horas de la madrugada estudiando (aunque luego no lea una línea del libro). Es el mismo motivo por el que el empresario valora más al trabajador calienta-silla que al que se va a su hora, por mucho que este último es sea mucho más productivo que el primero. Y esa es la sencilla razón por la que una importante parte de los patrones huye del teletrabajo como de la peste.

Creo que va a ser muy difícil ver a un alumno con una tableta para ir a clase: es divertido y al cole hay que ir a aburrirse. Y porque, además hay que mantener el negocio de las editoriales con sus añejos libros de texto. Porque al político le importa tres cominos que el coste medio por alumno en libros sea de más de 200 euros. Vale, la tableta es más cara: pero en dos años está más que amortizada y no hay que cambiarla con cada nuevo curso.

Se habla mucho de la reforma de la educación, pero de lo único que he escuchado hablar es de la problemática con el catalán y la cuestión es que la escuela debería estar para formar personas, que sepan manejarse en la vida y que se despierte en ellos la conciencia crítica. Esto es algo que no se contempla. Las nuevas tecnologías facilitan tanto la práctica como el pensamiento: no se debería tratar sólo de memorizar textos.

Así que podemos seguir así y acabar como los muchachos de este tema de Kaiser Chiefs (grupo de Leeds (UK) nacido en 1996 cuyo éxito comenzó a mediados de la década pasada y uno de los impulsores del denominada new-wave revival junto con Franz Ferdinand, The Fratellis, The Libertines, Bloc Party o Maximo Park entre otros) en el que unos muchachos afirman “it’s cool to know nothing”.

Los del Congreso ya no quieren iPads

No deja de sorprenderme cómo los políticos viven en la nube. Resulta que todo el sector TIC lleva años hablando del cloud computing y la verdadera nube se encuentra en la Carrera de San Jerónimo de Madrid. Esa casta de políticos que sólo se une para criticar a un juez que les habla de la “decadencia de la clase política” hacen todo por el bien del ciudadano de a pie, del currito y del parado. Y para hacer su tarea necesitan la última tecnología.

Por ese motivo se pusieron de acuerdo en la anterior legislatura para gozar de las bondades de un iPad y de un iPhone. Se ve que los pobres iban con un Alcatel One Touch de principios de siglo y con un portátil con un procesador Centrino. Así que el anterior presidente del Congreso, el señor José Bono, debió convocar a los portavoces para comentarles: “Loj diputadoj no pueden andar con baratijas semejantes para hacer sus labores. Pónganse de acuerdo sobre el modelo de teléfono y de portátil que quieren”.

La cosa es de chiste. Para solucionar problemas de los ciudadanos, la prisa no existe. Para ver el modelo de Smartphone que necesitan, el tiempo pasa raudo y veloz. “Queremos un iPhone” debió decir Llamazares. “Y yo no quiero un portátil -debió añadir la moderna Rosa Díez- para ser guay necesito un iPad” Y Soraya, toda una artista del “copy-paste”, afirmó: “Nada, nada, me meto en la web de Apple me copio las características y las metemos en el pliego de condiciones que debe haber en el próximo concurso del servicio telecomunicaciones del Congreso”. Y así se lo guisaron. De tal forma que no podía entrar en ese concurso ni un móvil Samsung, ni un HTC, ni un Nokia. ¡Sólo valía el iPhone y así lo redactaron en las condiciones: “un smartphone con la tecnología más moderna, tipo iPhone o similar!”. Lo mismo ocurría con el iPad.

Pasadas las elecciones cada diputado recibió su iPhone y su iPad. Lo cierto es que no les veo yo a muchos de ellos incrementando la productividad gracias a sus dispositivos. Más bien me inclino a pensar a que Soraya PP le envía vídeos por Whatsapp a la otra Soraya y que Duran i Lleida se aprovecha de la WiFi del Congreso en su habitación de luxe del Hotel Palace para hablar gracias al Viber.

Pero nuestros políticos siempre están a la última y andan pensando en rizar el rizo. Así que ahora nos hemos enterado de que en menos de un año, treinta de sus señorías han perdido o les han robado su iPhone/iPad. Imaginaos la escena, en la que aparecen dos diputados:

– “Oye es que ando todo preocupado porque he perdido el iPad”, dice el primero

– “No te preocupes, vas a Jesús Posada (el presidente del Congreso), se lo cuentas y él te da otro por la cara. A mi me ocurrió hace un par de semanas. Pero si se pone burro, en vez de decirle que lo has perdido, te vas a comisaria, dices que te lo han robado, pones la denuncia y santas pascuas”.

Y es que claro, perder el iPad es como extraviar el DNI. Yo de hecho, que tengo muy mala cabeza, pierdo un iPad cada quince días. Como es algo muy pequeño, no se dónde lo pongo y luego me cuesta encontrarlo. Me cuesta tanto que de hecho no lo encuentro. Claro, que yo no tengo la facilidad del político para conseguir iPads por la gorra y me lo tengo que costear de mi propio bolsillo.

Lo que entiendo más es lo del iPhone. De hecho ya comprendo porque Apple ha sacado el nuevo teléfono más largo. Lo ha hecho pensando en esos despistados, como nuestras señorías, que van por la vida extraviando smartphones. Y es que claro, uno va en el metro o en el autobús y una de las cosas más normales es que en un despiste te manguen el teléfono. ¡Ay calla no, que ellos van en coche oficial! Va a ser que se lo roban esos que se empeñan en lavarte el parabrisas en los semáforos.

En fin, que por mucho que quieran disfrazarlo, la realidad es que un 10% de sus señorías no tienen el iPhone o el iPad que les regalaron hace menos de un año y nosotros nos tenemos que creer que se lo han robado o lo han perdido. A lo mejor es que ahora prefieren un ultrabook o un Samsung Galaxy SIII y es un modo de hacer presión para que les quiten ese terminal anticuado en el que se ha convertido el iPhone 4.

La realidad es que nuestros políticos hace mucho tiempo que deberían haberse bajado de su particular Cloud Computing, porque cuando lleguen a la tierra se van a encontrar con una auténtica revolución.

En estos momentos me acabo de enterar de una iniciativa aparecida en la Web, para que los políticos del Congreso no vuelvan a perder su iPad.  El título no tiene desperdicio: Apadrina un Congresista torpe