Facebook, ese patio de porteras

Nunca me he fiado del Facebook. Me parece un auténtico patio de porteras. Ese lugar en el que la vecina se encuentra con la señora de la limpieza cuando baja en el ascensor y entre las dos, mano a mano, se ponen a destripar a todo bicho que habite en la comunidad de vecinos:

– ¿Te has enterado de lo que le ha pasado a la pobre de la Virginia?

– ¡Uy, pues no! ¡Cuenta, cuenta!

– Pues resulta que el otro día se encontró con la Puri, la del cuarto, y que a grito pelado, para que se enterara toda la escalera, le dijo que le había dejado una mancha de aceite en el felpudo y que le tenía que pagar la tintorería porque era un regalo de su Antonio, y claro, no lo iba a dejar así.

– Si es que la Puri es un despojo humano. Además, no sabe cocinar. Cada vez que se pone a ello, tengo que cerrar todas las ventanas porque me llena la casa de olores. Me he enterado de que andan mal de dinero en su casa y de que tiene que comprar lo peor que hay en el mercado.

En esto se vuelve a abrir la puerta del ascensor y aparece la Puri que súbitamente, se ha transformado en doña Purificación. Y esa misma señora a la que tres segundos antes estaban poniendo a caldo, se convierte por arte de birlibirloque en una afable y dispuesta vecina a la que tanto la señora de la limpieza como su amiga de chascarrillos adoran.

Eso es Facebook. En virtual, eso sí, pero un lugar para el cotilleo y la satisfacción del morbo de las personas. Un sitio, virtual, pero no tanto, en el que la gente necesita saber lo que ha comido el supuesto amigo al que no ve desde hace 20 años. Un lugar, virtual, pero muy real, en el que las relaciones se basan en un “me gusta” y en informar al personal de que la noche anterior te has hinchado a beber copazos de kalimotxo y en un estado lamentable, te has estado haciendo fotos con tu pandilla que, en un momento de nula lucidez, decidiste publicar en el Facebook para risión de esa ingente cantidad de “amigos” y para bochorno tuyo al día siguiente (porque entérate: has cedido al Facebook toda la propiedad intelectual y Zuckerberg puede ahora hacer con la imagen de tu borrachera lo que quiera).

Y es que la terminología de la palabra amigo ha sufrido un cambio radical desde que existe Facebook. ¡Vamos, no me jodas! Si es que hasta para establecer una interconexión entre dos personas es de una ñoñería absoluta: “Pitiflín quiere ser amigo tuyo”. Yo soy el Zuckerberg ese y habría añadido “¿le ajuntas?” Y es que el Facebook trata al usuario como si fuera un adolescente que le dice a la amiga de turno: “¿Quieres salir conmigo?”

Lo cierto es que me da que pensar, puesto que a lo mejor sí que tenemos una mente de 14 años y a la gente le gusta exhibirse y contar su vida con pelos y señales. Yo de hecho he pensado hacerme una cuenta en Facebook pero para ir al rollo escatológico. Pondría cosas como “estoy hablando con Roca” o algo por el estilo. Total ya puestos es lo único que le falta por comentar a la gente.

Pues mira, chic@: No me interesa tu vida. Me da igual si te estás tomando un Brugal con Coca-Cola en el bar de enfrente de tu casa o si estás en el cine acompañado de doce amigos más.

Pero hay algo que todavía odio más del Facebook y esto sucede en el momento que vas a una boda. Cuando era un niño tenía auténtica ojeriza al tío segundo ese que se encuentra en todo casamiento y que sólo ves en este tipo de eventos. Es decir, una vez cada tres años, más o menos. El caso es que ese tiparraco era el que con 12 años te cogía del moflete y te tiraba de él hasta que lo ponía del color del trasero de un mandril, mientras añadía el comentario: “Hay que ver como ha crecido el niño. ¡Si hasta le empieza a salir el bigotillo!” “Y a ti se te está desabrochando la camisa de lo que te ha crecido la barriga”, pensaba yo. Pues ahora el tío sigue existiendo, pero ya es mucho más mayor (y su barriga también) y no se interesa por esas cosas del “Interné”. Pero claro está, le ha sustituido su hij@. Ese prim@ segundo tuyo que, al igual que a su padre, ves una vez cada tres años y lo primero que te pregunta es: “¡Primo, cuánto tiempo! ¿No estás en el Facebook?”

– “No primo, no estoy”, le respondo yo con cara de aburrimiento

– “Anda, y ¿por qué no estás? Así podríamos estar más en contacto. Y además, te encontrarías con gente que no ves desde hace mucho tiempo”.

– “Ya, es que la tecnología y yo andamos regañados”, le contesto educadamente.

Pero la realidad –pienso- es que no quiero estar en contacto contigo porque me recuerdas a tu padre y a sus tirones de moflete. Tampoco me interesa tener relaciones virtuales contigo porque eres muy brasa y no quiero saber si has estado veraneando en Benidorm o si te has ido de crucero con tu novia. Y no, si hace mucho tiempo que no veo a alguien, por algo será. Así que si mi vida no ha sufrido distorsión en, digamos 25 años, después de haber perdido el contacto con el acusica de clase, no tengo el menor interés en que aparezca de nuevo en mi vida.

Porque por mucho que se empeñe Zuckerberg, los amigos del Facebook no son amigos. Ni tan siquiera son colegas. Son simplemente añadidos virtuales que se incorporan a la vida real de algunas personas y a los que parece que conoces desde tu más tierna infancia y eso es… ¡Mentira! En realidad son como las dos “marujas” del principio de esta historia que por lo único que destacan sobremanera es por su avidez de cotilleo.

Luego está el tema de la privacidad. Yo os lo dejo aquí por si os queréis leer este tocho mocho, pero un tipo que me dice que “Cuando eliminas contenido de Propiedad Intelectual (por ejemplo, tus fotos), éste se borra de forma similar a cuando vacías la papelera o papelera de reciclaje de tu equipo. No obstante, entiendes que es posible que el contenido eliminado permanezca en copias de seguridad durante un plazo de tiempo razonable”, no me parece muy de fiar.

Creo que con Facebook lo he visto todo en lo que se refiere a la capacidad humana para el chisme y el enredo. Casi como lo que ha debido ver este chavalito de 18 años y que compone música como los ángeles.

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7 thoughts on “Facebook, ese patio de porteras

  1. Frye 20/11/2012 / 10:12

    ¿Alguna vez te han dicho que molas? Joder, yo ya pensaba que toda la humanidad se había convertido en zombies de las redes sociales. ¿No estás en Facebook? ¿No? ¡Oh dios! ¡Un fantasma! La vida es así de cruel, el que no se conecta muere, o eso dicen… No subir fotos todos los fines de semana supone que no tengas vida social y, a mi me sigue sorprendiendo que seamos la generación más “culta” y formada.

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