Lo que no te cuentan del Mobile World Congress

Mobile World Congress. En Barcelona del 25 al 28 de febrero
Mobile World Congress. En Barcelona del 25 al 28 de febrero.

Este próximo lunes comienza una de las citas más importantes para todos aquellos que nos dedicamos a esto de las tecnologías. Se trata del Mobile World Congress, una feria internacional que tiene lugar en Barcelona, en la que cualquiera que se dedique al mundo de la movilidad, los tablets, las apps, etc., tiene que estar. Y están todos los grandes: Samsung, Huawei, LG, BB, Nokia, Sony, HTC,… ¿Todos? Bueno no, todos no. Apple no. A la compañía de la manzana no le interesa codearse con la chusma. Los directivos de esta empresa están por encima del bien y del mal. Son seres superiores y por tanto nunca asistirán a eventos en el que se junte calaña como los que apuestan por el Android o el Windows.  Y es que en Apple siempre han sido exclusivos. Son el Ferrari de las TIC. Los demás son empresas fabricantes de utilitarios para dar satisfacción a la plebe. Porque sí, eso es Apple. Unos guays de cojones que de tanto que se lo creen, a veces van tan de sobrados que dan auténtica aversión.

El caso es que nadie les echará en falta en la feria. A veces es lo que ocurre: y es que, es mayoría el personal que todavía no se siente atraído por la secta appleniana, y disfruta este evento como uno de los mayores (y mejores) que existen en el mundo de las TICs actuales.

Desde este blog, sin embargo, no os voy a dar información sobre lo que se presenta en la feria. Os vais a saturar de ver teléfonos, tablets y nuevas herramientas durante la próxima semana, porque los periodistas teckies somos muy cansinos y creemos que no hay vida más allá de nuestro mundo de chips. Así que no os enojéis. Lo que os voy a contar son algunos destalles que seguro, seguro se van a ver durante esta edición y que se repiten año tras año, como si fuera un mantra.

Siglo XXI: Mujeres recauchutadas y siliconadas siguen siendo el reclamo de muchos stands.
Siglo XXI: Mujeres recauchutadas y siliconadas siguen siendo el reclamo de muchos stands.

1.- La mujer como reclamo. Parece mentira que a estas alturas de la vida la gente siga utilizando a la típica muchacha-Barbie-siliconada  para atraer público hacia un stand. Porque evidentemente a nadie se le ocurre poner a un engendro a la entrada. No, seguimos apostando por la joven bien recauchutada y con un pecho cuanto más grande mejor. Casualmente, ninguna de las empresas que apuestan por esta fórmula de atracción del público tiene un producto meramente aceptable. Con respecto a este tema hay una cosa que no acabo de entender. Si pones a una tía en tanga, bailando en un pedestal, ¿por qué no pones también a un pavo-Ken-mazas (y también siliconado) a marcarse unos bailes? Estoy seguro de que ese stand tendría mucho éxito, más teniendo en cuenta que el número de mujeres en este tipo de eventos aumenta cada año y que además lo de la azafata bombón es el recurso fácil.

Como en muchas otras ferias, los profesionales ociosos también abundan. El precio de la entrada: sobre los 600€.
Como en muchas otras ferias, los profesionales ociosos también abundan. El precio de la entrada: sobre los 600€.

2.- Una feria profesional. ¡Ja! A ver, es verdad. Esto no es ExpoOcio ni el SIMO cuando se llenaba de adolescentes y jubilados aburridos. Pero también los hay. Mochileros que va a coger cualquier folleto publicitario, bolígrafo o gominola que le ofrezcan. A fin de cuentas es algo muy propio de este país: “Oye tronco, vámonos al Mobile, que me han dicho que en el stand de HP sortean un ultrabook”, le dice un amigo a otro. “Sí, -responde de otro- y además creo que en el de Rovio, te dan caramelos de Angry Birds” Al final, como sucede con muchas cosas, el populacho va a los sitios porque le regalan “cosas”,  y en el apartado “cosas” entra desde un pincho USB de 256Mb, hasta una alfombrilla para ratón, pasando por folletos de todo tipo y sin olvidarnos de las indefectibles pelotitas anti-stress.

Encuentra en menos de 10 segundos a un occidental.
Encuentra en menos de 10 segundos a un occidental.

3.- Chinos a tutiplén. Bueno, chinos, y coreanos y taiwaneses y japos… Dejémoslo en tipos de ojos rasgados. Nos invaden. Lo mejor de todo es que ya no sólo se dedican a copiar, que también. Ahora además inventan, desarrollan y hacen cosas muy buenas. Bueno, los japos y los coreanos ya lo hacían, pero es que ahora los chinos van avanzando y desarrollan su propia tecnología. Así que cuando uno entra en un pabellón parece que acaba de atravesar la Gran Muralla o está en San Francisco caminando por el Barrio Chino. Y es que de un tiempo a esta parte, el hardware es puramente oriental: Lenovo, Samsung, HTC, ZTE, Huawei, LG, Fujitsu,… ¿Aquí que nos queda? ¡Alcatel y sus móviles retro!Me parece perfecto, han sabido copar el mercado. Pero alguien les podía enseñar a hablar idiomas. Mira que los españoles no somos los más adecuados para decir a alguien que aprenda inglés, pero es que no hay nada peor que un chino o un coreano hablando en inglés. Yo, por ejemplo, cada vez que tengo que entrevistar a un oriental las paso canutas. No le entiendes una mierda. Y lo peor viene después, cuando tienes que pasar la entrevista al documento de texto: sabes que vas a pasar cuatro horas para sacar una página de texto.

Y es que, en este reducto cerrado que es el MWC no se habla ni español ni catalán. Toda la información se encuentra en inglés y, por supuesto, todo el mundo habla en inglés. Nada de relacionarse en otro idioma que no sea la lengua de Shakespeare. Pero algo puede estar cambiando: los países asiáticos, coreanos y chinos sobre todo, han ganado mucho terreno. En algunos momentos, paseando por algún pabellón, se puede hacer difícil encontrar alguna cara occidental. Si se fijan en la imagen, puede parecer el juego de “¿Dónde está Wally?”, sólo que en este caso la pregunta sería “¿Dónde está el occidental?

¿Es Konka o es Nokia?
¿Es Konka o es Nokia?

4.- Los chinos copiotas: Estos son los chinos a los que estábamos acostumbrados. El oriental de toda la vida. El del “decomisos”. El crack de la imitación también está presente y de qué manera en el Mobile World Congress. Y no se corta un pelo. Lo mismo te hace una copia calcada de un iPhone que te tunea un Galaxy S3 (falso como la falsa monea, eso sí). De todos los que vi el año pasado me sorprendió esta empresa: Konka. Misma tipografía que la de Nokia y mismo diseño que los últimos modelos de la compañía finlandesa. Lo sorprendente es que nadie de Nokia se acercó a poner una denuncia por plagio. En el último año, ya no se cortan y ahora los diseños imitan a Blackberry, al iPhone y a cualquier marca que se les ponga por delante.

En fin, que como os vais a hartar de ver smartphones en cualquier blog, periódico o telediario durante la próxima semana, habrá que tomárselo con calma. Así que la nota musical de esta semana la pone Pulp, un grupo británico, que lleva desde la década de los 70 haciendo muy buena música, y encuadrado dentro del denominado brit-pop. El tema, uno de los más famosos de la banda, va dedicado a toda la gente normal… esa de la que cada vez queda menos.

La pantallita azul de Windows, el e-book y las fotos en el móvil

Shooter  Mag: del móvil al papel.
Shooter Mag: del móvil al papel.

Vivimos en la era digital. Todos parecemos autómatas entregados a la causa de la tecnología: redes sociales, smartphones, tabletas, ultrabooks, libros electrónicos… Nadie escapa al poder de la tecnología. Tanto es así que hasta te miran raro si no te amoldas a la nueva religión. Yo, que no estoy en Facebook, tengo que discutir constantemente acerca de por qué no quiero estar en el mundo Zuckerberg. A mí me pasa con esto pero lo habitual es que ocurra con cualquier aspecto relacionado con el mundo tecnológico.

Lo de los smartphones es otro apartado que entra dentro de esta categoría: si no llevas el último modelo eres un mierda. Da igual que el aparato de marras sea un pepinazo y vaya como la seda: como tenga más de un año deberías ir pensando en pedir asilo en otro país, en el que no se valore al personal por el modelo de teléfono que tenga.

Y es que en esto de la tecnología ocurre algo muy curioso: de repente todo el mundo es el que más controla de móviles, ordenadores, apps y software (pirata, por supuesto). Pero esto es algo intrínseco a este país: nos ponen las burbujas y la de la tecnología en algunos aspectos tiene pinta de ser una más. Como no tuvimos bastante con la del sector inmobiliario, ahora nos hemos aficionado a los cacharritos y somos auténticos expertos. Así que es de lo más normal ver a gente que no tiene el graduado escolar convertido en el mayor conocedor de la industria “techie”: que tu móvil va lento, no te preocupes, el experto te lo soluciona con un par de apps piratas. Te lo hackea en un plis-plas y te lo deja “niquelao”. Que el ordenador de tu casa está con la pantallita azul de Windows, no hay problema, tu vecino, el erudito tecnológico, siempre está presto para cualquier labor que tenga que ver con el mundo de la computadora:

–          “Eso va a ser cosa del “Güindous” ese. Me da a mí de que se ta metío un virus y voy a tener que hacer un reseteo rápido”.

Al fenómeno, lo de la dicción y la construcción correcta de las frases no se le da bien, pero en esto de la informática es un auténtico hacha. No hay aparato con procesadores que se le resista. ¿Ingenieros informáticos y programadores a mí?, suele pensar a menudo. Ni corto ni perezoso, borra todo el disco duro e instala el Windows 8 que se descargó la semana pasada por la cara. Y entonces sucede lo previsible: La máquina ha fenecido definitivamente. Así que con su castellano de doctor honoris causa le dice al vecino: “Va a ser la placa, que contra más se usa más se recalienta y entonces peta todo. Vas a tener que comprar un ordenador nuevo”

Así que hay que comprar otro ordenador, porque tu vecino te lo ha dicho. A fin de cuentas están muy baratos. Pides un crédito (otro más) y por 20€ al mes ya tienes un nuevo equipo.

La cuestión es que si sólo fuera el ordenador, vale. Pero no. Hay que tener smartphone, tableta, y por supuesto, libro electrónico. Esto último es realmente curioso. Los fabricantes han puesto el grito en el cielo, porque las ventas de e-books han descendido mucho en los últimos meses. ¿Y qué es lo que esperaban? ¿Pensaban que la gente iba a comprar libros electrónicos a troche y moche sólo por el hecho de que fuera electrónico? Pues no. Y no porque no nos gusten. El vecino de la historia anterior tiene uno de esos inventos pero, como puede comprobarse por su amplio bagaje intelectual, lo de la lectura no va con él. Pero es que como él hay muchos. Muchísimos. Son una legión. Así que las ventas, en este caso, no bajan por la crisis sino porque NO NOS GUSTA LEER. Eso sí, al igual que antaño estaban las librerías de los salones de las casas llenas de libros, por el mero hecho de decorar y para ocultar las carencias intelectuales, ahora la gente llena de megas los libros electrónicos para presumir de la gran cantidad de textos que se pueden almacenar. De lo que se trata es de presumir de Gigas de almacenamiento.

Lo del libro electrónico además, no tiene tanto éxito porque aquí los fabricantes se han encontrado con un muro difícil de franquear. Este no es otro que una ingente cantidad de personas recalcitrantes que se niegan a leer (porque estos sí que leen) en una pantalla y prefieren pasar las páginas de un libro. Yo me incluyo entre ellos. Somos ese conjunto de seres raros que todavía habitamos en el mundo para desgracia de la mayoría de tecno-aficionados que vamos a una librería y compramos ese elemento tan extraño.

Y eso que estamos acabados. Casi tanto como los periódicos y las revistas en papel. El papel va a dejar de tener uso para estos formatos. Dentro de unos años sólo va a ser útil para hacer servilletas, rollos de cocina y como papel higiénico.

No creo que vaya a ser así. Al final convivirán los dos mundos. De hecho todavía hay locos que piensan que el papel no está muerto y sirve para algo más que para hacer manteles campestres y no se les ha ocurrido otra cosa que aprovecharse de lo digital para ir a lo de toda la vida: han sacado una revista, EN PAPEL, sólo de fotografías realizadas con smartphones y… ¡mooooola! Las imágenes son puro arte, la calidad del papel es excepcional y está muy bien trabajada y cuidada. Si pulsas en este enlace descubrirás algunas de ellas. No sólo eso, también puedes ser parte del proyecto y convertirte en accionista si realizas una suscripción por cuatro número. Así que está bien que algunos locos todavía confíen en el papel como otra forma más de comunicación y no caigan en el pensamiento único.

En cuanto a la música hoy acompaño el post con un vídeo de un grupo francés llamado Zebda. Se trata de un conjunto compuesto por miembros de origen argelino que mezclan sonidos tradicionales árabes, con rock, rap, música tradicional francesa y reggae. La mezcla resultante, que puede sorprender, es muy buena.

Teletrabajar o tocarse las narices a dos manos

¿Qué hora es en estos momentos? Venga, hazlo. Mira tu reloj. Seguramente perteneces a esa inmensa mayoría que está leyendo este post por la mañana. Entre las 9 y las 10:30 horas para ser más concreto. Al menos, así lo reflejan las estadísticas. La mayor parte de mis lectores lo hacen a esas horas y de lunes a viernes. Voy a ser sincero: durante el fin de semana sólo cuatro tipos que deben de ser muy rarunos se dedican a leerlo. Vamos que no lo lee ni Cristo, así que es de suponer que la mayoría de mis lectores os encontráis en vuestra jornada laboral.

Deja de leerme. Hazlo luego, por la noche, cuando llegues a tu casa. Ten en cuenta que tu jefe está al acecho y en una de esas te va a pillar.

Mira que yo no quiero ser la causa de tus problemas laborales. Vale, sí. Tu jefe es un cabrón, te paga poco y te tiene muy explotado, así que porque pierdas cinco minutos de tu jornada laboral leyendo estas líneas tampoco debería ser para tanto. El tipejo se merece que pierdas el tiempo. Además siempre puedes poner la excusa de que estás informándote por el bien de la empresa. ¿Acaso tiene él miramientos cuando despide a alguien? ¿Le pone excusas del porqué de su rescisión unilateral de contrato? No, ¿verdad? Pues hala, sigue dándole a la lectura. ¡Que le froten!

La realidad es que somos poco productivos. Es verdad, es así. Siempre lo ha sido. Ahora porque tenemos esto de la Internet y del Social Media para estar entretenidos, pero antes, cuando esto no existía, ¿no recuerdas a ese compañero tuyo que se encerraba en el baño a leer el Marca? Todo un ejemplo de productividad: un señor ingeniero de teleco sentado en la taza del retrete, leyendo el diario deportivo. Y sí, el aseo estaba siempre ocupado, porque eran varios los empleados productivos que pasaban una parte de la jornada laboral acompañados de sanitarios, toallitas de papel y, por supuesto, el Marca.

Los tiempos han cambiado y gracias a las TIC tiramos menos de la cadena y el derroche de agua es menor, La gente ya no se menea de su asiento porque las nuevas tecnologías han posibilitado que no haga falta levantarse del puesto para perder el tiempo. Y, ¿el jefe? El jefe encantado. En este país siempre se ha valorado eso de estar pegado con Superglue a la banqueta. No importa si eres lento o si tu trabajo es nefasto: si llegas a las nueve, superas ampliamente tu jornada laboral y sales de la oficina doce horas después, tu jefe estará más que satisfecho (siempre que no le pidas que te pague las horas extra). Serás el empleado ejemplar de la empresa e incluso te pondrán como ejemplo del buen hacer delante de tus compañeros. Compañeros que por supuesto, saben que eres un inútil integral.

Claro, que las nuevas tecnologías han traído consigo un problemón. Una contrariedad de la que la mayoría de empresarios de este país no quiere oír ni hablar. Una cosa más embarazosa que un embarazo, que suele aparecer, casi siempre, después del parto y que responde al nombre de ¡teletrabajo! Si pusiéramos más mujeres en puestos directivos a lo mejor cambiaba la cosa, pero de momento la mayoría de las grandes empresas y no te digo ya de las medianas, están tomadas por hombres. Señores hechos y derechos y educados a la antigua usanza. De esos que hacen las cosas por sus cojones. Así que vete tú a hablarle de teletrabajo y de conciliación de la vida familiar y laboral. “Concilia ¿qué?” te dirá. Y tú toda digna (sí, digo toda digna porque los hombres en este país tampoco concilian, pero en este caso es porque lo de conciliar no mola: supone más curro) le empezarás a exponer las grandes ventajas de poder currar desde casa: “Se va a ahorrar la gasolina que me paga por desplazamientos, voy a consumir menos energía porque no gastaré ni agua del baño, ni energía del ordenador, ni calefacción en invierno ni aire acondicionado en verano y además, seré más productiva” Claro con lo de pagar menos empezó a poner atención pero eso de ser más productiva no le cuadra. El fan número uno del Loctite no puede permitir situaciones de este tipo así que al final acabarás cogiéndote una reducción de jornada, con la que el borrico del empresario tampoco estará muy de acuerdo pero que no tendrá más remedio que aceptar porque se lo marca la Ley. Eso sí, buscará todas las artimañas posibles para poder ponerte de patitas en la calle. Claro que para evitar esta situación tenemos una solución que Carlos Floriano, vicesecretario de Organización y Electoral del PP, nos dio el otro día: si estás imputado no te pueden despedir. Así que yo que tú dejaría de pagar la comunidad de tu casa durante un tiempo y que su presidente  te demandara o haría todo lo posible para que alguien te denunciara. En ese momento pasarás a estar imputada y nadie te puede botar del curro. Además seguro que así podrás trabajar desde tu casa. Al menos, es lo que pasa en el PP, que al exalcalde de Pozuelo y exmarido de la ministra de Sanidad, Ana Mato, como está imputado y no le pueden echar (anda que mira que aprobar hace un año una reforma laboral en la que se puede despedir casi por la cara, no se pueda echar a un imputado, tiene delito) pues le mandan a currar a su casa y con el sueldo íntegro.

Esta cosa del teletrabajo tiene también sus paradojas. He hablado del jefe tozudo y empecinado. Pero lo peor es una jefa machista (que las hay). Como la que mande en una empresa sea una mujer que lo que le mola es eso de que calientes la silla, ya puedes argumentar todo lo que quieras sobre las ventajas de teletrabajar. En esto del periodismo pasan estas cosas también. De hecho conocí a una mujer directora que se hartaba de hablar en sus editoriales de las bondades del teletrabajo pero en su medio no lo permitía ni por asomo. Es más, rizaba tanto el rizo, que si una rueda de prensa acababa media hora antes de que terminase la jornada laboral hacía a sus periodistas volver a la redacción aunque sólo fuera para fichar.

Y luego está el tema de los empleados. Hombres, me refiero. Estos son los peores, porque encima van de mártires. Es que, en realidad es más cómodo quedarse en la oficina que ir a casa, atender a las criaturas, en el caso de que las tuviera, o simplemente ponerse a hacer la cena. Para eso ya está la mujer -piensa-. En este caso el hombre prefiere estar conectado a la Red en modo ocioso, perdiendo el tiempo y luego llegar a su hogar y, con cara de abatimiento cual cordero degollado, quejarse del trabajo duro que tiene en la oficina. Claro, si teletrabajases, lo normal sería que después de la cena te tuvieras que poner a currar un poco más y eso no es lo que más apetece, ¿verdad pillín? Si es que te las sabes todas. Sí, serías más productivo, porque no perderías tiempo, pero tú tendrías mucha más tarea familiar y además tu jefe pensaría que no haces correctamente tu labor porque no estás permanentemente en tu sitio. Así que entre jefes, jefas y empleados machistas y carcas, pues la cosa nos va como nos va. Y es que, teletrabajar no es trabajar: es tocarse las narices a dos manos.

El vídeo musical de esta semana tiene que ver con el trabajo. Así que aquí tenemos a Bruce Springsteen, hace veinte años, cantando aquello de “Working on the highway”. Especialmente dedicado a aquellos/as que todavían no se han enterado de las ventajas reales de teletrabajar.