¿Por qué existen algunas agencias de prensa?

Fuente de la imagen: http://tenerifetrail.blogspot.com.es/
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Una de las tareas cotidianas de los periodistas del sector TIC es bregar a diario con las agencias de prensa. Estas existen por un simple motivo: ahorrar costes a las compañías. La comunicación siempre ha sido un elemento de segunda en la estrategia de las empresas. Es algo claro: no tiene un retorno palpable de la inversión. No es como el departamento de ventas que siempre sabe cuánto ha ingresado. Tampoco es el departamento de TI que, aunque pula pasta, siempre se puede ver el retorno de lo gastado gracias a la mayor eficiencia de los equipos, la mejora de la productividad de los empleados, etc.

Así que los directivos ven que no es conveniente montar un departamento de comunicación interno dentro de la empresa porque lo único que hacen es gastar billetes y nadie puede cuantificar (por mucho que Google lo intente) cuál es el retorno económico que supone aparecer en este o aquel medio de comunicación. Pero en el fondo a nadie le amarga salir en la portada de un periódico, una revista o en alguno de los mayores portales de Internet. A todos les gusta aparecer en los papeles. A fin de cuentas, ¿no aparecen los de Microsoft o los de Apple?– se preguntan estos ejecutivos. Así que cualquier directivo de cualquier empresucha de mierda decide que debe montar una estrategia de comunicación y contratar a un profesional  que le asesore y oriente. La solución se encuentra en la agencia de prensa. Por cuatro euros se pone en las manos de una de ellas. Esta ha de ser pequeñita porque son las únicas que están dispuestas a aceptar unas condiciones draconianas ya que son ellas las que a su vez atropellan a sus ejecutivos de cuentas (generalmente recién licenciados a los que se les abonan menos de mil euros). Con todo ello, el cliente se ve en disposición de exigir aparecer en El País o en Expasión al menos una vez al mes, sin querer enterarse de que la información que genera su empresa es una auténtica bazofia y no da ni siquiera para rellenar un miserable breve en la columna más perdida de una revista. Y es gracias a este modus operandi cuando empieza el drama del periodista que resumo en estos siete puntos.

1.- Lo sé, tu jefe es un cabrón y te explota. Te exige que me llames a diario para saber si he recibido una nota de prensa que no hay por donde cogerla. Así que no te sorprendas si transcurridas dos horas de jornada laboral en las que lo único que he hecho ha sido perder el tiempo respondiendo a este tipo de preguntas te contesto en plan borde. Si me has enviado una nota de prensa, casi seguro que la he recibido pero si no la ves publicada es que no me interesa y a mis lectores tampoco. Díselo a tu jefe: lo único que consigues con esta estrategia es que te pase a la carpeta de spam y cuando tengas algo realmente interesante no me voy a enterar.

2.- El teléfono móvil personal es eso. PER-SO-NAL. Si alguna vez te lo he dado es porque tenía una cita con alguno de tus clientes o he ido a un viaje de prensa organizado por ti. Sí, yo soy como Gollum y mi móvil es mi tesoro, así que no hagas trampas: si no me localizas en la oficina no me llames al móvil para preguntarme si he recibido una nota de prensa, porque a no ser que seas alguien de confianza lo único que vas a conseguir es que cuando me siente delante de tu nota de prensa me pase algo similar a lo que le sucede a Mourinho con Casillas. Esto también se lo puedes decir a tu jefe.

3.-Esta va directamente a tu mandamás: se supone que tú eres el experto en comunicación y que tu cliente no sabe distinguir un ladillo de una entradilla. Para él su producto es el mejor y no entiende porque el New York Times todavía no se ha fijado en su empresa. Así que tú eres el responsable de explicarle que su producto no es tan bueno como para convocar a la prensa y que no está bien eso de que medio sector tenga que ir a un hotel a comprobar las apasionantes bondades de “el ratón para jugones”.

4.- ¿Por qué me mandas la misma nota de prensa 20 veces en un día? Comprendo que pueda ser un problema puntual. A todo el mundo le ocurre pero cuando eso se repite varias veces por semana entonces entiendo que no lo es y que lo estás haciendo como una estrategia para que no se me pase la “valiosísima” información de tu cliente. Conclusión: vas a ir directito a la carpeta de Spam.

5.- Mi correo no es twitter, así que no te puedo dejar de seguir. Mi castigo es que voy a recibir tus notas quiera o no quiera: por favor, me dedico a las tecnologías así que, ¿por qué me mandas información de tus clientes de perfumería, de juguetes o de parafarmacia?

6.- Otro punto es el referente a la publicidad. Tu cliente es muy libre de dejarse sus dineros donde quiera, pero no está bien que al comercial de mi revista le digas que no estás interesado en invertir en papel y que sólo lo haces en Web y luego a mí me pidas explicaciones del porqué no he publicado determinada y “siempre interesante” información tuya en la revista aunque sí lo haya hecho online. También se lo puedes decir a tu jefe: hay que ser coherente y si para una cosa no te interesan los medios impresos es lógico pensar que para la otra tampoco, ¿no?

7.- Si una vez te digo que no a una entrevista, mi opinión no va a cambiar a la semana siguiente. No está bien que me la intentes colocar a toda costa vendiéndome la moto. Es casi preferible que me digas que tu cliente te está dando el coñazo y me pidas ayuda. Lo puedo hacer si lo haces educadamente.

Sí amigos, esta es la apasionante vida del periodista tecnológico. Porque la realidad es que las empresas grandes y las agencias profesionales (aunque lleven a algún cliente de esos pequeños) en contadas ocasiones caen en uno de estos siete errores por un motivo fundamental: saben qué es la comunicación y su verdadero valor. Y eso es lo que deberían de aprender otras agencias que trabajan con clientes que creen que porque pagan son los reyes del mambo.

Supongo que los periodistas también tenemos nuestras rarezas, así que si algún ejecutivo de cuentas quiere tan sólo tiene que escribirlas en los comentarios.

La música de hoy la pone el hijo de Anthony Perkins (Norman Bates en Psicosis), Elvis Perkins al que le dio por dedicarse a componer canciones folkies con muy buen gusto como se demuestra en esta maravillosa melodía: “While you are sleepning”.

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A Vodafone le mola el metro

Así será la imagen de la línea 2 a cambio de 3 millones de euros.
Así será la imagen de la línea 2 a cambio de 3 millones de euros.

Lo bueno de la crisis es que las ocurrencias están a la orden del día. El hambre agudiza el ingenio, que dice el refrán. Los políticos no sólo piensan en recortar, también en aumentar el dinero que hay en las arcas públicas. Claro que normalmente esas arcas se llenan a costa de la (poca) pasta que le queda al populacho y se hace mediante subidas de impuestos (que nunca se iban a producir) e incremento de tasas de todo tipo. Eso sí, como somos gilipollas nos dicen que es un “recargo temporal de solidaridad” si te suben el IRPF, un gravamen adicional si lo que aumenta es el IVA o movilidad exterior si lo que sucede es que te tienes que largar de tu país porque éste es incapaz de ofrecerte oportunidad alguna. Obviamente a ninguno de nosotros nos pagan en diferido una indemnización… es más a algunos ni les pagan la indemnización.

Así que al menos es de agradecer que el sector tecnológico tenga iniciativas para rellenar las arcas públicas para ver si las telas de araña se van eliminando. Porque sí, acciones de marketing como la que os voy a contar surgen por iniciativa del sector TIC. No vayáis a creer que algún político se ha estrujado los sesos para generar pasta fuera de los dogmas comunes de recortes y subidas de impuestos.

Hace un año fue Samsung a la que se le ocurrió la brillante idea de patrocinar la madrileña estación de metro de Sol. Durante un mes se llamó “Estación Sol Galaxy Note”. Ahora es Vodafone la que ha superado a la coreana y no sólo va a utilizar su nombre para patrocinar a la más emblemática de las paradas del suburbano madrileño, sino que toda la línea 2 (la roja) llevará el nombre de la operadora británica. La pasta que dejaron en su momento los coreanos y la que dejará Vodafone será gansa pero tú, ciudadano, estate tranquilo: no verás un miserable céntimo. Ese dinero no se invertirá en mejorar la red de Metro, ni tan siquiera servirá para frenar los despidos de unos cuantos trabajadores de Metro. Sabemos que tampoco se destinará a mejorar el sistema educativo de Madrid, ni a que la gente pueda tener a unos servicios sanitarios medianamente dignos. No, tampoco te arreglarán la acera de tu barrio, esa que lleva agujereada desde que tu abuela conoció a tu abuelo. Como mucho servirá para arreglar algún parquímetro estropeado. Paro la realidad es que no sabemos en qué se utilizará ese dinero, aunque sí nos lo podemos imaginar.

Yo soy favorable a este tipo de acciones de marketing: dan dinero a la ciudad (en este caso tres millones de euros) y por tanto, debería beneficiar a los ciudadanos mientras que a la marca anunciante le ofrece una pasarela sin parangón y estar en boca de todo el mundo durante un tiempo. El retorno de la inversión para el anunciante es rápido y el beneficio para la sociedad debería ser positivo. Nos podemos encontrar con los pedantes que no quieren que se produzcan esta serie de actuaciones. Pero ¿que harían todos los que se quejan de este tipo de acciones si sucediera que se le presenta un comercial en su casa y le dice?: “disculpe, soy de Vodafone y queremos que, a cambio de 6.000 euros, su piso en vez de ser el 3ºC pase a llamarse Vodafone 3ºC”. ¿Qué? ¿Cómo se te queda el cuerpo? ¿Eres tan chulito que le dices al tipo que no, que tú eres un tipo tradicional y que rechazas la pasta porque tu casa ha sido el 3ºC toda la vida? Creo que no. Coges la pasta como un campeón y si además logras no declararla a Hacienda mejor que mejor. Sí, los españoles somos así. Criticamos todo pero si nos afecta a nosotros entonces empezamos a ser más permisivos.

El caso es que visto que las estaciones de metro son un negocio publicitario empiezo a pensar qué pasaría si todas las líneas estuvieran patrocinadas. Obviamente tiene que ser por compañías tecnológicas que son a las que más puede rentar acciones como estas. No es plan que una línea de metro sea patrocinada por una marca de coches ni tampoco por una de motos, por mucho que sea una Harley Davidson o una Chopper. Así que nos podríamos encontrar con conversaciones como la que sigue:

–          Perdón joven, ¿sabe usted cómo puedo ir a la estación Campamento Microsoft?– pregunta una señora.

–          Sí, tiene que coger la línea Vodafone, hacer transbordo en Opera Firefox, ir a la línea verde Amena verbena y la última estación es Campamento Microsoft

Todas las estaciones son susceptibles de ser patrocinadas, aunque hay una que ya está ocupada de forma permanente: Atocha-Renfe. Hay algunas que son muy propicias para ser patrocinadas. Así, Panda Security podía patrocinar la estación Bambú. Empalme es la que le correspondería a Apple mientras que Lista no tendría que ser patrocinada por una empresa, sino por la presidenta de Microsoft España. Pavones sería la estación para Google, por cómo anda presumiendo de unos años a esta parte y Artilleros es la apropiada para Oracle dada la afición de Larry Ellison a disparar improperios ante cualquier pregunta sobre su competencia.

Lo de las líneas es más fácil. La verde para Amena (verbena), la azul para Mosvistar, la gris para Microsoft, que cada vez tiene menos color… El problema viene con la línea 4. ¿Quién quiere comerse el marrón? En este caso yo no apostaría por patrocinar esta línea pues todo el mundo la vería como una empresa de mierda… aunque haberlas, haylas.

La música de hoy la pone Cat Power una de las vocalistas y compositoras aparecidas de la escena indie en la década de los noventa. No tiene un estilo muy definido pues durante su carrera ha explorado diferentes géneros musicales. El tema Ruin de este vídeo es muy apropiado para los tiempos que corren.

La pantallita azul de Windows, el e-book y las fotos en el móvil

Shooter  Mag: del móvil al papel.
Shooter Mag: del móvil al papel.

Vivimos en la era digital. Todos parecemos autómatas entregados a la causa de la tecnología: redes sociales, smartphones, tabletas, ultrabooks, libros electrónicos… Nadie escapa al poder de la tecnología. Tanto es así que hasta te miran raro si no te amoldas a la nueva religión. Yo, que no estoy en Facebook, tengo que discutir constantemente acerca de por qué no quiero estar en el mundo Zuckerberg. A mí me pasa con esto pero lo habitual es que ocurra con cualquier aspecto relacionado con el mundo tecnológico.

Lo de los smartphones es otro apartado que entra dentro de esta categoría: si no llevas el último modelo eres un mierda. Da igual que el aparato de marras sea un pepinazo y vaya como la seda: como tenga más de un año deberías ir pensando en pedir asilo en otro país, en el que no se valore al personal por el modelo de teléfono que tenga.

Y es que en esto de la tecnología ocurre algo muy curioso: de repente todo el mundo es el que más controla de móviles, ordenadores, apps y software (pirata, por supuesto). Pero esto es algo intrínseco a este país: nos ponen las burbujas y la de la tecnología en algunos aspectos tiene pinta de ser una más. Como no tuvimos bastante con la del sector inmobiliario, ahora nos hemos aficionado a los cacharritos y somos auténticos expertos. Así que es de lo más normal ver a gente que no tiene el graduado escolar convertido en el mayor conocedor de la industria “techie”: que tu móvil va lento, no te preocupes, el experto te lo soluciona con un par de apps piratas. Te lo hackea en un plis-plas y te lo deja “niquelao”. Que el ordenador de tu casa está con la pantallita azul de Windows, no hay problema, tu vecino, el erudito tecnológico, siempre está presto para cualquier labor que tenga que ver con el mundo de la computadora:

–          “Eso va a ser cosa del “Güindous” ese. Me da a mí de que se ta metío un virus y voy a tener que hacer un reseteo rápido”.

Al fenómeno, lo de la dicción y la construcción correcta de las frases no se le da bien, pero en esto de la informática es un auténtico hacha. No hay aparato con procesadores que se le resista. ¿Ingenieros informáticos y programadores a mí?, suele pensar a menudo. Ni corto ni perezoso, borra todo el disco duro e instala el Windows 8 que se descargó la semana pasada por la cara. Y entonces sucede lo previsible: La máquina ha fenecido definitivamente. Así que con su castellano de doctor honoris causa le dice al vecino: “Va a ser la placa, que contra más se usa más se recalienta y entonces peta todo. Vas a tener que comprar un ordenador nuevo”

Así que hay que comprar otro ordenador, porque tu vecino te lo ha dicho. A fin de cuentas están muy baratos. Pides un crédito (otro más) y por 20€ al mes ya tienes un nuevo equipo.

La cuestión es que si sólo fuera el ordenador, vale. Pero no. Hay que tener smartphone, tableta, y por supuesto, libro electrónico. Esto último es realmente curioso. Los fabricantes han puesto el grito en el cielo, porque las ventas de e-books han descendido mucho en los últimos meses. ¿Y qué es lo que esperaban? ¿Pensaban que la gente iba a comprar libros electrónicos a troche y moche sólo por el hecho de que fuera electrónico? Pues no. Y no porque no nos gusten. El vecino de la historia anterior tiene uno de esos inventos pero, como puede comprobarse por su amplio bagaje intelectual, lo de la lectura no va con él. Pero es que como él hay muchos. Muchísimos. Son una legión. Así que las ventas, en este caso, no bajan por la crisis sino porque NO NOS GUSTA LEER. Eso sí, al igual que antaño estaban las librerías de los salones de las casas llenas de libros, por el mero hecho de decorar y para ocultar las carencias intelectuales, ahora la gente llena de megas los libros electrónicos para presumir de la gran cantidad de textos que se pueden almacenar. De lo que se trata es de presumir de Gigas de almacenamiento.

Lo del libro electrónico además, no tiene tanto éxito porque aquí los fabricantes se han encontrado con un muro difícil de franquear. Este no es otro que una ingente cantidad de personas recalcitrantes que se niegan a leer (porque estos sí que leen) en una pantalla y prefieren pasar las páginas de un libro. Yo me incluyo entre ellos. Somos ese conjunto de seres raros que todavía habitamos en el mundo para desgracia de la mayoría de tecno-aficionados que vamos a una librería y compramos ese elemento tan extraño.

Y eso que estamos acabados. Casi tanto como los periódicos y las revistas en papel. El papel va a dejar de tener uso para estos formatos. Dentro de unos años sólo va a ser útil para hacer servilletas, rollos de cocina y como papel higiénico.

No creo que vaya a ser así. Al final convivirán los dos mundos. De hecho todavía hay locos que piensan que el papel no está muerto y sirve para algo más que para hacer manteles campestres y no se les ha ocurrido otra cosa que aprovecharse de lo digital para ir a lo de toda la vida: han sacado una revista, EN PAPEL, sólo de fotografías realizadas con smartphones y… ¡mooooola! Las imágenes son puro arte, la calidad del papel es excepcional y está muy bien trabajada y cuidada. Si pulsas en este enlace descubrirás algunas de ellas. No sólo eso, también puedes ser parte del proyecto y convertirte en accionista si realizas una suscripción por cuatro número. Así que está bien que algunos locos todavía confíen en el papel como otra forma más de comunicación y no caigan en el pensamiento único.

En cuanto a la música hoy acompaño el post con un vídeo de un grupo francés llamado Zebda. Se trata de un conjunto compuesto por miembros de origen argelino que mezclan sonidos tradicionales árabes, con rock, rap, música tradicional francesa y reggae. La mezcla resultante, que puede sorprender, es muy buena.

RIM ha muerto y Blackberry también

La nueva blackberry z10.
La nueva blackberry z10.

Está bien esto de intentar salvar de la defunción a una compañía pero las cosas hay que asumirlas. Si esto no se hace, la probabilidad de éxito es nula. Digo esto a colación de la presentación que tuvo lugar ayer en Nueva York de las nuevas blackberrys. De toda la información que he leído, no me he encontrado con un análisis de lo que se espera de la compañía y de lo que puede aportar al mundo móvil actual. Prácticamente todos los artículos son alabanzas al nuevo sistema operativo, a que vendrán con un número infinito de aplicaciones, a lo acertado del cambio de nombre de la empresa…

Sí. Uno de los apartados más interesantes es que RIM ya no se llama RIM: ahora es sólo Blackberry. ¿Y esto a quién le importa? Al populacho no le cuentes que su smartphone está fabricado por una empresa canadiense que se llama RIM. Ni lo sabe ni le importa. La blackberry era de Blackberry y lo de RIM le importa tres carajos. Así que, si para algunos lo más importante es el cambio en la nomenclatura de la empresa quiere decir que no aporta nada nuevo y por tanto, la compañía tiene todas las papeletas para ir encargando el pijama de madera.

Una de las cosas interesantes del mundo de los smartphones es la rivalidad no sólo entre empresas, sino entre usuarios:

–          Yo es que tengo un iPhone

–          Puff, ese teléfono no vale para nada. No hay nada como el Samsung que tengo yo.

En estas aparece otro usuario y le preguntan: Y tú, ¿qué móvil tienes? Pues yo, una Blackberry, -responde todo ufano- Así que los portadores del Samsung y del iPhone, se miran sorprendidos. Se sienten como si les hubiera caído del cielo un australopithecus afarensis tecnológico. Y es que no. Blackberry no volverá a ser lo que fue. Ha perdido protagonismo entre otros motivos porque sus aparatos fallan como una escopeta de feria. Y eso si se repite con frecuencia hace que los que siguen usando tus teléfonos se cansen, por mucho que saques nuevos modelos con diferente sistema operativo.

¡Ay el sistema operativo! Esa es otra de las novedades de las nuevas Z10 y Q10. Se llama, muy original, Blackberry 10. Y dicen los de la compañía canadiense que se han pasado dos años currando en un nuevo sistema operativo. ¡Es que lo hemos desarrollado desde cero! ¿Y? ¿Eso es todo lo que puedes aportar? Parece como si fueran niños pequeños. Si el sistema es bueno, no tiene fallos, es estable, es intuitivo y sencillo, etc., entonces los nuevos terminales podrían subir un poco de ese 2% de cuota de mercado que posee. Pero con los antecedentes que la compañía tiene, pues no parece que por mucho nuevo sistema operativo que introduzcan vayan a empezar a subir como la espuma. Dice el director general de BB en España que “los desarrolladorres se han dado cuenta del poder del nuevo sistema operativo”. Ya, pero lo que importa es que vendas producto, y aunque tengas una legión de desarrolladores detrás, si la gente no compra tus aparatitos, te quedas en nada. Y ese es el problema: que al personal ya no le gusta Blackberry porque otros le han superado en absolutamente todo y ahora no vas a recuperar la distancia que te separa de todos los demás.

Otro de los argumentos de esta repentina resurrección va a ser su mercado de apps. Los tipos de BB dicen que tienen una nueva tienda, mejorada y de calidad. Vamos a ver. Hay que saber leer a los directivos. Cuando afirman cosas semejantes lo que quieren decir en realidad es que han pasado de ser la “chino-tienda” a convertirse en el Día de proximidad. “Hombre, -aseguran-, es que ahora tenemos un catálogo de calidad de 70.000 aplicaciones” .Y es que en estos momentos los de BB sólo quieren calidad. Vamos a ver, pajarito, ¿calidad en 70.000 aplicaciones? Puff, no sé yo que hacen los usuarios del resto de smartphones que no van corriendo a reservar su nueva Z10. Si tienes 70.000 apps en tu tienda, quiere decir que algo de morralla has incorporado. Vamos, que seguro que tienes una aplicación tipo gato parlanchín o similar y, ¿sabes por qué? Pues porque la morralla le gusta al personal, aunque luego desinstale la app. Por cierto, a aquellos que tengáis una suscripción a Spotify, olvidaos de disfrutarla en las nuevas Blackberry. Entre la gran cantidad de apps de categoría, no se encuentra. Instagram, tampoco.

Los de BB siempre han ido presumiendo de ir a un nicho de mercado superprofesional. A ellos lo que les molaba era el directivo encorbatado y la ejecutiva agresiva. Era su mercado selecto. Claro, que luego lo que pedían las adolescentes y los chavalitos de regalo de cumpleaños era una Blackberry, mientras sus padres se compraban un iPhone, un Samsung o incluso un Windows Phone. Por eso, además han metido en la tienda un nutrido grupo de juegos: porque las Blackberry son muy profesionales

Por último vamos al apartado del diseño. ¿Qué aportan los nuevos terminales? Pues no mucho, la verdad. Son una copia calcada de otros ya existentes en el mercado, así que por ese lado tampoco le auguro mucho futuro a la Blackberry. Hombre ya que sacas un nuevo producto y, te has estado currando un nuevo sistema operativo durante dos años, bien podrías haber diseñado algo diferente a lo que hay ahora. Claro, los pocos adeptos que quedan a estos terminales dirán que uno de los modelos presentados, el Q10, tiene teclado. Ya, y las PDAs de HP de hace siete años también lo tenían y ahora no existen.

Con todo esto, si tu operadora (Vodafone será la primera en ofrecer el nuevo modelo) te hace una oferta, ¿debes cogerla? Claramente no. Ya tenemos bastante con un moribundo como Nokia al que quieren sacar del hoyo como para tener otro ahora. Y eso que la apuesta de la finlandesa sí puede ser algo más novedosa y aunque va de la mano de otro moribundo, poseen algo que RIM, perdón Blackberry, no tiene tanto: una gran cantidad de pasta.

Así que como Blackberry lleva tiempo muerta, pero hoy la han pretendido resucitar, nada mejor que dedicarle este tema de Brandi Carlile titulado “Dying day”. Carlile es una compositora influenciada por el country y el folk-rock norteamericano y cuyo principal éxito fue el tema “The story” en el que destaca la gravedad de la voz.

Los ladrones no quieren Microsoft

Este blog nació con un post en el que afirmaba que Silicon Valley no era más que un polígono como cualquier otro. Le añades el marketing perfecto de los norteamericanos y el rollo de los hippies creando empresas de tecnología y parece que estás en un paraíso y eso no es así. Aseguraba además que era un lugar cutre. Pero es que además es surrealista.

Aunque la sede central de Microsoft no se encuentra en Silicon Valley sino en Redmond, en el estado de Washington, tiene un centro de I+D en el polígono. Y es aquí donde ha ocurrido un hecho sorprendente: la última semana de diciembre entraron a robar en las oficinas que la compañía tiene en este lugar de California, según ha informado el diario local Palo Alto Daily Post.

Artículo del Palo Alto Daily Post en el que se informa del robo.
Artículo del Palo Alto Daily Post en el que se informa del robo.

Lo curioso del caso es que los cacos sólo se llevaron cinco equipos valorados en 3.000 dólares… ¡equipos de la marca Apple! Cuando los trabajadores de Microsoft se dieron cuenta de las sustracciones vieron que no había desaparecido ni una sola máquina con tecnología de la empresa creada por Bill Gates. A los ladrones no les interesaron ni sus tabletas, ni sus Windows Phone ni sus ultrabooks. Sólo querían iPads y eso fue lo que choricearon.

La cuestión es, ¿para qué quieren en el centro de investigación y desarrollo de Microsoft los iPads? Se me ocurren dos cosas. O bien que sus trabajadores desarrollan para MS, pero sus productos les parecen una castaña y para su trabajo prefieren Apple o lo que sería más grave, aunque menos sorprendente, para copiar lo que hace su competencia. ¡Pues valiente mierda de centro de I+D! Venga, pase que en los principios de Microsoft tuvieras que copiar a Apple para tener éxito con Windows, pero, a estas alturas de la vida y con la pasta que tienen, ¿todavía sigues copiando y te llevas los propios equipos de la competencia al centro de desarrollo? Según publica The Guardian, los iPads fueron robados de unas dependencias en las que se desarrollaba nuevo software para productos de Apple. Claro, y los ladrones sabían perfectamente donde estaban esas dependencias y fueron directamente a ellas. De hecho me lo estoy imaginando: en la puerta de entrada a esa sala hay un cartel bien grande que reza: “Aquí desarrollamos para Apple y sólo trabajamos con iPads. No se admiten productos Microsoft detrás de esta puerta”.

De todas formas es que los hurtos están a la orden del día en cualquier parte del mundo, pero ¿qué es lo que ha fallado para que unos chungos de poca monta hayan entrado en el edificio de Microsoft? Es de suponer que una empresa tecnológica puntera (al menos hasta hace unos pocos años) tenga unas medidas de seguridad apropiadas para impedir que entre cualquier chorizo. Pues parece que no. Además tal y como se asegura en el periódico, en Microsoft no saben a ciencia cierta cuándo se produjo el robo y creen que tuvo que ser entre el 19 y el 26 de diciembre del pasado año. Pero, ¿qué sucede en Microsoft? ¿Cuánta gente trabaja allí? ¿Acaso están todo el día de farra y necesitan de una semana entera para darse cuenta de que les han mangado? Claro, con este nivel, no me extraña que el CEO de Nokia esté pensando en dejar Windows Phone para pasarse a Android (por cierto, estupenda entrevista de Manuel Ángel Méndez). El colega debe estar temblando por lo que pueda suceder con las patentes de su empresa. Si en Microsoft entran, roban y ni Dios se da cuenta es que falla algo.

Me inclino a pensar que ese día el personal de seguridad consistía en un par de seguratas que, por supuesto debían estar viendo algún partido de la NBA, sentados en sus sillas y los pies en la mesa mientras se tomaban unas Budweiser. En definitiva, los de seguridad estaban colgados, de la misma forma que lo está Windows en tu ordenador. Algo tenían que aprender del sistema operativo, digo yo

El robo ya está hecho así que ahora en Microsoft deberán tomar medidas de seguridad. Claro que van a tener un problema puesto que lo mismo es que están tan centrados en la protección de sus diferentes herramientas que se les ha olvidado cómo se hace eso de la seguridad física. Así que lo más probable es que a partir de ahora cuando los empleados vayan a trabajar se les aplique los conocidos parches de seguridad de Windows, sólo que en la vida real:

–          Perdone, -le dice el segurata al empleado que atraviesa la entrada– ¿me enseña su identificación?

–          Sí, aquí la tiene –responde el trabajador-

–          Lo siento, pero no vale. No tiene instalados los últimos parches de seguridad en su polo (recordad: en Silicon Valley trabajan en “T-Shirt & Jeans”). Pase por aquella sala en la que la modista coserá a mano y con hilo acrílico de última generación las nuevas funcionalidades.

Tres horas después el empleado ve como en su camiseta han zurcido unas etiquetas especiales que le permiten el acceso a la sede.

Cuando el problema para él parece haber acabado, vuelve a surgir en el momento de la salida. Justo en ese preciso instante en el que uno más desea largarse de la oficina para instalarse en el sillón de su casa.

–          Disculpe, -le frena el de seguridad- pero no puede salir del recinto.

–          Anda, ¿y eso? –pregunta incrédulo-

–          Desde que acontecieron los robos del iPad hemos establecido nuevas medidas de seguridad y estoy viendo que usted no está actualizado correctamente.

Así que cuando el tipo creía que se iba a poder ir a su hogar, resulta que le meten en una sala a darle un curso acelerado sobre lo que se debe y no se debe llevar a la oficina, el tipo de ropa, la nueva forma de dirigirse a los clientes y un largo etcétera que le retienen otras tres horas. Transcurrido ese tiempo, ya está actualizado. El individuo cree que con los parches y las actualizaciones ya está todo resuelto, pero será a partir de la semana siguiente cuando se dé cuenta de que en Microsoft son muy pesados y los parches y las actualizaciones son una constante real y no virtual cada semana. Algunas veces sufrirá acosos de este tipo varias veces al día. En otro momento alguien le dirá: “se está quedando sin espacio en sus cajones, ¿desea que alguien le aconseje que eliminar?” Pero el problema de verdad vendrá cuando alguien le venga con una pantalla azul. En ese momento, el empleado se echará a temblar.

Tal vez por motivos como estos en Microsoft tenían equipos de Apple en las oficinas: porque los de Apple son unos obsesos del diseño, pero no putean al usuario constantemente con actualizaciones ni mandangas.

Musicalmente, la noticia de la semana se encuentra en que David Bowie, después de diez años, ha anunciado que sacará un nuevo disco en el mes de marzo. El adelanto es este tema que para mi gusto no es de lo mejor del cantante británico y creador del Glam Rock. Así que prefiero muchas otras canciones suyas, pero hoy me decanto por “Modern Love”.

¡El fax, idiota, el fax!

El pasado miércoles estuve en un evento de esos a los que solemos asistir los periodistas tecnológicos. En este caso estaba organizado por Epson y en él se mostraba a los clientes, prensa, socios y distribuidores toda la amalgama de impresoras de la compañía. Hasta aquí, nada fuera de lo común. El caso es que entre toda la gama de cacharros, aquellos que más triunfaban eran los multifuncionales. No es sorprendente que el personal se decida por este tipo de productos. Al fin y al cabo aúnan varios productos en un único equipo con lo que las ventajas para el usuario son claras: ocupan menos espacio y son más baratos que si se compraran cada uno por separado. Ahora bien, todos ellos incorporan un elemento que ha quedado en desuso: ¡el fax!

Sí, ese aparato que antaño estaba en todas las oficinas, que hacía un ruido infernal y que se empleaba para mandar documentos, imágenes o lo que hiciera falta. La cosa es que, en la época del e-mail, las redes sociales, el cloud computing, el WhatsApp, el Viber, el Line, etc., ¿quién demonios sigue utilizando el fax? Yo desde luego no conozco a nadie. De hecho no sé ni dónde se encuentra el fax de mi oficina y si todavía sigue en algún rincón. Bueno, no. Sí que conozco a alguien, aunque supongo que ya lo habrá dejado de utilizar.

La conversación que sigue es real y fidedigna y me ocurrió este año 2012. A nosotros, los plumillas, las agencias de prensa nos llaman constantemente para cosas tan absurdas como saber si has recibido una nota de prensa (este apartado, el de las agencias y los gabinetes de comunicación, da para otro post en este blog). El caso es que en una de esas llamadas, un individuo (al que no conozco) me pregunta si he recibido la papela (así denominamos los periodistas a las notas de prensa) de uno de sus clientes. Un cliente de esos a los que no conoce ni Dios y que por supuesto carece de una oferta de producto atractiva como para publicar en ningún medio y menos en estos tiempos de crisis en los que la selección de la información debe ser mucho más meticulosa que antaño. Como recibo infinidad de e-mails diarios, lo más probable es que su nota de prensa haya acabado en la carpeta de elementos eliminados, así que le digo amablemente que me la vuelva a enviar. El tipo me dice que me la envía ahora mismo. Empiezo a prestar un poco de atención a la recepción de la nota de marras, pero como veo que, pasados un par de minutos, ésta no aparece en mi bandeja de entrada me olvido de ella. Sin embargo, el sujeto es de esos ejecutivos de cuentas insistentes que no se da por satisfecho y al cabo de media hora me está llamando otra vez: “¿Ya la has recibido?”, me pregunta. Me pongo a rebuscar y no, ahí no hay nada. “Pues mira, lo siento, pero no tengo nada”, le respondo. En ese momento me embarga el sentimiento de culpabilidad: una cosa es que su nota de prensa no me interese y otra es que el pobre chaval, al que seguramente tienen de becario y a coste de saldo, tenga que estar perdiendo el tiempo en preocuparse de si yo recibo la maldita nota de prensa. Así que, de nuevo de forma educada, le vuelvo a pedir que me la mande otra vez. Con la mejor de sus voces me dice que no pasa nada y que me la vuelve a enviar. A partir de aquí comienzo a poner mis cinco sentidos en la recepción de la nota del demonio. Y, efectivamente: ¡No llega! Como buen ejecutivo brasa a la media hora vuelve a llamar:

¿Ya te ha llegado?, -me pregunta de nuevo con ese tono amable y falso que denota que ya se está empezando a cansar de ti.

Pues no. –le digo avergonzado y pensando en que el tipo debe estar preguntándose que si alguien como yo ha llegado a ser redactor jefe, él en dos telediarios asciende a director de cuentas- ¿Tienes bien la dirección de e-mail?

¿Qué dirección de e-mail? –me inquiere

¡Pues cuál va a ser! ¡La mía! Porque, la nota me la quieres enviar a mi, ¿verdad?

Sí, sí. Te la estoy enviando a ti. ¡Pero te la estoy mandando por fax! –me suelta-.

No salía de mi asombro. ¡El espabilado me estaba intentando enviar por fax una nota de prensa! ¡Pero si no recibo información por fax desde hace por lo menos 12 años! Pues no, así evidentemente no vas a llegar a director de cuentas. Existe una cosa que se llama e-mail y a día de hoy es el mejor medio para enviar información a un periodista. Ya puestos, ¿por qué no me mandas las imágenes en diapositiva para que las escanee?

Así que volviendo al tema del principio, me gustaría saber por qué los fabricantes siguen poniendo el fax como un elemento de las impresoras multifuncionales si nadie lo utiliza. La realidad es que alguien lo tiene que seguir utilizando, porque empresas como Brother, no es que vendan sólo equipos multifunción, sino que siguen fabricando de forma individual, faxes. Y los precios, no son precisamente económicos.

Vamos a ver. Si hay alguien que sigue fabricando estos artilugios del pasado es que existe gente que los sigue comprando. Es algo que me parece de locos. Es que es como si uno camina por la calle y observa a un chavalito escuchando música con un Walkman de esos que tenían “Fast Forward” y “Rewind” y que para no gastar las pilas se rebobinaba la cassette con un  boli Bic como si fuera una carraca. No queda muy actual, ¿verdad? Si ya hasta un reproductor MP3 queda antiguo, imaginaos como queda lo del Walkman. Es lo mismo que ocurre con el fax. Que no es que se haya quedado rancio, es que es el Walkman de los sistemas de comunicación.

Es lo mismo que si alguien te pregunta si sabes que son los artrópodos y en vez de utilizar la Wikipedia dices: “Espera que voy a instalar la Microsoft Encarta en el ordenador a ver qué nos dice”.

En fin que hay cosas añejas que yo entiendo que nos gusten. Entre ellas se pueden poner el queso curado, el jamón ibérico o el vino de reserva. Pero, ¡lo del fax no cuela!

Así que sí. A aquellos que todavía uséis el fax, cambiadlo, por favor. Escapad de ello como cantaron en esta canción este grupo llamado James y que fue uno de los precursores del denominado sonido Manchester (los británicos lo llamaban Madchester) que triunfó en buena parte del mundo a principios de los 90 junto a otros grupos como The Stone RosesHappy Mondays o Inspiral Carpets.

Silicon Valley: o cómo ser un poligonero con clase

Recientemente estuve por primera vez en Silicon Valley. Cuando uno está acostumbrado a oir hablar de forma machacona sobre ese lugar se espera algo… No sabría muy bien cómo explicarlo, pero las expectativas no son las de que sea un  simple polígono. Con clase y categoría, eso sí, pero un mero polígono de esos que tanto abundan en nuestro país.

Así que visto lo que es, podemos llegar a la conclusión de que los que allí trabajan son poligoneros. Sí, con traje y corbata (bueno no, los de Google van en vaqueros y camiseta y juegan al futbolín) pero poligoneros al fin y al cabo. Estoy seguro de que si me hubiera puesto a indagar más hubiera descubierto esos bares con olor a grasaza en los que en vez del bocata de calamares y la ración de entresijos y gallinejas, (eso ocurre en los de Madrid) te ponen la hamburguesa gigante chorreando ketchup y mayonesa a tutiplén (esto debería ocurrir en los de EE.UU.).

Por supuesto en un buen polígono que se precie existe  el sexo de pago reclamando atención a cada conductor que se acerque por allí.  En el polígono tecnológico eso no existe o, al menos se encuentra escondido. Tampoco se observa a los obreros de turno arreglando un tejado de uralita, con un Ducados en la boca y silbando “A la lima y al limón”. No, todo eso no se ve en Silicon Valley.

Y es que, el Valle del Silicio tiene caché. Tiene clase y categoría. También es aburrido. Es de un sopor pavoroso. Pero hay una cosa que siempre me he preguntado sobre este lugar. ¿Por qué diantres ahí nadie puede inventar cosas de una forma normal? No, ahí todo el mundo tiene que empezar en un garaje para poder llegar a ser alguien. Hombre, no digo yo que las empresas se tengan que crear en un palacio, pero ¿no sería más normal en el salón de una casa? Pues mira, aquí no tenemos el polígono del silicio. Los nuestros serán más cutres y sus calles están llenas de basura. Alguna que otra rata también se ve de vez en cuando. Pero Silicon Valley ni tiene chonis, ni bares en condiciones en los que tomarse un café con leche… porque todos los cafés de allí son de máquina dispensadora y la choni de San José (capital de Silicon Valley) es una señora ya entrada en años y que en algo sí se parece: roza también el esperpento pero por su sonrisa estridente y su voz de pito. Su nombre, claro está, es Kate. KT para los amigos. La choni española,  por el contrario,  se llama Vanessa. Sus colegas la llaman “la Vane”

Nuestros polígonos no los irá a visitar ni Dios, porque no aparecen en las guías turísticas. Pero es que hay que ser cazurro para ir a visitar el garaje en el que nació HP. No logro imaginarme a alguien que vaya a Arteixo con un colega y le diga: “Mira tronco, ¡qué fuerte!, en ese local nació Zara. ¡Cómo mola el garito!, ¿eh?” Y sí, Silicon Valley aparece en las guías y la gente se emociona pasando por los edificios de Microsoft o de Google. Y el taxista se enorgullece y muestra la sede de Cisco como si fuera el Coliseo Romano.

Pero si es que ¡hasta tienen postales! Es que se trata de algo muy serio. Pensad por un minuto que váis paseando por la Puerta del Sol de Madrid o por las Ramblas de Barcelona y os paráis en un quiosco para comprar la típica postal:

– “Mira, la Puerta de Alcalá”

– “Anda, la postal de la Sagrada Familia”

– “Pues esta sí que mola: El Polígono del Ventorro del Cano”

No queda serio, ¿verdad? Pues a los norteamericanos les parece lo mejor del mundo.

Así que no se engañen y que no les timen. Silicon Valley es una mierda en el más puro sentido turístico. Vayan al polígono tecnológico de Tres Cantos en Madrid y visto uno, visto todos. ¡Poligoneros!