Cosas de “guasa”

Imaginad la situación siguiente: un hombre es llamado a una entrevista de trabajo. Después de la consiguiente presentación, el entrevistador empieza a preguntar sobre la formación del candidato, la experiencia, idiomas, etc. En fin, lo normal en estas situaciones. El candidato supera todas las fases por las que transcurre el encuentro y, a medida que pasa el tiempo, sus manos están menos sudorosas, la voz ya no tiembla, y la silla ya no le parece un potro de tortura: ¡el puesto va a ser suyo! Al final, el entrevistador le comunica que no es el candidato que buscaban, puesto que en la foto del currículum parecía muchísimo más joven.

Otra posible situación: una mujer va a renovar su carné de identidad. El policía de turno le toma las huellas, le solicita el documento antiguo, y una fotografía. “Vuelva usted otro día con una imagen más apropiada para poder hacerle el DNI”, le espeta.

¿Qué tienen en común estas dos situaciones? Evidentemente, la fotografía. Y es que, en ambos casos, incluyeron fotografías de sus hijos en un documento personal. Por supuesto, a nadie en su sano juicio se le ocurriría poner la imagen de sus vástagos ni en un currículum ni en el DNI. ¿O sí? Yo no conozco a nadie, pero no me extrañaría que algo así ocurriera en la realidad. Lo digo porque no consigo entender… ¡¡¡Por qué demonios pone la gente la foto de sus hijos como imagen del Whatsapp!!! El móvil, ¿de quién es? ¿Tuyo o de tus hijos? La imagen sirve para identificar al propietario del teléfono, de una forma rápida, sin necesidad de que tengas que leer nombre del contacto. Así que si pones la foto de tu hijo, hija, o todos ellos juntos en tropel (¡qué se ven en miniatura, por Dios!) y yo no tengo el gusto de conocerlos, no sabré si realmente eres el destinatario al que quiero enviar el mensaje.

Pero además, es que esa foto me la puedo descargar, y la puedo enviar… y entonces, ¡ya se ha montado el follón! Mucho reírse el personal de Scarlett Johanson o de poner a caldo a la concejal de Los Yébenes y resulta que la gente venga a colocar fotos de sus hij@s, que no saben muy bien a quién pueden llegar. Vale, sí. Tus hijos son los más guapos, los más inteligentes y los más maravillosos del planeta. Y los míos más, pero no voy colocando su foto por las esquinas de las calles ni en la imagen del Whatsapp, porque, ¡el teléfono es mío y no de ellos!

Pero es que esto del whatsapp, tiene su coña. Lo primero de todo: el nombre. Digo yo que la RAE, igual que ha autorizado tuit o tuitear y parece que se adapta rápidamente a los tiempos, podía haber añadido otra acepción al término “guasa” aparte de la de cachondeo: sistema de mensajería para terminales móviles. Además, podría haber añadido el verbo “guasapear”: acción de utilizar el “guasa” y los niños en el cole aprenderían aquello de “yo guasapeo, tu guasapeas, el guasapea”. Y es que queda chulo. Sobre todo el participio: “guasapeado”.

Además, si al final, profesional, profesional, no es que sea. Bueno, vale, a veces se utiliza para mandar mensajes importantes o incluso documentos necesarios para el trabajo. Pero básicamente, el “guasa” se emplea para eso: para la chanza, la broma o la chirigota, de tal forma que aunque se empiece preguntando por algo importante, se acaba chateando sobre la fiesta del viernes pasado, sobre lo gordo que se ha puesto el antiguo compañero de clase al que no veías desde hace ocho años o… algunos incluso lo utilizan como sistema avezado de resolución diaria de las tareas escolares de sus hijos.

De todas formas, a mi lo que me llama la atención es el corrector de la aplicación. ¿Quién lo diseñó? ¿Un tarado? ¿Alguien embutido en psicotrópicos? ¿Por qué “está” te lo sustituye por “estaño”? Pues yo me inclino porque el tipo encargado de hacer el corrector, estaba en un momento de euforia y psicodelia debido a un largo consumo de LSD. Todavía no logro entenderlo muy bien. Si al maldito corrector le añadimos, la propensión del personal a acortar palabras y a escribir la letra K en lugar de la C (esto tampoco lo comprendo, ya que no acortamos la palabra y por tanto no ahorramos tiempo), podemos concluir que el “guasa” es una aplicación muy “punki” más propia de Manolo Kabezabolo cantando aquello de “No komas keso en eksceso”.

Y luego tenemos que se trata de una aplicación para poner de los nervios a uno. Por ejemplo, te encuentras en un atasco en el que sabes que la policía anda al acecho. No se te va a ocurrir hablar por el móvil. Mandas un “guasa” para decir que llegas tarde a la reunión. Aparece la primera marca verde (ha salido de nuestro teléfono) y a continuación aparece la segunda (se ha entregado en el otro teléfono). Pero el destinatario no responde al mensaje… Y ahí nos entran los nervios: que si no se van a enterar de que llego tarde, que me van a poner a caldo por no avisar, que sigue sin responder…

Y ¿qué sucede cuando estás “guasapeando” con alguien y ves aquello de que el otro está “escribiendo…” y no acaba? Y el tipo sigue escribiendo. Y piensas: “me está redactando el testamento”, para luego aparecer sólo un icono. Así que dices: “Ya puedes ir redactando el testamento de verdad, porque si para escribir semejante fruslería has tenido que tardar cinco minutos…”

De todas formas, el guasa me parece uno de los mejores inventos de los últimos años. Si no existiera, lo mismo estábamos como estos dos del vídeo.

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