Música coprofágica

Pono, el reproductor de música con calidad HD
Pono, el reproductor de música con calidad HD

El mercado musical está de capa caída o al menos eso es lo que dicen. Da la sensación de que siempre es la piratería la que hace que las cifras de ventas se encuentren en nuestro país por los suelos. No estoy de acuerdo con esta opinión o al menos, no al cien por cien. “Difama que algo quedará” se suele decir, y la industria musical, entre las que también se incluyen artistas que antaño vendían discos como rosquillas pero que hoy no tienen nada que ofrecer y aportar, suelen aparecer cada cierto tiempo para denunciar cómo las descargas ilegales están haciendo que casi se conviertan en indigentes. Lo que no se puede pretender es seguir viviendo de “los litros de alcohol” o de los “cadillacs solitarios” y culpar a esas descargas de su difícil situación económica.

En primer lugar hay que partir de un hecho: España es un país con una cultura musical nula entre otras cosas porque si hablamos de educación, la música, al contrario de lo que ocurre en otros países, siempre se ha considerado una asignatura “maría”. Así que el oído de los españoles no se encuentra convenientemente educado y a lo máximo que llegamos es a escuchar la morralla enlatada de los 40 Principales. De esta forma, si tenemos la misma educación musical que un cavernícola y seguimos considerando a la música como algo sin importancia, es normal que no se valore y se aprecie, y por tanto, las descargas, ilegales o no, de música bazofia están a la orden del día. No sólo eso, sino que a la hora de abordar nuevos planes educativos la eliminamos de la misma forma que quitamos plástica o nos cargamos la filosofía. Lo grave es que, gracias al “populismo 100%”, la gran mayoría de la sociedad se muestra de acuerdo porque a cambio a los chavales los vamos a saturar con horas de matemáticas, creyendo que así, los enanos van a ser Albert Einstein.

Así que si no hay cultura musical, difícil será que se valore el trabajo de cualquier músico. Pero hay más factores: otro es el precio. No es normal lo que hay que pagar en España por cualquier disco, cuando si uno se va a cualquier país de nuestro entorno puede pagar por el mismo CD o vinilo hasta un 60% menos. No hace falta, sin embargo, viajar. Basta con buscar un disco cualquiera en la tienda de Amazon en EE.UU. y buscarlo en el portal español. La diferencia de precio es considerable. Así que otro punto más para que el personal se descargue música de forma “ilegal”.

Y luego se encuentra el tema de la calidad. Como ocurre con la mayoría de productos de consumo, queremos todo y lo queremos por la cara. Exigimos que nos den las cosas gratis y si nos cuestan unos pocos céntimos, ya no lo queremos pagar. Y si no pagas, lo que te llevas es “purita mierda”. Así que vivimos en un mundo en el que la coprofagia nos encanta. A fin de cuentas es gratuita y es esto último lo que aporta más valor.

El problema de esto es que los que nos ofrecen los productos tampoco se esfuerzan en darnos calidad, básicamente porque preferimos el chopped al jamón ibérico y entonces, cuando realmente quieres pagar por algo, muchas veces no lo encuentras. En el mundo de la música sucede. Y nos encontramos sonidos con una calidad de ínfima porque de lo que se trata es de que llevemos en los smartphones o en el reproductor MP3 la obra completa de Beethoven o la discografía completa de los Stones, aunque la mayoría de los que las han descargado no lo vayan a escuchar en su vida. Las canciones se comprimen hasta el infinito y más allá y se pierden detalles importantes de cualquier melodía. ¿Sabías que un vinilo tiene menos compresión que un CD y mucha menos que un MP3? Si todavía eres de esos que tiene un tocadiscos prueba a escuchar un tema y luego compara con el sonido del MP3. La diferencia es notable.

Harto de que nos invada la morralla en forma de sonido, el compositor Neil Young ha decidido crear un sistema en el que prime la calidad. Se llama Pono y promete ofrecer sonido en alta fidelidad tal y como se graba en un estudio. ¿Tiene posibilidades de éxito? En mi opinión, ninguna. O al menos no la tiene si lo que se pretende es que la mayoría de la gente se compre un aparato que cuesta 400 dólares y que la descarga de cada disco se sitúe entre los 15 y los 25 dólares. No, Neil, a la gente le gusta la bazofia, así que ni el reproductor ni el servicio van a tener éxito. Otra cosa es que el planteamiento sea el de llegar únicamente a un público exclusivo. En este caso puede que consiga su objetivo, pero el precio de cada disco, por muy HD que sea, debería bajar unos cuantos dólares y situarse en el mismo rango de precio que un CD o un vinilo.

Porque Neil Youg sí ha dado con una clave. Algunos todavía pagamos por la música y seguimos comprando soporte físicos y pagamos servicios Premium para escuchar música en streaming. Y es en este último punto donde se verá si la aventura emprendida por Young tiene éxito: si Pono es capaz de ofrecer un servicio de alta calidad en streaming, entonces muchos cambiaremos Spotify por Pono.

La música de hoy, como no podía ser de otra forma, la pone Neil Young y uno de sus temas más conocidos: Mansion on the Hill

 

Apple no es Ryanair

Los nuevos iPhones supuestamente "low cost".
Los nuevos iPhones supuestamente “low cost”.

Como es habitual cada vez que Apple presenta alguno de sus nuevos productos, el mundo tecnológico entra en éxtasis. En realidad, el clímax sólo se produce cuando se habla del iPhone en donde los medios, los blogs o las redes sociales se lanzan al sexo desenfrenado. La bacanal se transforma en mero sexo con protección si lo que la compañía de Cupertino presenta son, por ejemplo, unos nuevos iMac. Pero no ha sido el caso. La expectación ante el lanzamiento de los nuevos iPhone ya era brutal y como siempre los rumores sobre las características de los nuevos terminales empiezan a gestarse prácticamente desde que se presenta el modelo anterior (ahora mismo ya se empieza a comentar lo que traerá consigo el posible iPhone 6).

Uno nunca ha sido fanático de los dispositivos de Apple, salvo del primer iPhone que sí me sorprendió. El último modelo, el iPhone 5, no me pareció ninguna maravilla. De hecho son varios los modelos de smartphone que superaban al de Apple. Sin llegar a lo que supuso la aparición del primer iPhone, el nuevo 5S, sí que me parece que aporta cosas interesantes, sobre todo lo que se refiere al lector de huella dactilar, con lo que sólo el dueño del teléfono podrá tener acceso al mismo y permitirá, entre otras cosas poder realizar pagos de forma segura. Claro, les presentas esto a los iphoneros y a ninguno se le ocurre preguntarse cuáles son las desventajas de esta tecnología. Nos han comido tanto el tarro con el tema de la seguridad que no caemos en otras comsecuencias. Así, todo el mundo es felicísimo colgando fotos en el Facebook o dando rienda suelta a todo tipo de pensamiento que sólo compartiría en la calle con sus amistades más íntimas. Por ese motivo muy poca gente se habrá preguntado a dónde van esos registros de tu huella dactilar. Dado que vivimos en un permamente Gran Hermano y teniendo en cuenta que la NSA, la Agencia de Seguridad Nacional de EE.UU., ha afirmado que puede obtener la información que quiera de cualquier smartphone, esa innovación del iPhone (que por cierto ya probaron antes otros fabricantes como Toshiba) ya me gusta menos.

Cuando presentaron el iPhone 5 los locos de la marca de la manzana mordida ya se apresuraron a pregonar todo tipo de alabanzas sobre el mismo. Todos los demás teléfonos del mercado eran bazofia. Y fueron a la velocidad de la luz a comprar el cargador de coche porque a Apple le dio por cambiar el antiguo conector (no, en Apple son incapaces de poner un puerto micro USB, porque son así de modernos). Y todos contentos con su nuevo modelito. Y todos ellos… ¡se han quedado obsoletos porque Apple ha decidido que descataloga el iPhone 5 aunque siga vendiendo el iPhone 4S! Así que a todos los que os habéis comprometido con vuestra operadora por dos años o hayáis pagado la pasta que os pedían por él, Apple considera que sois tan caducos como aquellos que tengan el iPhone original o el 3GS, con la diferencia de que éstos últimos ya han amortizado su terminal.

Otra cosa sorprendente es el otro terminal que también presentaron el pasado miércoles. El denominado iPhone “low cost”, que se comercializará con el nombre de iPhone 5C. La C quiere decir caro, porque para ser de bajo coste el que lo quiera comprar liberado tendrá que desembolsar la simbólica cantidad de 549 dólares. Eso sí los materiales con los que está fabricado este modelo sí son más baratos. Por ejemplo, está hecho de plástico, lo que abarata el terminal. Sí, sí, Apple ha cedido a las bondades del plástico a pesar de que durante años ha estado poniendo a caldo a todos los fabricantes por incorporar este material en sus terminales. Ellos siempre han sido más selectos y exclusivos y nunca trabajarían con ese elemento tan ramplón. Claro que, para intentar convencer al personal, en Apple dicen que no, que su iPhone “barato” está hecho de policarbonato. Vamos, lo que viene a ser un tipo de plástico.

De todas formas, me sorprende la indignación en cuanto al precio del teléfono de marras. ¿Qué os creíais, que Apple iba a sacar un smartphone al módico precio de 100 euros? Nunca ha estado en la política de la empresa creada por Steve Jobs presentar productos económicos. Apple no es Ryanair. Los reyes del glamour no se pueden relacionar con la chusma. Sus productos son para gente selecta y si la plebe lleva un iPhone en el bolsillo es porque han pedido un crédito o han contraído matrimonio indisoluble con su operadora de telefonía. Lo siento, pero Ferrari nunca sacaría un coche de 20.000 euros ni al propietario de un terreno en la urbanización La Finca se le ocurriría construir un conjunto de adosados. Es algo a lo que deberíamos acostumbrarnos. Si quieres un iPhone, lo tienes que pagar aunque te decantes por el modelo “low cost” y si no puedes tienes dos opciones:  te endeudas o te compras cualquiera de los que venden a 150 euros que total para chequear el WhatsApp o jugar al Candy Crush te es más que suficiente.

La crisis no está haciendo que nos acostumbremos a querer sólo lo necesario, sino que siempre queremos más. Siempre tendemos a crearnos necesidades aunque no podamos permitírnoslas, aunque sea un iPhone de plasticorro. Así que la música de hoy acompaña perfectamente: Eddie Vedder, líder del grupo Pearl Jam y que compuso esta deliciosa canción, titulada “Society”, para la película “Into the wild”. La letra es un leñazo en toda regla a la sociedad de consumo.

¿Por qué lo llaman Finish cuando quieren decir Calgonit?

calgonit-finishIBM organizó hace un par de semanas su convención anual sobre comercio electrónico.  En épocas de crisis como la actual parece que este tipo de movimiento mercantil es de los pocos que escapan de la situación nauseabunda que padecemos. En realidad, el comercio electrónico sube no porque se haya producido una fiebre consumista a través de Internet.  Básicamente, lo hace porque el personal no tiene un euro en los bolsillos y en el escaparate mundial de la Red puede encontrar alguna que otra ganga. Esta afirmación también empieza a ser un mito: son tantas las opciones de compra que los usuarios empiezan a descubrir que las gangas cada vez son menos y cuando se encuentran,  normalmente son copias malas de dudosa calidad provenientes de China.

Es el mal de la marca blanca. Nos hemos acostumbrado al Mercadona y ya nadie nos mueve de ahí. Y queremos Mercadona en todos los ámbitos de nuestra vida. Sí, exigimos duros a pesetas y nos auto engañamos creyendo que efectivamente nos los dan.

No obstante, como en los tebeos de Asterix y Obelix siempre existen productos y marcas que resisten y, me atrevo a pensar que resistirán,  porque nadie ha sido capaz de desbancarlas. Durante este evento de IBM uno de los ponentes aseguró que la marca ya no era relevante. Lo interesante radica en conocer las inquietudes de los usuarios y saber anticiparse a lo que necesita. Yo te lo digo: “show me the money”. Eso es lo que quiere el usuario. ¿Te crees que Ikea vende muebles a tutiplén por su atractivo diseño sueco? ¡Una gaita! Lo hace porque son baratos. Y al personal le da igual que la alfombra la haya confeccionado un menor en Bangladesh, en condiciones insalubres, con tal de que le cueste 12 euros.

Y aquí es donde aparecen las marcas sólidas. Esas que unen a la maruja del vecindario y al snob del barrio de Salamanca. Son resistentes a tendencias y a modas. Se compran on line y off line y no tienen sustituto por mucho Hacendado a precio económico que haya.  Son esos productos:

1-. Coca Cola: Nadie ha podido sustituirla. La encontramos en bares, tiendas de chinos, estaciones de tren y autobús,  gasolineras y hasta en el Mercadona.  Ni siquiera Juan Roch ha conseguido quitarla de los estantes de sus supermercados.  Vale. Ahora vendrá el fanático de la Pepsi, pero ese no cuenta porque son cuatro los que prefieren esa marca. De hecho, no conozco a nadie que entre en un bar y pida una “pesi”. La realidad demuestra que sólo tomamos Pepsi cuando, tras una larga noche, nos da igual que en el garito de turno lo único que se pueda beber con el ron o el whisky sea esta poción hiperazucarada.

2-. Finish. Esta quizá demuestra que la fidelidad del cliente hacia una marca es inexpugnable. De hecho, mientras preguntaba en Twitter y a través de los numerosos grupos de WhatsApp a qué marca o producto no se renunciaría jamás nadie mencionó esta marca. No, todos dijeron el original: Calgonit.  Así que si todo el mundo sigue conociendo a la marca con su nomenclatura primigenia,  sólo queda preguntarse,  quién fue el inteligente del departamento de marketing que decidió cambiar de nombre.  Vamos a ver… se puede mejorar la eficacia del lavado gracias a la pastilla, cambiarle la forma,… pero ¿por qué llamarle Finish cuando quieres decir Calgonit?

3.- Cola-Cao. Desde que los negritos del África Tropical se metieron en nuestras vidas hace muchos años, nadie ha podido desbancar a este cacao soluble. Vale sí, los del Nesquik lo han intentado y se acercan, pero eso de que se disuelva al instante no hace más que pensar que nos encontramos ante un producto que lleva menos cacao que el Cola-Cao, y al final de lo que se trata es de ver que lo que nos estamos bebiendo sea algo consistente. Si no, es preferible comprar un batido de chocolate, aunque sea de marca nisu.

4.- Nescafé. Sucede lo mismo que en el anterior. Uno se acerca al estante del café del supermercado y se encuentra infinidad de botes de café soluble y al final, te decantas por el Nescafé. ¿Por qué? Pues porque los demás son simples sucedáneos que intentan imitar al original y no se acercan por mucho que lo intenten y por muy baratos que sean.

5.- Whatsapp. La tecnología se ha convertido en el paraíso de la marca blanca. Windows ya no domina y por ejemplo, Linux, sin que muchos lo sepan, se ha ido instalando en nuestras vidas. Pero en estos momentos, entre la cantidad de opciones de mensajería que tenemos, no hay quien desbanque al Guasa. El motivo: es simple y ahí radica su secreto. ¿Line? Es una app que todo el mundo tiene y nadie utiliza, por mucho que sea gratis. Lo de los emoji, stickers y demás, lo único que hacen es ocuparte la pantalla mientras estás en una conversación. Al final se convierte en un infierno y no sabes si te encuentras en un comic manga o chateando con tu novia. De ChatOn o WeChat ni hablamos: son las apps que uno se encontraría en el chino de la esquina.

Así que dudo mucho que como dijo el representante de IBM algunas marcas desaparezcan de nuestra mente. Y ya sea online u offline, las seguiremos comprando aunque existan otras más baratas.  Y vosotros, ¿de qué marca no prescindiríais aunque hubiera otra similar y más barata?

La música de hoy la pone un grupo de Florida (EE.UU.) llamado Radical Face. Su estilo recuerda en algunos temas a los primeros Simon & Garfunkel y más reciente a Sufjan Stevens. Melodías bien compuestas y conjuntadas como en el caso de esta canción, Ghost Towns… muy triste pero preciosa.

Actualización 3-Junio-2013

Atendiendo a peticiones daré la lista de las 15 primeras marcas de la miniencuesta realizada a través de twitter y whatsapp. Son estas.

1.- CocaCola

2.- Finish

3.- Cola Cao

4.- Nescafé

5.- Whatsapp

6.- Durex

7.- Donuts

8.- Kellog’ss

9.- Colgate

10.- Fairy

11.- Mahou

12.- Vitroclen

13.- Tónica Schweppes

14.- Pan Bimbo

15.- iPhone (Apple)

Casualidades de la vida,  mi colega de Actualidad Económica, Miguel Ángel Uriondo (@uriondo), escribió hace exactamente tres meses sobre la misma temática que este post que acabas de leer. Lo sorprendente del tema es que las tres primeras marcas de este post no sólo coinciden con las del suyo sino que lo hacen en el mismo orden. Leedlo, por favor. No tiene desperdicio. Haz click aquí para leerlo.

El economista agorero vive en Matrix

Santiago Niño Becerra. Fuente de la imagen www.revistarambla.com
Santiago Niño Becerra. Fuente de la imagen http://www.revistarambla.com

Ayer por la tarde estuve en un evento en el que una de las principales empresas tecnológicas de este país,  Ibermática, celebraba su 40 aniversario.  Todo muy bien organizado, con una excelente puesta en escena y con interesantes aportaciones. Nada nuevo en esta compañía caracterizada por su buen hacer en el mundo de las TICs y con una cúpula directiva realmente cercana y siempre dispuesta a ayudar.

Uno de los apartados del evento era, cómo no, hablar de la crisis económica que asola a España.  Y ahí, claro está, aparecen los economistas y pseudo economistas que gracias a la crisis han hecho el agosto y de paso, mucha pasta. “La cosa” ha hecho que para ellos no exista la crisis. Nadan en la abundancia a costa de repetir el mismo discurso desde hace seis años. Se lo juro. De cada uno de ellos he asistido, al menos, a tres conferencias en los últimos años y en todas ellas dicen exactamente lo mismo. Se repiten cual bacalao al ajoarriero. Son como un vinilo rallado con la diferencia de que no puedes mover la aguja para que la canción siga sonando. Y son tres: el trío mediático de los economistas estrella. El trío calavera y agorero que, en el fondo, desean que la cosa llegue hasta el infinito y más allá para poder seguir viviendo a su costa. Son estos tres: Santiago Niño Becerra,  José María Gay de Liébana y Leopoldo Abadía.

En la charla-coloquio de Ibermática el representante de este elenco era Niño Becerra. Como en los otros dos casos tienen una cualidad innegable: saben comunicar y captan la atención de cualquier tipo de público. Como el speech que sueltan es el mismo allá por donde van se lo saben de memoria, así que el error en las disertaciones es prácticamente nulo. Eso sí, cada cual tiene un estilo y una perspectiva diferente.

Abadía es el prototipo del individuo normal, de la calle, el amigo del que sólo ha alcanzado a sacarse el graduado escolar y que soluciona cualquier mal económico con la receta del ama de casa. El producto se vende bien, todo el mundo le entiende. Publica sus libros ninja y todos le hacen la ola.

Los otros dos son catedráticos y saben mogollón. Son auténticos maestros de la economía pero entre Niño Becerra y Gay de Liébana hay dos diferencias. El segundo es más campechano y aunque su perorata está siempre llena de datos y cifras, sabe llegar a un público intermedio. Con frecuencia suelta chistes para que el público no desvíe su atención. Aunque suele ser un tipo con pronósticos negativos siempre deja un rayo de esperanza. Niño Becerra basa su éxito en ser el más agresivo de los tres y sobre todo en su pensamiento catastrofista. La primera vez que le ví, allá por el año 2009, auguró que la crisis no acabaría hasta 2020 y que el paro alcanzaría el 30%. Va camino de acertar. Es quizá ese pensamiento agorero el que le da un rotundo éxito y por ello es al que más veces he tenido que ver y escuchar. El colega está de moda. Su tema estrella es la deuda. En su discurso siempre aparece. La otra frase favorita es que nunca llegaremos a la alegría que teníamos a principios de este siglo. Evidentemente, tiene razón. Cualquiera con mínimos conocimientos de economía lo sabe. Pero lo que jode es que nunca ofrece ninguna solución a los problemas. Todo son malos augurios y punto. No hay luz al final del túnel, con lo que queda estupendamente bien. Si además adereza los vaticinios con puyas a la casta política el éxito está más que asegurado. Es entonces cuando el público sale admirado de la sala pensando que acaba de escuchar a un auténtico líder. Y sí es un maestro, pero del embrujo.

Si uno va a un médico y este le dice: “mire tiene un cáncer y esto es porque usted hace unos años ha fumado, también ha bebido demasiado y ha llevado una vida sedentaria. Si en vez de comer tanta carne roja hubiera comido más verdura y pollo a la plancha otro gallo le cantaría. ¿Sabe lo que le va a pasar? Pues que le va a doler mucho, que ese cáncer se irá extendiendo por todo el cuerpo y al final se morirá”. ¡Coño! Eso ya lo sabe el paciente. Lo que quiere es que le cures o al menos lo intentes. Por lo menos muestra alguna solución. No, todos estos economistas estrellas no aportan ninguna solución. Tan sólo dicen de dónde vienen los males y cómo esos males van a seguir durante mucho tiempo. ¡Se los dije!, les falta decir.

Pero claro, de vez en cuando tienen que ir introduciendo matices y novedades. Estos pueden ser las nuevas cifras de paro, el incremento de la deuda o lo de puta madre que vivíamos con sueldos de mierda. Y ahí, en ocasiones, llega la metedura de pata. La que toda persona que ha alcanzado la cima comete gracias a su creencia de que detrás de él, el caos. En la charla de ayer el señor Niño aseguró: “el paro no va a caer. Es más dentro de unos años sólo será necesario que trabaje el 5% de la población. El resto no sirve. ¿Conocen las impresoras 3D? Pues de aquí a unos pocos años los edificios, puentes y casas los harán impresoras 3D”. Con lo cual a tomar viento arquitectos, aparejadores, obreros, fontaneros, electricistas,…  Joder, el slogan de los bancos va a ser el de “hipotecas para que te compres una impresora”. La realidad es que la impresora 3D puede fabricar el edificio, pero no ensamblarlo. En realidad el procedimiento es como el de los puzles 3D ¿Se imagina el tamaño que necesita una impresora para construir el Empire State? No sólo eso ¿la impresora 3D pone las cañerías y las fuentes de alimentación? ¿Acaso mientras imprime, monta el baño y el dormitorio? Pues no. Puede imprimir los ladrillos, o los retretes o el tendedero… pero siempre hay que montarlo con lo que seguirá existiendo el arquitecto o el aparejador, sólo que tendrá que formarse en otras técnicas nuevas. Como dijo mi colega Adolfo Miranda, “lo mismo es que vivimos en Matrix y no nos hemos enterado”. Y sí, ahí se quedaron algunos de estos economistas.

La música corre hoy a cargo de The Lumineers un grupo norteamericano muy folkie que con un único disco ya han sido nominados a un par de Grammys (que no ganaron). Que lo disfrutéis

¿Realmente necesitas este móvil?

El nuevo Galaxy S4.
El nuevo Galaxy S4.

El pasado jueves Samsung presentó en Nueva York el que será su nuevo dispositivo estrella para los próximos meses. La ciudad elegida no es baladí. Los coreanos se lanzan a intentar conquistar el mercado americano, uno de los pocos en los que no lideran el mercado de los smartphones. Así que la estrategia está clara: nos gastamos una pasta en merchandising y marketing, invitamos a periodistas y bloggers a pasar tres días en la Gran Manzana y bloqueamos Times Square, en pleno Manhattan, para que todo el mundo hable del Galaxy S4. Todo muy americano… salvo por el presidente que como buen coreano no logra enganchar al auditorio con los mensajes. El móvil en sí, ya lo habréis leído en varios lugares, es una copia del S3 al que le han añadido alguna aplicación de software interesante y le han mejorado la cámara.

La nueva era del smartphone está haciendo que las empresas y los usuarios se vuelvan locos. ¿Realmente necesitas el nuevo móvil de Samsung? ¿Realmente necesitan los coreanos sacar un nuevo terminal cuando tienen no uno, sino varios teléfonos que todavía tienen recorrido? A lo mejor si se hubieran esperado hasta septiembre le podían haber mejorado el diseño (y no utilizar el plástico como elemento fundamental de construcción), le podrían haber metido más y mejores aplicaciones y podrían habérselo currado un poco más. Samsung tiene muy buenos modelos, que para nada se han quedado obsoletos y por tanto no tenían necesidad de colocar en el mercado el nuevo terminal. Bastaba con esperar un poco para sacar un teléfono mejor. En realidad han pecado de lo mismo que le ocurrió a Apple en su momento cuando sacó el iPhone 4S.

Las prisas no son buenas consejeras, que dice el refrán. Y en este caso creo que el Galaxy S4, siendo un buen teléfono, ha sido sacado con precipitación. Pseudoperiodistas y bloggers han ido, durante meses, caldeando el ambiente con falsas informaciones y rumores de todo tipo acerca de las prestaciones del nuevo terminal. Es muy propio de las compañías tecnológicas actuales fiarse de lo que señalan las redes sociales y creer a pies juntillas en lo que se expresa en ellas. Craso error, machote. El Twitter engaña más que la falsa moneda y el Facebook también.

Pero los usuarios también son culpables de esta paranoia móvil. Luego nos quejamos de cosas como las de la obsolescencia programada:

–          ¡Joder, se me ha estropeado la lavadora y me dice el técnico que para lo que me va a costar cambiar el motor, mejor me compro una nueva!, – exclama indignado el incrédulo usuario.

–          Y, ¿cuánto tiempo tiene?, -pregunta el amigo

–          ¡Si sólo tiene 7 años! Es que ahora fabrican los electrodomésticos para que se estropeen cada cierto tiempo. Y, fíjate, ¡mi madre sigue con su lavadora de hace 20 años!

Efectivamente, chaval. La obsolescencia programada existe y te irrita. A mí también. Pero resulta que tú eres el auténtico obsolescente programado porque mientras te indignas por tener que comprarte un electrodoméstico que ni siquiera ha alcanzado la década de vida, estás negociando con tu operadora para que te dé el último smartphone del mercado cuando el tuyo no tiene ni un año de vida. Concretamente, tienes un pedazo Samsung Galaxy S3 que te compraste hace 9 meses. Así que, ¿para qué quieres un nuevo modelo? A lo mejor es que te gusta estar esclavizado con tu operadora a la que le pagas y le proclamas más fidelidad que a tu pareja a cambio de un terminal que NO NECESITAS.

Es verdad que una lavadora no es algo sugerente, por mucho diodo led que le quieran poner. Al final su máximo atractivo radica en ver cómo da vueltas y más vueltas la ropa y esto no da para mucha conversación. No es lo mismo estar en un bar hablando sobre la última app que te has descargado que entablar una conversación acerca de las 800 revoluciones por minuto del centrifugado.

De un lavavajillas ya ni hablamos. Si por lo menos la puerta fuera transparente a lo mejor podríamos charlar sobre los beneficios de poner más o menos dosis de abrillantador o de los efectos de la sal en el giro de las aspas mientras éstas esparcen agua.

Con los móviles es diferente. Existe una paranoia colectiva por el último modelo. Algo que no ocurre en ningún otro apartado del mundo TIC. No, ni con las tabletas, ni con los ordenadores, ni con el software CRM, ni siquiera con el mundo cloud existe semejante ansia.

A lo mejor es una cuestión de tamaño. Porque toda esta paranoia viene desde que los móviles dejaron de ser móviles para convertirse en smartphones. Si antaño lo que se valoraba era un artilugio pequeño y manejable, ahora lo que se lleva es tener el aparatdo más grande: El otro día, tomando unas cervezas en un bar con un amigo, observo que no para de moverse en el taburete. Empiezo a estar preocupado y cuando le miro la entrepierna noto un bulto nada sospechoso. Es imposible que a mi colega, después de muchos años, le provoque erecciones. Así que empiezo a pensar que, dados sus movimientos, a lo mejor se ha sometido a una operación de alargamiento del miembro. Pero no. De repente se saca del bolsillo un móvil (de esos que ahora se llaman phablet, ni tablet, ni teléfono) de más de 5 pulgadas que era el responsable de sus vaivenes y del repentino crecimiento del miembro.

–          Pero, ¿cómo vas con eso ahí?, -le pregunto

–          ¡Ah! Casi se me olvida enseñarte mi nuevo móvil, -me contesta

–          ¿Tu nuevo móvil? Pero si no puedes ni sentarte en condiciones con tu nuevo móvil.

–          ¡Qué exagerado! Si no pesa nada. Tiene unas aplicaciones estupendas, es supermanejable y es la última moda

“Pues sí, la última moda va a acabar con tu libido”, pienso yo. Y es que, en el mundo smartphone, cuanto más grande mejor. Esto es algo que hasta ahora sólo ocurría en el planeta de la gafa de sol, donde el modelo más moderno es el que tape ojos, cejas, frente y nariz: ¡perfecto para que no te vean el jeto que tienes después de una noche de fiesta loca, pero no tanto para tener una conversación decente sin saber si a quien hablas es a una persona o a un marciano salido de una lavadora!

El que sí necesita mucho equipamiento es el compositor de hoy: Xavier Rudd. A pesar del nombre, es un músico australiano que, como se ve en el vídeo es capaz de tocar un innumerable conjunto de instrumentos a la vez… un auténtico hombre orquesta al que es difícil encuadrar en un género musical concreto ya que tiene temas que van desde el Reagge, el folk, rock o incluso el blues.

Chávez, el vergatario, los P2 y los memos

El vergatario: en realidad desarrollado en China, ensamblado en
El vergatario: en realidad desarrollado en China, ensamblado en Venezuela

Tras la muerte de Hugo Chávez la semana pasada, mucho se ha escrito sobre el personaje en cuestión. Sin entrar en valoraciones sobre lo que ha hecho o dejado de hacer, lo que está claro es que era un tipo que no dejaba indiferente a nadie: alguien con carisma y capaz de comunicar. No es sorprendente que el pueblo le votase y a la hora de su deceso saliera larga en procesión y romería a venerarle. Ejemplos en nuestro país tenemos varios. El más claro de todos: Jesús Gil y en estos días Rosa Díez.

La clave de todo buen populista radica en su capacidad para decir las cosas que todo el mundo quiere oír. Todo ello aderezado con una pizca de bravuconería y un estilo “echado p’alante”. Importa poco que de lo que se trate es de hablar del imperialismo yanqui (como Chávez) que de despreciar a la clase política y sus dádivas aunque tú lleves beneficiándote de ellas desde 1979 (como Rosita). De lo que se trata es de que mediante un lenguaje directo y, en ocasiones, chusco, lograr que el populacho se regocije y piense que va a ser él o ella los que les liberen de sus problemas y de su vida miserable. Es de eso de lo que se aprovechan personajes de semejante calado y que se han repetido a lo largo de la historia. En realidad, todos ellos, a uno y a otro lado no son más que una mera farsa.

Como buen charlatán de feria, Chávez era un tipo astuto e inteligente. Por eso era capaz de enfrentarse casi ante cualquier elemento que se le pusiera delante. Un personaje dominador de cualquier materia. Por supuesto, entre sus conocimientos también se encontraba el mundo de las nuevas tecnologías. De hecho dejó al mundo uno de los grandes avances de las telecomunicaciones del último decenio: el Vergatario.

¿Qué es lo que se esconde detrás de esta nomenclatura? Visto así de primeras parece que nos hubiéramos metido en una página web con alto contenido sexual, no apta para menores, pero no. Tras el Vergatario se esconde un móvil. Un teléfono revolucionario en todos los sentidos del calificativo. Revolucionario porque el Estado venezolano lo sacó al mercado para competir contra la tiranía de las multinacionales dedicadas a la fabricación de terminales móviles.  Revolucionario por la tecnología puntera que desplegaba y, finalmente, revolucionario porque Chávez así lo decía: “el primer teléfono fabricado en Venezuela. Todo buen revolucionario de la República ha de llevar su Vergatario (aunque él fuera más de Blackberry)”.

Analicemos el aparato en cuestión. Su primera versión es del año 2009, es decir, cuando la tecnología móvil era algo más que una promesa y por ejemplo, ya existían varios modelos de Smartphone. El revolucionario teléfono según el propio Chávez “es un aparato con capacidad para almacenar 500 contactos en su memoria, puede usarse como alarma, tiene cámara, calendario, notas de voz, cronómetro y linterna. Es ligero, liviano y sólo cuesta 10 euros”. Además y según la publicidad estaba fabricado en Venezuela (esto es otro aspecto destacable de cualquier populista que se precie: invocar al patriotismo). Bueno, hay que decir que el móvil estaba ensamblado en Venezuela pero toda su tecnología era de la multinacional china ZTE y concretamente el modelo Vergatario se correspondía en realidad con el ZTE 366.

Pero vayamos al nombre. Como buen elemento propagandístico, el teléfono tenía que tener un nombre llamativo, que quedara retenido en la memoria del personal y se optó por el de Vergatario. Hombre, podían haber elegido otro, ¿no? Vale que en Venezuela el término significa algo así como “algo o alguien que merece la pena”. Vamos, traducido al mundo teckie algo guay, moderno, fashion… en definitiva, un auténtico maquinón. Un aparato que se vendió en tales proporciones que rápidamente tuvieron que sacar a la venta el Vergatario II. En realidad esperaban distribuir un millón de unidades en su primer año, pero la cifra se quedó en 100.000 y la empresa encargada del ensamblaje sólo logró montar el 24% del total.

La realidad es que ni a Dios le interesaba ir con un Vergatario en el bolsillo. Así que se le dio la vuelta a la tortilla y el escaso éxito del terminal según el propio Chávez y su ausencia en las tiendas era debido a que “el Vergatario salió y de inmediato desapareció de los mecanismos de distribución, de un sistema de flujo permanente” gracias a que todo el mundo andaba pegándose por adquirir un móvil de última generación (salvo Chávez que prefería la BB).

A lo mejor si le hubiera puesto otro nombre las ventas hubieran sido mejores. Pero no debe de ser el caso, porque la realidad es que son muchos los fabricantes que designan a un producto con un nombre que incita más a la chanza que a que lo compres por las bondades que pudiera tener.

Así que en esto del nombre Chávez no tiene la exclusiva. Sin ir más lejos en el pasado Mobile World Congress, los chinos de Huawei presentaron su Ascend P2. Hombre, P2 en español para un teléfono suena mal, pero es que si lo ponemos en inglés PI-TU tampoco es que sea muy sonoro. Más bien parece que están hablando del nuevo Vergatario en bable.

Y luego tenemos al fabricante del Vergatario original. Nuevamente la china ZTE también ha presentado en el MWC un Smartphone al que le ha llamado el Grand Memo. Hombre, si lo que quieres destacar  es su capacidad de memoria, llámale Memory, o memorión pero no le llames Memo, porque entonces lo que me da la sensación es que me encuentro ante una bazofia de teléfono. Hombre, por favor, que no queda nada bien eso de decir: “Mira, llevo un gran memo en mi bolsillo”. En fin, que en esto de los nombres, a los directores de marketing se les podían ocurrir cosas mejores o al menos más apropiadas.

La música de hoy va a ser de un tipo que el viernes pasado ofreció un concierto en Madrid y que responde al nombre de Josh Rouse. Un cantante / compositor que hace un pop y un folk-rock delicioso y que tiene desde hace muchos años fijada su residencia en España y tiene varios temas en nuestro idioma.

RIM ha muerto y Blackberry también

La nueva blackberry z10.
La nueva blackberry z10.

Está bien esto de intentar salvar de la defunción a una compañía pero las cosas hay que asumirlas. Si esto no se hace, la probabilidad de éxito es nula. Digo esto a colación de la presentación que tuvo lugar ayer en Nueva York de las nuevas blackberrys. De toda la información que he leído, no me he encontrado con un análisis de lo que se espera de la compañía y de lo que puede aportar al mundo móvil actual. Prácticamente todos los artículos son alabanzas al nuevo sistema operativo, a que vendrán con un número infinito de aplicaciones, a lo acertado del cambio de nombre de la empresa…

Sí. Uno de los apartados más interesantes es que RIM ya no se llama RIM: ahora es sólo Blackberry. ¿Y esto a quién le importa? Al populacho no le cuentes que su smartphone está fabricado por una empresa canadiense que se llama RIM. Ni lo sabe ni le importa. La blackberry era de Blackberry y lo de RIM le importa tres carajos. Así que, si para algunos lo más importante es el cambio en la nomenclatura de la empresa quiere decir que no aporta nada nuevo y por tanto, la compañía tiene todas las papeletas para ir encargando el pijama de madera.

Una de las cosas interesantes del mundo de los smartphones es la rivalidad no sólo entre empresas, sino entre usuarios:

–          Yo es que tengo un iPhone

–          Puff, ese teléfono no vale para nada. No hay nada como el Samsung que tengo yo.

En estas aparece otro usuario y le preguntan: Y tú, ¿qué móvil tienes? Pues yo, una Blackberry, -responde todo ufano- Así que los portadores del Samsung y del iPhone, se miran sorprendidos. Se sienten como si les hubiera caído del cielo un australopithecus afarensis tecnológico. Y es que no. Blackberry no volverá a ser lo que fue. Ha perdido protagonismo entre otros motivos porque sus aparatos fallan como una escopeta de feria. Y eso si se repite con frecuencia hace que los que siguen usando tus teléfonos se cansen, por mucho que saques nuevos modelos con diferente sistema operativo.

¡Ay el sistema operativo! Esa es otra de las novedades de las nuevas Z10 y Q10. Se llama, muy original, Blackberry 10. Y dicen los de la compañía canadiense que se han pasado dos años currando en un nuevo sistema operativo. ¡Es que lo hemos desarrollado desde cero! ¿Y? ¿Eso es todo lo que puedes aportar? Parece como si fueran niños pequeños. Si el sistema es bueno, no tiene fallos, es estable, es intuitivo y sencillo, etc., entonces los nuevos terminales podrían subir un poco de ese 2% de cuota de mercado que posee. Pero con los antecedentes que la compañía tiene, pues no parece que por mucho nuevo sistema operativo que introduzcan vayan a empezar a subir como la espuma. Dice el director general de BB en España que “los desarrolladorres se han dado cuenta del poder del nuevo sistema operativo”. Ya, pero lo que importa es que vendas producto, y aunque tengas una legión de desarrolladores detrás, si la gente no compra tus aparatitos, te quedas en nada. Y ese es el problema: que al personal ya no le gusta Blackberry porque otros le han superado en absolutamente todo y ahora no vas a recuperar la distancia que te separa de todos los demás.

Otro de los argumentos de esta repentina resurrección va a ser su mercado de apps. Los tipos de BB dicen que tienen una nueva tienda, mejorada y de calidad. Vamos a ver. Hay que saber leer a los directivos. Cuando afirman cosas semejantes lo que quieren decir en realidad es que han pasado de ser la “chino-tienda” a convertirse en el Día de proximidad. “Hombre, -aseguran-, es que ahora tenemos un catálogo de calidad de 70.000 aplicaciones” .Y es que en estos momentos los de BB sólo quieren calidad. Vamos a ver, pajarito, ¿calidad en 70.000 aplicaciones? Puff, no sé yo que hacen los usuarios del resto de smartphones que no van corriendo a reservar su nueva Z10. Si tienes 70.000 apps en tu tienda, quiere decir que algo de morralla has incorporado. Vamos, que seguro que tienes una aplicación tipo gato parlanchín o similar y, ¿sabes por qué? Pues porque la morralla le gusta al personal, aunque luego desinstale la app. Por cierto, a aquellos que tengáis una suscripción a Spotify, olvidaos de disfrutarla en las nuevas Blackberry. Entre la gran cantidad de apps de categoría, no se encuentra. Instagram, tampoco.

Los de BB siempre han ido presumiendo de ir a un nicho de mercado superprofesional. A ellos lo que les molaba era el directivo encorbatado y la ejecutiva agresiva. Era su mercado selecto. Claro, que luego lo que pedían las adolescentes y los chavalitos de regalo de cumpleaños era una Blackberry, mientras sus padres se compraban un iPhone, un Samsung o incluso un Windows Phone. Por eso, además han metido en la tienda un nutrido grupo de juegos: porque las Blackberry son muy profesionales

Por último vamos al apartado del diseño. ¿Qué aportan los nuevos terminales? Pues no mucho, la verdad. Son una copia calcada de otros ya existentes en el mercado, así que por ese lado tampoco le auguro mucho futuro a la Blackberry. Hombre ya que sacas un nuevo producto y, te has estado currando un nuevo sistema operativo durante dos años, bien podrías haber diseñado algo diferente a lo que hay ahora. Claro, los pocos adeptos que quedan a estos terminales dirán que uno de los modelos presentados, el Q10, tiene teclado. Ya, y las PDAs de HP de hace siete años también lo tenían y ahora no existen.

Con todo esto, si tu operadora (Vodafone será la primera en ofrecer el nuevo modelo) te hace una oferta, ¿debes cogerla? Claramente no. Ya tenemos bastante con un moribundo como Nokia al que quieren sacar del hoyo como para tener otro ahora. Y eso que la apuesta de la finlandesa sí puede ser algo más novedosa y aunque va de la mano de otro moribundo, poseen algo que RIM, perdón Blackberry, no tiene tanto: una gran cantidad de pasta.

Así que como Blackberry lleva tiempo muerta, pero hoy la han pretendido resucitar, nada mejor que dedicarle este tema de Brandi Carlile titulado “Dying day”. Carlile es una compositora influenciada por el country y el folk-rock norteamericano y cuyo principal éxito fue el tema “The story” en el que destaca la gravedad de la voz.