El maldito “revival” ochentero

Loro de doble bafle acoplado a señor bigotón con pelo cardado.  (Fuente: torontosun.com)
Loro de doble bafle acoplado a señor bigotón con pelo cardado. (Fuente: torontosun.com)

Llevamos varios años en los que la década de los ochenta parece haberse instalado en nuestras vidas. Dada la cochambrosa situación que nos rodea, nos hemos retrotraído al pasado y descubierto que hubo una década en la que fuimos felices: sí, la de los ochenta. Programas, libros, artículos de prensa y hasta espectáculos teatrales hacen referencia constante a sucesos acaecidos en esa “época prodigiosa”. No queremos reconocer que vivíamos mucho peor. Y no nos acordamos de que por ejemplo más de un profesor debería haber acabado en el truyo por su metodología correctiva del comportamiento del alumnado, ni de que te jugabas la vida cada vez que estabas en un parque público y se te ocurría tocar una de las muchas jeringuillas que te encontrabas en cualquier árbol. Preferimos recordar lo maravillosa que era “La bola de Cristal” y olvidarnos de lo hortera que era el programa de Eva Nasarre. Por supuesto nos quedamos con la música de Radio Futura o Siniestro Total pero nos olvidamos que en la radio sonaba a todas horas bodrios de la talla de Europe con su Final Countdown o Baltimora con su Tarzan Boy por no hablar directamente del fraude que eran Milli Vanilli.

¿Y qué me decís de la tecnología? Pues nada, que también lo añoramos de verdad: preferimos tener que levantarnos del sofá para cambiar el canal de la televisión y mover los cuernos del aparato para obtener una sintonía decente. Mejor la cochambrosa cassette que el MP3, ni punto de comparación el diskette con el pincho USB de 64 Gb. Por supuesto donde se encuentre cualquier teléfono Heraldo con ese cable en el que se formaban unos nudos que ni el mejor marinero podía desenredar, que se quite el mejor smartphone del mercado.

¿Estamos tontos o qué? ¿De verdad queréis regresar a los ochenta? ¿Queréis perderos el Whatsapp, la Playstation, el cine en HD? ¿Prefieres utilizar un walkman y tener que rebobinar la cinta con un boli BIC que escuchar la música en Spotify? ¿En serio que te lo pasabas mejor jugando al Atari Pong que al FIFA? ¿Por qué no te dejas de tanta tableta y ordenador portátil y desempolvas ese Commodore Amiga 1000 con sus 256KB de memoria RAM y descubres de nuevo cómo puedes trabajar a velocidades de vértigo? Hablando de trabajo, estaría genial defenestrar ese invento del demonio llamado e-mail y volver al fax. Y nada de fotografía digital. La diapositiva es lo más. Si vas a una fiesta con un estupendo cardado y unas hombreras de puta madre y te plantas en mitad de ella con un proyector de diapos, te convertirás en el auténtico hipster ochentero.

La realidad supera siempre a la ficción y es que existe gente con la que la vida del siglo XXI no va con ellos. Este es el caso de una familia canadiense que ha decidido convertirse en unos amish de los ochenta. Por un año han optado vivir con la tecnología de 1986. Nada de Internet, ni de Facebook (en esto salen ganando) ni de tabletas. Ni siquiera los CDs están permitidos. El colega, al que se puede ver en la imagen de este post (el pelo cardado y el bigotón  merecerían comentario aparte), prefiere el loro de toda la vida con doble altavoz para tronar a todo el vecindario (aunque la revolución en este tipo de aparatos vino con la doble pletina y el auto-reverse).

El e-mail ha sido sustituido por correspondencia tradicional, de tal forma que sus allegados se enteran de las noticias familiares con tres días de retraso. La familia vive en una burbuja ochentera en la que no sabemos si en algún lugar del salón han colocado la discotequera bola de espejos para las noches de farra y desenfreno.

Estos canadienses tomaron esta decisión “por el bien de los niños” para que no estuvieran todo el día enganchados a la tableta ni a los dispositivos electrónicos que para ellos deben ser algo así como satán. Pero tal vez deberían haberse retrotraído un poco más atrás en el tiempo ya que, si se ponen, los pequeños diablillos podrían tener ante sí un mundo lleno de aparatos tecnológicos propios de la época como el Spectrum de 128k o las Nintendo Game Watch con las que todos crecimos en los años 80. Y ya puestos, si alguien escarba en casa de sus padres seguro que pueden enviarles películas para que los infantes las vean. Se admiten los formatos de vídeo VHS e incluso Betamax.

Con todo esto, ¿seguís queriendo retrotraeros a la década de los ochenta? Pues si estáis decididos, adelante. Para que vayáis encontrando vuestro sitio en esos años, la música la pone The Cure. Esta década dio también cosas muy buenas y una de ellas es este grupo cuyo cantante, Robert Smith es el auténtico rey del cardado.

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La pantallita azul de Windows, el e-book y las fotos en el móvil

Shooter  Mag: del móvil al papel.
Shooter Mag: del móvil al papel.

Vivimos en la era digital. Todos parecemos autómatas entregados a la causa de la tecnología: redes sociales, smartphones, tabletas, ultrabooks, libros electrónicos… Nadie escapa al poder de la tecnología. Tanto es así que hasta te miran raro si no te amoldas a la nueva religión. Yo, que no estoy en Facebook, tengo que discutir constantemente acerca de por qué no quiero estar en el mundo Zuckerberg. A mí me pasa con esto pero lo habitual es que ocurra con cualquier aspecto relacionado con el mundo tecnológico.

Lo de los smartphones es otro apartado que entra dentro de esta categoría: si no llevas el último modelo eres un mierda. Da igual que el aparato de marras sea un pepinazo y vaya como la seda: como tenga más de un año deberías ir pensando en pedir asilo en otro país, en el que no se valore al personal por el modelo de teléfono que tenga.

Y es que en esto de la tecnología ocurre algo muy curioso: de repente todo el mundo es el que más controla de móviles, ordenadores, apps y software (pirata, por supuesto). Pero esto es algo intrínseco a este país: nos ponen las burbujas y la de la tecnología en algunos aspectos tiene pinta de ser una más. Como no tuvimos bastante con la del sector inmobiliario, ahora nos hemos aficionado a los cacharritos y somos auténticos expertos. Así que es de lo más normal ver a gente que no tiene el graduado escolar convertido en el mayor conocedor de la industria “techie”: que tu móvil va lento, no te preocupes, el experto te lo soluciona con un par de apps piratas. Te lo hackea en un plis-plas y te lo deja “niquelao”. Que el ordenador de tu casa está con la pantallita azul de Windows, no hay problema, tu vecino, el erudito tecnológico, siempre está presto para cualquier labor que tenga que ver con el mundo de la computadora:

–          “Eso va a ser cosa del “Güindous” ese. Me da a mí de que se ta metío un virus y voy a tener que hacer un reseteo rápido”.

Al fenómeno, lo de la dicción y la construcción correcta de las frases no se le da bien, pero en esto de la informática es un auténtico hacha. No hay aparato con procesadores que se le resista. ¿Ingenieros informáticos y programadores a mí?, suele pensar a menudo. Ni corto ni perezoso, borra todo el disco duro e instala el Windows 8 que se descargó la semana pasada por la cara. Y entonces sucede lo previsible: La máquina ha fenecido definitivamente. Así que con su castellano de doctor honoris causa le dice al vecino: “Va a ser la placa, que contra más se usa más se recalienta y entonces peta todo. Vas a tener que comprar un ordenador nuevo”

Así que hay que comprar otro ordenador, porque tu vecino te lo ha dicho. A fin de cuentas están muy baratos. Pides un crédito (otro más) y por 20€ al mes ya tienes un nuevo equipo.

La cuestión es que si sólo fuera el ordenador, vale. Pero no. Hay que tener smartphone, tableta, y por supuesto, libro electrónico. Esto último es realmente curioso. Los fabricantes han puesto el grito en el cielo, porque las ventas de e-books han descendido mucho en los últimos meses. ¿Y qué es lo que esperaban? ¿Pensaban que la gente iba a comprar libros electrónicos a troche y moche sólo por el hecho de que fuera electrónico? Pues no. Y no porque no nos gusten. El vecino de la historia anterior tiene uno de esos inventos pero, como puede comprobarse por su amplio bagaje intelectual, lo de la lectura no va con él. Pero es que como él hay muchos. Muchísimos. Son una legión. Así que las ventas, en este caso, no bajan por la crisis sino porque NO NOS GUSTA LEER. Eso sí, al igual que antaño estaban las librerías de los salones de las casas llenas de libros, por el mero hecho de decorar y para ocultar las carencias intelectuales, ahora la gente llena de megas los libros electrónicos para presumir de la gran cantidad de textos que se pueden almacenar. De lo que se trata es de presumir de Gigas de almacenamiento.

Lo del libro electrónico además, no tiene tanto éxito porque aquí los fabricantes se han encontrado con un muro difícil de franquear. Este no es otro que una ingente cantidad de personas recalcitrantes que se niegan a leer (porque estos sí que leen) en una pantalla y prefieren pasar las páginas de un libro. Yo me incluyo entre ellos. Somos ese conjunto de seres raros que todavía habitamos en el mundo para desgracia de la mayoría de tecno-aficionados que vamos a una librería y compramos ese elemento tan extraño.

Y eso que estamos acabados. Casi tanto como los periódicos y las revistas en papel. El papel va a dejar de tener uso para estos formatos. Dentro de unos años sólo va a ser útil para hacer servilletas, rollos de cocina y como papel higiénico.

No creo que vaya a ser así. Al final convivirán los dos mundos. De hecho todavía hay locos que piensan que el papel no está muerto y sirve para algo más que para hacer manteles campestres y no se les ha ocurrido otra cosa que aprovecharse de lo digital para ir a lo de toda la vida: han sacado una revista, EN PAPEL, sólo de fotografías realizadas con smartphones y… ¡mooooola! Las imágenes son puro arte, la calidad del papel es excepcional y está muy bien trabajada y cuidada. Si pulsas en este enlace descubrirás algunas de ellas. No sólo eso, también puedes ser parte del proyecto y convertirte en accionista si realizas una suscripción por cuatro número. Así que está bien que algunos locos todavía confíen en el papel como otra forma más de comunicación y no caigan en el pensamiento único.

En cuanto a la música hoy acompaño el post con un vídeo de un grupo francés llamado Zebda. Se trata de un conjunto compuesto por miembros de origen argelino que mezclan sonidos tradicionales árabes, con rock, rap, música tradicional francesa y reggae. La mezcla resultante, que puede sorprender, es muy buena.